Cientos de reencuentros ponen toque navideño al Aeropuerto de Carrasco
Durante todo el año el edificio de arribos de la terminal aérea registró los días martes y jueves un incremento en el movimiento de pasajeros debido a que esos son los días en que arriban, procedentes de España y Estados Unidos, los aviones de mayor porte. Desde el fin de semana pasado, cuando comenzaron a llegar los primeros uruguayos residentes en el exterior con intención de disfrutar de la Navidad con sus afectos más entrañables, los funcionarios del aeropuerto comenzaron a percibir que ayer la presencia de personas aguardando a los visitantes sería mucho mayor que la habitual, incluso superior al del año anterior.
Ayer antes de las nueve de la mañana la sala de espera rebosaba de personas, que munidas de termo, mate, banderas de Uruguay, o del club de fútbol de sus amores, y pancartas de bienvenida, miran ansiosas hacia la puerta por donde ingresarán esos hijos que no ven hace tanto, o esos nietos que no conocen.
El murmullo es constante y por momentos estruendoso, todos intercambian conjeturas acerca de cómo será la apariencia del que llega, porque de seguro tras tantos años de vivir en una cultura diferente debe haber ocurrido algún tipo de simbiosis. Se hacen bromas, se recuerda el día en que se fue, se comenta el último e mail recibido. Pero automáticamente todo queda en silencio cuando el altoparlante anuncia el arribo de un vuelo.
Todos quieren subir al mirador del restaurante para ver cuando descienda el ser querido tan añorado, pero no todos pueden: para apreciar la vista hay que consumir algo y los precios son un poco altos para la empobrecida clase media uruguaya.
Cuando los primeros en ingresar a retirar su equipaje de la cinta transportadora, los vidrios que separan ese ambiente de la sala de espera se ven comprimidos por decenas de personas que saludan, agitan banderas, lloran, y gritan «Â¡acá estamos!».
Apenas comenzar a cruzar la puerta se produce un embotellamiento, o más bien un enredo de brazos (generalmente de padres y abuelos) que buscan estrechar al recién llegado. Mientras otros (suele ser la barra de amigos), un poco más alejados, saltan y corean cánticos propios de una tribuna futbolera.
Las valijas y bolsos se abandonan a un lado, provocando pequeños obstáculos que deben sortear algunos turistas europeos o norteamericanos que llegan con la única intención de disfrutar de sus vacaciones en alguno de los balnearios del este del país, y realizar un rápido paseo por la Ciudad Vieja y Colonia del Sacramento.
Claro, es una tarea difícil pasar, porque además de la muchedumbre hay que mirar por donde se camina, y el espectáculo es tan distinto a las frías costumbres del hemisferio norte que nadie comprende quiénes llegaron.
Los más osados preguntan si se trata de estrellas de fútbol o artistas o campeones de algún tipo. Cuando se les responde que solo son familiares o amigos que hace años debieron partir para intentar hallar un futuro mejor, la cara de sorpresa es aun mayor. Es que por el mundo desarrollado una palmada en la espalda es suficiente y los saltos de hinchada y las lágrimas de emoción son un exceso.
Se espera que las escenas se repitan el sábado al mediodía cuando comiencen a aterrizar en la pista de Carrasco dos vuelos procedentes de España, y uno desde los Estados Unidos. *
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