"La Ciudad Vieja se revitalizó parcialmente porque todavía quedan zonas tugurizadas"
Para el ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Mariano Arana, la Ciudad Vieja es el «conjunto arquitectónico y urbanístico monumental más importante del país». Y eso no es todo: «Tiene una verdadera potencialidad para el desarrollo cultural y turístico, que sigue siendo una de las actividades más dinámicas y generadoras de fuentes de empleo».
Su atracción por la Ciudad Vieja se remonta a los años ochenta, cuando el arquitecto formó parte del Grupo de Estudios Urbanos, un movimiento en defensa del patrimonio histórico de esa zona de la ciudad, que «estaba siendo destrozado por la dictadura militar». Es más, su intervención en ese grupo «fue la puerta para ingresar años después a la esfera pública», recordó ayer Arana a este diario.
Integrantes de ese grupo, que ya no se reúne en forma sistemática como en aquellos tiempos, volverá a reunirse hoy a las 20.00 horas, en la Alianza Francesa, con motivo de celebrarse el 25 aniversario de su creación.
En este marco se proyectará una de las audiovisuales que el movimiento realizó para mostrar la «devastación que se estaba produciendo en Montevideo y particularmente en la Ciudad Vieja porque las autoridades ilegítimas de ese entonces habían desafectado como monumentos históricos a centenas de edificios y conjuntos de primerísima relevancia en el país. Edificios extraordinarios que fueron demolidos en su enorme mayoría».
-¿Qué incidencia tuvo la última dictadura en la Ciudad Vieja desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico?
-Durante la dictadura se produjo un destrozo brutal de los edificios de valor patrimonial. Y vamos a decirlo con todas las letras, la arbitrariedad institucional promovida por un gobierno de facto se conjugó con la connivencia de promotores privados de la construcción y colegas, quienes se sumaron a aquello que pretendían hacer ver como un avance del progreso, confundiendo la inversión económica con inversiones culturales. Los efectos de los destrozos aún son visibles en la ciudad y se traducen en baldíos, lo peor que puede suceder en un entorno urbano. Porque se demolieron obras y ni siquiera se hicieron otras nuevas.
-Un periodista inglés publicó esta semana en el Financial Times una nota sobre Montevideo en la que se refiere a la tugurización de la Ciudad Vieja…
-Estoy de acuerdo con eso porque también lo observo. Y con preocupación. Si bien estoy entusiasmado porque se comenzó a revitalizar la Ciudad Vieja, por la que tanto luchamos, sin dudas es una revitalización parcial. Hay zonas tugurizadas que es necesario recomponer.
-¿Qué diferencia existe entre la Ciudad Vieja de los ochenta y la actual?
-Una fundamental: la percepción que la gente tiene de esa zona de la ciudad. Yo he escuchado a personas afirmando que la Ciudad Vieja era insalvable. Y hoy día la gente está yendo porque apropió el lugar. La defensa del patrimonio no la construyen los arquitectos, intendentes o ministros, sino la propia gente que se siente identificada con su ciudad y reivindica el derecho que tiene para su uso y goce.
-¿El vecino apoya las intervenciones en el barrio o muestra resistencia?
Fue difícil promover las primeras intervenciones, como la peatonalización de la calle Pérez Castellano, frente al Mercado del Puerto, y la del primer tramo de Sarandí. Si hoy le dicen a los comerciantes de ambas zonas que volverá el tránsito se mueren. Cuando se propuso la peatonalización de Sarandí, los comerciantes venían a buscarme al Senado para decirme que iba a ser un desastre porque los negocios cerrarían.
Sucedió lo contrario, los comercios se mejoraron extraordinariamente y hasta se tramitan más permisos de construcción. Estos son algunos de los estímulos que nos hacen pensar que si se actúa en conjunto se pueden transformar muchas cosas.
-¿Cómo se hace cuando el Estado no tiene los suficientes recursos para este tipo de intervenciones?
-Es que no todo tiene que ejecutarse con recursos públicos. La recuperación del Hotel del Prado se hizo a través de un llamado a licitación. De la misma manera, con apoyo privado y colaboraciones internacionales se pudo recuperar el ex edificio del Ministerio de Defensa, donde actualmente funciona el Museo de Arte Precolombino e Indígena (Mapi). El Estado no puede hacerlo todo.
-Existe una traba importante para intervenir muchos de los edificios de valor patrimonial porque son ocupados ilegalmente…
-Claro, también hay un problema social importante. Por eso me resulta maravilloso que se haya podido recuperar viviendas con el trabajo de los mismos vecinos de esa zona que tienen bajos recursos.
-¿Habrá que esperar décadas para que la Ciudad Vieja recupere todos sus edificios?
-Todo depende de la capacidad de inversión que tenga el sector público, pero fundamentalmente el sector privado. Las calles Bartolomé Mitre y Rincón eran tugurios, eran zonas donde después de las cinco de la tarde (cuando cerraban los bancos) se terminaba el mundo. Hoy tienen una actividad sorprendente, por eso ningún gobierno debe olvidarse de la preservación de su patrimonio. *
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