CINE INTERNACIONAL: BALANCE 2005

Finaliza hoy un año de película

En este sentido, quizás el primer lugar lo pueda ocupar el largometraje Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera del cineasta coreano Kim Ki Duk. Sin lugar a dudas una obra mayor, tanto en su refinadísima estética como en el planteo de una historia cargada de valores, que elevó el nivel de sugerencia y reflexión a uno de los picos más altos de la temporada. Los mismos calificativos pueden adjudicársele a 2046: Los secretos del amor de Wong Kar Wai otra propuesta cinematográfica memorable que retomó los lineamientos estilísticos del filme Con ánimo de amar, del mismo director, para consolidar otra obra de arte superior. Otro punto que llamó a la admiración estuvo dado por la entrañable película Cartas de París de Julie Bertuccelli, conmovedora historia sobre mentiras piadosas que caló hondo en la platea.

El regreso, opera prima del impronunciable cineasta ruso Andrey Zvyaginstsev también brilló por mérito propio al contar una historia áspera sobre padre que retorna a su hogar luego de doce años de ausencia intentando recuperar el tiempo perdido con sus hijos adolescentes mostrando que, a veces, la necesidad de comunicar amor se convierte en una situación conflictiva. Obviamente que, en esta apretada reseña no podía faltar el toque mágico de Ingmar Bergman con Saraband último filme del maestro sueco que nos devolvió lo mejor de su obra a través de esta realización austera, conmovedora y excepcional. A su vez, de Turquía llegó Contra la pared, un removedor filme de Fatih Akin que plasmó una impactante historia de amor mientras se daba el lujo de tirar sus dardos sobre prejuicios y rigideces de una sociedad patriarcal. Cabe subrayar una mención de honor para el filme rudso Caminos a Koktebel de la dupla Boris Khlebnikov y Alexei Popogrebsky, otra compleja relación de padre e hijo maravillosamente narrada. Por último, el veterano Clint Eastwood retomó lo mejor del cine clásico estadounidense para ofrecernos Million Dólar Baby, un auténtico ejemplo de lo que debería ser el cine de Hollywood en su mejor expresión formal y conceptual. Verdaderamente formidable.

Renglón aparte para Zatoichi de Takeshi Kitano, un delirante ejercicio que se expande desde el claro homenaje cinematográfico hasta una despreocupada propuesta lúdica que no pide permiso a los clisés del género. En resumen, un híbrido posmoderno que mezcló elementos que hacen al cine musical con el humor surrealista de los Tres Chiflados, el espíritu del cómic y hasta el western spaghetti. Alucinante. (No menos delirante resultó Kung Fusion de Stephen Chow, otra descacharrante ensalada de historietas, dibujitos animados y filmes de karatecas). El cine marcial también estuvo presente con La casa de las dagas voladoras de Zang Yimou. A decir verdad, la trama quizás no importó tanto como los lujos visuales, vistosamente grandilocuentes, que produjeron el verdadero placer cinéfilo de gozar cada fotograma También Sin city (La ciudad del pecado) de Robert Rodríguez y el dibujante Frank Miller brilló con luz propia como la traslación visual más perfecta del cómic a la pantalla grande que se haya realizado en la historia del cine. Resultó Una propuesta que golpeó duro en la quijada del lector, tramitando una virulencia estilizada, frontal y sin concesiones a partir de tres historias del creador gráfico respetadas hasta el último trazo en su concepción original y en el uso polarizado del blanco y negro, apenas teñido por un sutil rojo sangre entre otros leves matices. Por su parte, el cineasta Mike Leigh, con el filme Vera Drake, instaló una la polémica mirada sobre el aborto a la que se sumó la brillante interpretación de Imelda Staunton, una actriz de aparente bajo perfil que, en esta ocasión, brindó un trabajo mayúsculo para el mejor de los recuerdos. Otro título para la polémica fue La caída, un auténtico desafío asumido por el director germano Oliver Hirschbiegel, quien pasó revista a los últimos días de Hitler y habilitó la posibilidad de otra magistral caracterización fascinante del actor Bruno Ganz como el líder nazi. También resultan difícil de eludir títulos como Osama de Siddiq Barmak, que retrató la opresión del régimen talibán; Los edukadores del germano Hans Wingartner que logró un ajustado planteo sobre jóvenes transgresores que se replantean valores al verse involucrados en un secuestro; Yesterday filme sudafricano de Darrell James Roodt sobre el tema del SIDA y Vidas cruzadas de Paul Haggis, otro buen ejemplo del cine independiente norteamericano que, como su título indica, mezcló destinos logrando armar un aleccionante rompecabezas socio / racial. El ejemplo también lo dieron, dentro del mismo país, las propuestas de Entre copas dirigida por Alexander Payne, una comedia agridulce para el mejor de los recuerdos en la pantalla grande, Días de furia (El asesinato de Richard Nixon) de Niels Mueller, El hombre del bosque de Nicole Cassell y Melinda y Melinda del inagotable Woody Allen. Francia también tuvo bastante para decir con títulos a la manera de Como una imagen, una brillante comedia costumbrista de la realizadora Agnes Jaoui; Vida en pareja de Francois Ozon; La trama de la vida de Eleonore Faucher, Luces rojas de Cédric Kahn y el desopilante dibujo animado Las trillizas de Bellevile, escrito y dirigido por Sylvain Chomet. España, por su parte marcó sus tantos con Mar adentro de Alejandro Amenábar, Habana Blues de Benito Zambrano (en co-producción con Cuba) y la comedia negra Crimen ferpecto (sic) de Alex de la Iglesia, mientras que Italia hizo lo suyo con El secreto de Gabriele Salvatore; La ventana de enfrente impresionante realización de Fernan Ozpetek que fusionó pretérito y pasado en forma magistral permitiendo, además, el último registro de Massimo Girotti y la inefable película Después de medianoche de Davide Ferrasrio, un melancólico tributo al cine y, especialmente, a Buster Keaton. Otros filmes relevantes pudieron encontrarse en El perro de Carlos Sorín, acabado ejemplo del nuevo neorrealismo «on the road» argentino donde un argumento sencillo, acerca de un desempleado que recibe un particular dogo argentino como pago por una changa, se convierte en un periplo bastante emblemático sobre la dignidad del humilde. Dentro del panorama rioplatense, no habría que dejar de lado a El aura, un extraño largometraje que más allá de su anécdota, marcó una delicada sensibilidad estilística en desarrollo de su historia (mérito del guionista y director Fabián Bielinsky). Otro lugar de honor se merece El Bonaerense de Pablo Trapero, un duro retrato que dibujó las ásperas realidades de la región en directo y retoques mientras que la anécdota de Elsa & Fred funcionó como pretexto para que nuestra actriz compatriota, la singular China Zorrila, demostrara sus mejores recursos en un papel que le cayó como anillo al dedo. Y aquí quedamos, precisamente, al borde del cine nacional. Pero eso será en la edición del martes próximo. *

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