Festejos se transformaron en la madre de todas las batallas
Como ya es tradición durante la última jornada del año, los festejos en Montevideo se centraron en la Ciudad Vieja y principalmente en los alrededores del Mercado del Puerto.
Allí cientos de jóvenes entre 20 y 30 años se congregaron para despedir el año viejo. Como de costumbre las parrilladas y restaurantes del Mercado obtuvieron sus ingresos más por la venta de bebidas alcohólicas que de las exquisiteces que se preparan en sus cocinas.
En los festejos anteriores se había comenzado a notar que además de crecer la muchedumbre que asistía al popular bastión gastronómico, aumentaba el consumo de alcohol; tanto que dejó de ser rara la presencia de móviles de emergencia medica que concurrían para trasladar a centros sanitarios a personas con cuadros clínicos provocados por la combinación de las temperaturas estivales con la ingesta de importantes cantidades de bebidas de alta graduación etílica.
Pero este 31 de diciembre las celebraciones superaron todas las previsiones y se salieron de control, al punto tal que en lugar de apreciarse la alegría por la llegada de un nuevo año, desde lejos la imagen que se percibía era la de la madre de todas las batallas.
La muchedumbre saltaba, gritaba, rugía como en un inmenso y violento podio más adecuado para un recital de hard rock que para recibir un nuevo año.
A la vez la masa se aderezaba en forma casi continua por una «lluvia» de sidra y «medio y medio» que mojaba al que quería participar y al que no.
Todo esto en medio de ataques vandálicos que produjeron graves daños materiales a las instalaciones e incluso el incendio de uno de los locales.
Tanto fue el descontrol que un grupo de turistas europeos – por tanto integrantes de sociedades mucho más desprejuiciadas que la nuestra- que arribaron a Montevideo en un lujoso crucero y habían decidido almorzar en el tan promocionado Mercado del Puerto, al ver el espectáculo y sentir el rugido infernal que surgía de la multitud resolvieron desandar sus pasos y regresar al barco, donde podrían celebrar «a salvo».
Lo que más llamó la atención fue que el personal policial no encauzara las celebraciones. Tal vez, ello se motivó en que los agentes presentes eran muy pocos para actuar con eficacia ante tal situación, pero cabe señalar que a pocas cuadras se encuentra la Seccional Nº 1, y que a escasos pasos de distancia se hallan las comisarías Nº 2 y 3 que podrían haber brindado apoyo logístico.
El recibimiento del nuevo año no quedó ahí. Ya en la noche y madrugada de ayer la negligencia de los montevideanos causó que los bomberos realizarán más de cien salidas para sofocar incendios originados en cañitas voladoras y bombas brasileras que se arrojaron desde y hacia contenedores de basura.
En la tarde de la víspera una pequeña recorrida por la ciudad alcanzaba para imaginarse lo que podría haber sucedido si los policías del fuego no hubieran llegado a tiempo, ya que los depósitos de residuos presentaban un aspecto sumamente deteriorado después de haber servido como base de hogueras sin sentido en una acción inconsciente de vándalos irresponsables que conspiran contra un bien que es de todos.
Tras todo esto sólo cabe preguntarse si el 2006 es un año bienvenido por los montevideanos, o si al contrario tanto malestar provocó su llegada que era necesario espantarlo con un tácticas utilizadas varios siglos atrás por celtas, galeses y sajones para amedrentar a sus enemigos antes de iniciar la batalla. *
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