Los niños prefieren ir a la escuela antes de quedarse solos en casa o en la calle
Las actividades comienzan temprano. A las 8.30 los niños ingresan en la escuela. El desayuno se sirve a las 9.00, cuando todos los chicos han llegado y se encuentran ubicados en la enorme cocina.
Luego de tomar su taza de leche, y haber comido sus panes con dulces, mermeladas y a veces algunos ricos bizcochos, todos pasan a las aulas. Allí el juego se vuelve el motor principal de la jornada.
Una maestra lee un cuento, la profesora de plástica luego invita a los niños a trabajar sobre la lectura, mientras que en otro salón otro grupo aprende pasos y coreografías de danza.
Libros, juegos, dibujos, pinturas, cuentos, baile, canciones, por ahí pasa la estrategia pedagógica. «Acá la idea es que jueguen, ahora estamos esperando que salga el sol para salir al patio, que se hagan amigos, que se conozcan. Siempre estamos impulsando, de a poco la enseñanza de valores, el famoso «compartir», el ser solidarios, aprender a hablar, a escuchar, porque el ser maestra lo llevás adentro», dijo a este diario, la directora de la Escuela Suecia, Marlene Fontes.
Según ella, el trabajo con los chicos en esta época del año, sin programas, ni túnicas ni moñas, da pie para que el docente pueda trabajar desde otro aspecto y profundizar en eso. «Por ejemplo, por medio del juego socializás a los niños, pero además los hacés razonar, compartir».
Los chicos prefieren la escuela a estar encerrados o en la calle
La mayoría de los padres opta por inscribir a sus hijos en el programa «Verano Solidario» que funciona en las Escuelas de Contexto Crítico del Consejo de Educación Primaria (CEP) por razones de trabajo.
Prefieren dejarlos en la escuela antes que «se queden solos en sus casas, o terminen andando en la calle, o tan solo encerrados dentro de apartamentos que a veces solo constan de una habitación. En cambio en la escuela están atendidos, reciben la merienda y el almuerzo y realizan distintas actividades lúdicas.
La escuela que visitó LA REPUBLICA, ubicada en Gaboto 970, funciona durante el año lectivo en dos turnos, por la mañana es la Escuela 16 llamada Suecia y por la tarde se transforma en la número 132 «Aurelia Viera». Hasta ayer se habían anotado 82 niños para participar del Verano Solidario de distintas zonas de Montevideo.
Este año Primaria implementó un nuevo sistema de funcionamiento y es que cada niño o niña tenía la oportunidad de poder elegir a qué escuela ir.
Para los padres eso resultó ser una «buena solución» ya que muchos optaron por enviarlos a escuelas que estuvieran próximas a sus lugares de trabajo y otros solo siguieron concurriendo al mismo centro. Y para los chicos también resulta estimulante, porque «prefieren estar en la escuela y no en la calle o la casa, ya que en este último caso «quedan encerrados».
«Hay madres que trabajan cerca de acá, aprovechan y traen a sus hijos a este centro», pero ese chico no concurre durante el año lectivo a esta escuela que pone en práctica desde hace 5 años el programa Verano Solidario.
Un giro artístico en la función del maestro
En todo el país hay un total de cincuenta y siete mil niños que asistirán regularmente a las 300 escuelas habilitadas hasta el 16 de febrero. En dicho programa participan 600 maestros los cuales reciben un incentivo de $5.000. A los maestros y a la dirección, en cada escuela se suma un profesor de Educación Física y uno de Plástica por cada escuela.
Los principales objetivos tienen que ver con la recreación y la socialización de los niños, y también que el infante no esté en la call.
Durante el verano no son muchas las actividades que los chicos tienen para elegir y hacer, muchas veces no tienen opción y deben quedarse en casa mirando televisión. Que los padres de los alumnos trabajen en vacaciones dificulta mucha vida. «¿Con quién lo dejó?» es una de las primeras preguntas que se hacen los padres al finalizar el año lectivo.
Asimismo los niños sienten la necesidad de encontrarse en un lugar donde poder realizar actividades: «Es mucho más divertido, jugamos y hacemos otras cosas, me gusta venir», dijo Mónica de 8 años a LA REPUBLICA.
El Verano Solidario por eso transforma el rol del educador, sujeto normalmente a un programa institucional que debe manejar durante todo el año. Su función ahora cambia, y lo recreativo, lo lúdico y la diversión prima por sobre todas las cosas.
La confianza se fortalece
Los problemas que acontecen en la zona son especialmente de tipo familiar. Las familias tradicionales conformadas por papá, mamá, e hijos, se han transformado en monoparentales, solo con el padre o con la madre. Eso hace que el proceso educativo a veces se vea afectado, y asimismo la relación familia-institución.
Muchos de esos niños concurren hoy al Verano Solidario pero también asisten durante el año escolar a la escuela que funciona en doble turno. La evolución en el proceso de aprendizaje es mayor, y sería «mejor que las mismas maestras de la escuela trabajaran en el Verano Solidario, pero por lo general no lo hacen porque están cansadas y prefieren tomar la licencia. Pero es un referente. Nosotros conocemos un poco más a los chiquilines y ellos a nosotros. La confianza se fortalece», mediante la charla que también nace en las mañanas escolares.
Como directora de la institución y con 31 años de permanencia en el lugar, Marlene tiene un relacionamiento muy fluido con la comunidad y con sus alumnos: «Yo hablo con las madres, padres o abuelas, de la familia, trato de solucionar lo que suceda pero a veces escapa de mis manos», confiesa quien además contó tener un sentimiento especial por la escuela, hoy en día la considera su «primer hogar», hace 33 años que es maestra, 31 que está en la escuela y 14 que brinda funciones como directora.
En cuanto a la relación escuela – padres, el «hay de todo» es la característica del lugar, desde padres que llegan y dejan a sus hijos sin avisar, sin completar una ficha y sin firmar la autorización para que participen del programa veraniego, a madres que han venido a ofrecerse para la limpieza y para ayudar en las actividades recreativas. *
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