PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

Tablado de barrio

«Todo el año es Carnaval», escribió el españolísimo Larra. Y por estos lados hay muchos que siempre tienen careta y antifaz. Para desnudar esas hipocresías es que llega la risa del dios Momo.

Es la revancha de la gente de a pie contra los que nos mandaron al fondo del tarro. En los días del ayer se notaba bien debute esos viandazos criticones contra los intocables de siempre. En el Viejo Montevideo aparecieron sitios que convocaban a todos los vecinos. Una esquina, tablones, barricas o tanques de soporte, muñecos de cartón y un ramillete de bombitas de colores. Cuando la tarde se ponía colorada las familias agarraban para el tablado que entre todos habían construido. Por mediados de la década del 30 llegaron a existir casi 100 tablados desparramados por toda la Vieja Capital. Un arlequín se acerca y nos grita bien fuerte: «Â¡Dale veterano, poné bien grande que los tablados fueron el alma del carnaval de antaño»! Y claro, al comenzar a esfumarse, con ellos se fueron las mejores carnestolendas.

La memoria compañera arrima algunos nombres al viejo escribidor. En Agraciada y Asencio estaba «El Tren de la Barra», un gran tranvía con enormes muñecos haciendo de pasajeros. En esa esquina fue que brilló la voz del tenor José Soler con la troupe «Un real al 69″.

Por Uruguayana y Capurro estaba el escenario dedicado a los flamantes campeones futboleros de 1930. La Villa de la Unión pisaba fuerte en Febrero y los conjuntos surcaban sus calles seguidos por las caravanas de autos repletos de hinchas. En la esquina brava de 8 de Octubre y Joanicó estuvo «El Payaso» donde nació la estirpe querendona de las murgas de la Unión. Sobre la misma avenida, en esquina con Pan de Azúcar, se levantó la leyenda de «El Paraíso». Donde por los años 20, en una mágica noche carnavalera cantaron juntos Gardel y Néstor Feria. En Maroñas, hasta los tranvías de detenían un ratito al pasar por el tablado «Esto sí negra, es Carnaval». Ahí, una vez los vecinos entusiasmados no dejaban irse a «Los Asaltantes con Patente» que repitieron muchas veces su «saludo cordial». Por Piccioli y Besares, Montevideo homenajeaba al «Pulpo» Leguisamo en un tablado llamado «El Legui». Por Piedra Alta y Cerro largo, las bañaderas y cachilas traían comparsas para actuar en el popular «El Cordón». Hasta los conventillos de Sierra quedaban vacíos y todos marchaban a disfrutar de «Los Fígaros Harmónicos» y de «Los Negros Melódicos».

El querido y laburante Belvedere no se quedaba atrás. Sobre Agraciada, el «Negro y Azul» donde llegaba gente hasta de La Cachimba del Piojo para ver a la «Araca la Cana» que hacía poquito habían fundado los canillas del barrio. Las familias salían apuradas por Carlos María Ramírez cuando escuchaban a las cañitas voladoras que anunciaban la llegada de una comparsa. Muy antiguo, en Bulevar Artigas casi Benavídez, estaba «A los limones» que rendía homenaje a los entrañables vendedores ambulantes de frutas. En Malvín, por Candelaria casi Avda. Italia, había tremendo tablado que tenía la fama de estar lleno de las pibas más lindas de aquel Montevideo. Tablados barriales, ahora son un tibio recuerdo que no se marchará porque vive muy profundo en el sentir popular.

Con más añoranzas y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje