Liberaron a autores del homicidio que inspiró la película "El viñedo"
El autor material y el coautor del homicidio del menor de edad que ingresó con fines delictivos a un viñedo y resultó muerto de un tiro de escopeta quedaron en libertad el domingo cuando cumplieron las dos terceras partes de una condena a once años de penitenciaría.
Los reclusos resultaron beneficiados por la Ley de Humanización y Modernización del Sistema Carcelario que aprobó el Poder Legislativo a instancias del ministro de Interior, el doctor José Díaz, y de las comisiones de Derechos Humanos de las dos cámaras parlamentarias.
El 15 de febrero de 1998, una veintena de jóvenes irrumpió en un viñedo del noroeste de Montevideo. Algunos de ellos ya lo habían hecho varias veces para robar insumos y equipamiento de trabajo. Uno de ellos, menor de edad, resultó muerto de un tiro de escopeta.
La perdigonada que acabó con la vida del adolescente fue disparada por un empleado del dueño del viñedo. Le tiró de muy corta distancia cuando el joven perdió equilibrio en un terraplén, cerca de la casa donde vivía, al borde de una cañada.
El propietario del viñedo, que estaba a unos 60 u 80 metros del lugar donde se produjo el crimen, alegó que su propiedad había sido objeto varias veces de robos y saqueos por parte de numerosos jóvenes que habitan los múltiples asentamientos irregulares de los alrededores.
Según la reconstrucción de los hechos, el menor de edad había sido acompañado hasta su casa por el dueño del viñedo para lavarse la cara, luego de haber sido herido en el rostro con una perdigonada. El disparo mortal hacia el cráneo fue lanzado después por el empleado.
La primera herida en el rostro se registró cuando dueño y empleado llegaron al establecimiento rural y se encontraron con una veintena de jóvenes instrusos. El empleado disparó una perdigonada hacia el tumulto, a ciegas. Una munición lastimó al menor de edad en la cara.
No hubo evidencia que deslindara al autor material del homicidio del único disparo de escopeta que impactó de lleno sobre el cráneo del menor, ocasionando su muerte. No obstante, aún persiste un halo de incertidumbre respecto a los motivos de una determinación tan fatídica.
El dueño había sido condenado como «coautor» y el empleado como «coautor» de «homicidio». La «brutal ferocidad» del crimen, alegada en un primer momento, fue desechada por la Justicia que nunca halló los agravantes que ameritarían un aumento en la pena de penitenciaría.
Ambos habían sido procesados por un delito de «homicidio muy especialmente agravado», imputación que fue descartada durante la instrucción del proceso sumarial, ya que el agravante de la «brutal ferocidad» nunca pudo ser probada durante las instancias procesales.
Sin embargo, ambos condenados alegaron en su defensa que los robos contra el viñedo eran constantes, desde que empezaron a proliferar asentamientos irregulares en la parte noroeste del Montevideo rural, una zona donde el empresario del vino ya estaba radicado desde hacía años. *
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