¿Cómo es posible que exista libertad de prensa si su distribución está monopolizada?

El conflicto tan esperado

La censura sufrida por el diario LA REPUBLICA, de Montevideo, no por parte del sindicato de canillitas sino de su administrador, motivada por una nota crítica que no fue de su agrado, es un síntoma de la sobrevivencia de una cultura (y de una estructura política) que representa los males más profundamente enraizados de nuestra sociedad.

De esa forma se hacen las cosas en nuestro sufrido país. Es el antiguo modelo de la colonia, donde un caudillo disponía a su antojo cómo debían ser las cosas y las leyes eran sólo parte de una formalidad legitimadora.

¿Cómo es posible que exista libertad de prensa si su distribución esta monopolizada y, para peor, el monopolio se ejerce según caprichos personales? ¿Cómo es posible la crítica, motor genuino de una verdadera democracia, si ésta está condicionada por beneficios y castigos materiales? ¿Cómo es posible inventar, crear cosas nuevas si no existen reglas de juego claras, si los derechos son eslóganes y en la práctica sólo existe un fascismo personalista (sea de derecha o de izquierda)? Un dirigente sindical, un político o quien fuese que censura todo un medio de información porque no le gustan las críticas es un cacique del siglo XIX, sobreviviendo en nuestro tiempo para impedir cualquier tipo de progreso social. Hasta que no se elimine esta cultura, difícil será para Uruguay el tan mentado Progreso y la tan frustrada Libertad.

De la misma forma que desde hace varios años, en varios artículos y ensayos, he señalado la necesidad urgente de un cambio político en mi país (en el 2004), también advertí que a éste sucederían varios traumas, conflictos y decepciones, también necesarios en el proceso de maduración de una sociedad dramáticamente estancada. No estancada por su memoria sino por la complacencia de la autolamentación y la carencia de objetivos. Entre estas necesarias crisis y conflictos, estaba la renovación de los sectores tradicionalmente definidos como «izquierda», conservadores y reaccionarios, autocomplacientes en una retórica gastada que oculta sus propias carencias y cobardías, ideología complementaria a los tradicionales sectores conservadores de derecha.

Me alegro por este conflicto, porque, a diferencia de las huelgas y los conflictos de temporada, éste lleva el signo de un cambio, de una reestructuración. Ojalá tuviese Uruguay más conflictos de este tipo. Una cultura no se cambia en un día ni en un año ni en un período de gobierno (ni por un gobierno). Pero se cambia en menos de una generación, si es una generación dinámica. Y hay que empezar de una buena vez. Como decía el primer Ortega y Gasset, en El Espectador de Madrid (1909), «tampoco la realización del ideal necesita de la destrucción de la realidad: cambiarla es suficiente».

Estoy confiado que este sea un hito en la libertad de prensa en nuestro país. No acostumbro a tomar partido personal por ningún medio de prensa, pero esta vez quisiera decirle a La República: Resiste y vencerás. *

 

(*) Escritor uruguayo, nacido en Tacuarembó, en 1969. Estudió arquitectura graduándose en la Universidad de la República. En la actualidad se dedica íntegramente a la literatura y a sus artículos en diferentes medios de comunicación.

Enseña Literatura Latinoamericana en The University of Georgia, Estados Unidos. Ha publicado Hacia qué patrias del silencio (novela, 1996), Crítica de la pasión pura (ensayos 1998), La reina de América (novela. 2001), El tiempo que me tocó vivir (ensayos, 2004). Es colaborador habitual de, La República, La Vanguardia, Rebelion, Resource Center of The Americas, Eco Latino, Revista Iberoamericana (OEI), Centre des Médias Alternatifs du Québec, etc. Es miembro del Comité Científico de la revista Araucaria de España. Sus ensayos y artículos han sido traducidas al inglés, francés, portugués y alemán.

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