Vecinos de Casabó trabajan por sus hijos y apuestan todo a la educación
La intención de este emprendimiento fue conocer las inquietudes de los vecinos de la zona ante los repetidos hechos de violencia que se vienen suscitando en ese lugar de la capital, poblado mayoritariamente por gente trabajadora y empañado en su imagen por un puñado de delincuentes que residen allí. Recordemos que Ribas junto a la empresa Raincoop sustentan varios de los merenderos de las zonas periféricas de nuestra ciudad, entre ellos algunos centros de Casabó, que también reciben apoyo de la Intendencia Municipal de Montevideo y particulares. En concreto, se visitó esta vez el centro alimentario ubicado en Pasaje Artigas y Corea, que es administrado por una de las tantas madres del barrio Ansina. El viejo ómnibus que sirve de merendero brinda alimentación a más de 150 niños, además de otorgarles servicios de medicina general, sicólogicos, odontológicos y de recreación.
También brinda soporte estudiantil y sirve de nexo con la Oficina de Identificación Civil, ya que muchos de los vecinos del lugar han podido sacar su cédula de identidad gracias a los voluntarios del merendero. Realmente la congoja es la característica de una de las madres que con tanto amor brinda su trabajo en pro de la comunidad, debido a que Casabó «es un barrio de trabajadores que se ha visto sacudido por esta crecida violencia», con las consecuencias que esto trae aparejadas.
La voluntaria recordó que «todos los niños son atendidos por igual», no importando su procedencia familiar, dejando entrever que muchos de los hijos de los pocos delincuentes del barrio son amparados por la beneficencia de la empresa Raincoop. En ese sentido los vecinos de la zona se mostraron muy agradecidos por el aporte que realiza la empresa de transporte capitalina, así como también por el trabajo de Juan Pedro Ribas, ya que su ayuda es imprescindible para que muchos de los niños de este carenciado lugar puedan acceder a una básica alimentación. Consultados los residentes sobre qué se debería hacer para revertir la violenta situación que padecen, la respuesta evidenció la madurez de los vecinos, quienes si bien consideran importante un aumento del patrullaje, explicaron que «en esto se educa, no se impone».
El proyecto Charruítas
A la hora de hablar de soluciones es imprescindible destacar el proyecto Charruítas, llevado a cabo por Juan Pedro Ribas, que es la «culminación del sueño que nació con Tacurú», siendo su misión «extender el fútbol a todas las áreas de los barrios como fenómenos de socialización y de acercamiento a la salud, a la documentación y al oficio a través de las iglesias».
Con esta labor se trata de «entrar al alma de los muchachos con cosas positivas y concretas», ya que «nunca va a ser la represión la solución a este tipo de problemas». La intención es que «la muchachada» se vuelque al deporte y éste le provea de la salud física y mental que se requiere alejándola de los vicios de la vida.
Con esta travesía hacia Casabó el proyecto charruítas busca, además de «recorrer el barrio, reafirmar nuestra vocación de paz, de trabajo, de comprensión y tolerancia», indicó el responsable de la iniciativa. Para encontrar soluciones se deben «propiciar movimientos que den la cara y estén presentes», se tiene que hablar con las autoridades, músicos, escritores y deportistas y exigirles un acto más presencial en este barrio, la posibilidad de sumarse a la red solidaria de distribución del diario plural y de esta forma poder colaborar para bajar los índices de desempleo que caracterizan a esta zona carenciada.
No hay explicación
Por su parte el vicepresidente de Raincoop, Walter Nieto, presente en la recorrida por barrio Ansina, con tono de tristeza en su voz manifestó que aún no encuentra explicación ante la pérdida de su compañero, pues es un asesinato a sangre fría, al igual que aconteció con Edward Cal. Nieto mostró su sorpresa debido a que Raincoop aporta víveres al barrio Casabó y que en cambio es una de las empresas más castigadas por los malvivientes locales. De todas formas reconoció que «son dos o tres que usan al barrio», que es el que finalmente queda de rehén.
Los trabajadores del transporte reclaman mayor «seguridad para el obrero y el pasajero», ya que los que «suben a robar no miran pelos y no queremos llegar a esos puntos», explicó Nieto.
Chofer baleado
Increíblemente el chofer que conducía la unidad 140, Wildebrán Rosano, que realizó esta recorrida por Casabó, fue víctima tiempo atrás, de un balazo en la pierna derecha en este mismo barrio. El hecho aconteció en la calle Etiopía, luego de que un joven subiera al ómnibus, encañonara al trabajador y le sustrajera el dinero. El obrero le entregó el efectivo sin brindar mayor resistencia, hasta que en el momento en que el rapiñero bajaba se dio vuelta y le efectuó un disparo al costado de la rodilla. Paralelamente este mismo trabajador fue testigo, el pasado miércoles 24 de enero, de una rapiña a un pasajero que culminó con los delincuentes disparando sobre la víctima sin que por suerte los impactos llegaran a destino. A pesar de todos estos hechos desgraciados, el deseo expresado por los trabajadores de Raincoop es que funcione con éxito el nuevo sistema implementado para ingresar a la zona más peligrosa de Casabó, sin afectar a mucha gente trabajadora. La reducción de diez paradas a cinco, desde la intersección de la calle Etiopía y la 6, y la decisión de ensanchar tramos de veredas y aumentar la iluminación, permitirá que más gente espere los ómnibus en cada lugar especificado, acompañándose entre sí y acelerando los tiempos del recorrido. *
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