Ha llegado Momo
Llegó el gordito Rey de la Burla, sátira y morisqueta. «Ha llegado Momo, el Rey de la alegría, ha llegado Momo, el Rey de Carnaval…», cantaba la murga y los vecinos sabían que por unas semanas al menos, la mufa se había rajado muy lejos. Por las primeras décadas del viejo siglo, el desfile inaugural abarcaba desde Sierra y por todo «18» hasta llegar a la calle Andes y su nuevito Palacio. Eran dos desfiles. El de mayor brillo y espectacularidad, el sábado desde las 20 horas hasta las dos de la madrugada. Al día siguiente durante muchos años se realizó otro desfile compuesto exclusivamente de comparsas de la querida raza negra. El coqueto Centro candombeaba de lo lindo. Ese festejo finalizaba con los primeros resplandores del lunes, allá al lado de la vieja muralla pegada al Templo Inglés. Hoy la memoria compañera sólo nos chamullará del sábado y la inauguración del Carnaval de antaño.
Todo 18 se encendía de colores cuando la colgante iluminación que formaba mil figuras y diseños iluminaba los rostros de los vecinos y sus sonrisas grandotas. Por encima de un colchón de papelitos y serpentinas avanzaban lentamente los carros alegóricos y una cantidad de agrupaciones que parecían no tener fin. El protocolar inicio de la marcha era cuando surgía, bañada en luz, la carroza que diseñaba la empresa Urta donde estaba el tradicional «Marqués de las Cabriolas» (marcaba el ritmo con su dorado bastón). Detrás, el carromato de las Reinas, unas pebetas de barrio que por esos embrujos de febrero se convertían en estrellas.
Luego asomaba la trompa el infaltable carro de «El Chaná», con sus músicos sonando a todo trapo. De tanto ganar premios lo llamaban «el invicto». Se escucha una ovación al paso de las abiertas bañaderas que trasladaban a los invitados de lujo.
Eran las luminarias que participarían en los bailes del Solís y en el Prado. Todos desesperados por vichar de cerca a Pérez Prado, el Rey del Mambo, los Lecuona Cuban Boys con el legendario Oréfiche y hasta el maestro de jazz, Cab Calloway. Cuando desfiló Nina Miranda con sus sombreros adornados con frutas y sensuales caderas a los caballeros les venía la taquicardia. Y el tango pedía cancha porque ahí también venían Canaro, D’Arienzo, Hugo Del Carril y Charlo saludando desde unos elegantes coches sin capota. Al llegar las troupes la música era un torrente incontenible. Ahí están «Un real al 69″, con su jovencito tenor José Soler, la «Oxford», del Loro Collazo, «La Moderna», de Pietrafessa, «Derecho Viejo», de Conti, «La Centenario», de Romanelli y «La farándula de Momo», de Carmelo Imperio. ¡Vienen las murgas! gritan los pibes y de pronto asoman los bohemios con sus disfraces hechos de harapos, sin lujos, y luciendo sus cabezas rapadas, saltando descalzos y haciendo mímicas. Son «los amantes al engrudo», de Bermejo y «Los pichones de este año», dirigida por Pasanante. Al pasar los quintetos todo era distinción, «Shangai de mis sueños» y aquellos imborrables «Ases Cariocas», donde tocaba la pandereta el joven Carlitos Céspedes. Con ropas de lentejuelas y caras pintadas al estilo Al Jhonson vienen los parodistas «Del Chocolate» de Armando Silva.
Almas de bohemios que le dan pa’ delante a este nuevo Carnaval. ‘Arriba muchachos! que al lado de ustedes también están el Macho Lungo, Pepino, Pastrana, Cachela, El Bebe y la Johnson, Marta y Rosa , más lindas que nunca. Con más recuerdos y música, los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
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