Flores en el mar por Iemanjá
En el Uruguay existen dos corrientes que veneran a Iemanjá, la afrobrasileña, que se divide en Batuque, Kimbanda y Umbanda, y la tradicionalista. Unos y otros, más curiosos caminantes y turistas, bajaron al mar ayer desde la tarde para rendirle culto.
Teresa, una señora de mediana edad, estaba antes de ponerse el sol con una bolsita en plena playa Ramírez. Viajó especialmente desde la ciudad de Las Piedras -Canelones- y dijo a LA REPUBLICA que, a pesar de ser católica, concurría todos los años, para dejar su ofrenda, y sobre todo porque «le gusta ver bailar a los Pai, además de verlos dar la bendición que brindan a todo aquél que se le presente por delante».
«La madre de las aguas», «la luz de luz entre las sombras», la que «purifica nuestras almas y bendice nuestro hogar», tal como reza una oración inscripta debajo de la imagen de la virgen, en el entorno de la playa Ramírez, promovió a su alrededor el encuentro de gente con diversas historias o motivaciones.
Cristina, de 40 de edad, un día, hace años, se casó vestida de novia de la misma forma que Iemanjá aparece en las estampitas. Ella nunca había concurrido a ninguna ceremonia. Pero lo hizo para que le fuera bien en el matrimonio. Cosa que no ocurrió finalmente porque ella debió divorciarse. Empero aquel disgusto, ahora, con nueva pareja, no impide que llegue cada 2 de febrero a Ramírez para celebrar. Cristina no es creyente, tan sólo piensa que «hay que tener fe».
A los pies de la estatua de Iemanjá estaba todo lo que «le gusta» -como explican sus creyentes-: merenguitos, sandía, uvas, duraznos, flores, gallinas, lápiz labial, cepillo de pelo, espejitos, productos de tocador, entre otras ofrendas y hasta un recibo de Antel.
Ana, vestida de blanco de pies a cabeza, relató que «éste es el año de Oshalá, es decir del ser supremo». Con majestuosa elegancia, la dama tenía cubierta su cabeza con un pañuelo blanco, lucía una gandola -blusa muy amplia-, enagua y culote.
Para Daniel, un hombre ya maduro, «la gente tiene mucha necesidad, de todo tipo, y cree que viniendo con ofrendas van a cambiar las cosas; y en realidad se cambia con el trabajo personal».
Por otra parte, sobre la arena se encontraba un grupo de mujeres que había llegado en busca de «sol» desde el departamento de Flores. Antonella y Tatiana quedaron perplejas ante el «entusiasmo de la gente» y no comprendieron «la necesidad del ser humano de aferrarse a algo y buscar apoyo».
Seguridad
La Jefatura de Policía dispuso operativos especiales de seguridad debido a la cantidad de personas que asistieron ayer al evento. No obstante, una de las vendedoras de velas, que se encontraba junto a la imagen de Iemanjá, sostuvo la importancia de reforzar la seguridad, dado que «oportunistas se roban las ofrendas para venderlas o comerlas según el caso».
Desde las 19:00 horas se cortó el tránsito en la rambla en la zona de la Playa Ramírez para permitir el acceso de los miles de fieles que se sumaron a la celebración.
Algunos vendieron bien
En las inmediaciones de la playa Ramírez, hacia el este, se observaba la presencia de vendedores de velas y presentes para Iemanjá. Alexandra, una vendedora instalada cerca de la estatua de la virgen sostuvo que «no se vendió tanto como en otros años».
Por el contrario la velería La Candela observó «un aumento en las ventas de las velas comunes». Su precio oscilaba ayer entre $ 2 y $10.
Empero, una de las vendedoras de Artevel, coincidiendo con la vendedora ambulante, manifestó que «el movimiento fue menor que otros años. Como sacan las ofrendas de las playas, quizás exista desánimo». De todos modos reconoció que el local en los días cercanos a la fecha se llena de público. De última, cada cual cuenta cómo le va. Así, con testimonio tras otro dice lo contrario del precedente. Velas el Colonial, otro ejemplo, señaló a LA REPUBLICA que «este año fue mejor que el anterior. Lo que más se pide son velas, más que santos». *
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