GERARDO GANDOLFI, INTEGRANTE DE LA ASOCIACION DE URUGUAYOS EN CATALUNYA

"Muchas cosas se pintan hacia afuera y no son hacia adentro"

¿Cuanto hace que se fue de Uruguay?

Me fui el 26 de marzo de 2002. Yo trabajaba como albañil y acá no conseguía nada… Mi esposa tenía un primo en Estados Unidos, así que arreglamos que fuera para allí porque esta vislumbrándose lo que después fue una crisis tremenda.

Pero ahora vive en España, ¿por qué se fue de Estados Unidos?

Cuando llegué me di cuenta de muchas cosas que se pintan hacia afuera no son hacia adentro. Por ejemplo que el emigrante latino es un emigrante de quinta o sexta categoría, que hay muchos que no consiguen sus papeles aún pasados después de 10 o 15 años. No era una vida digna; la «migra» corriendo a todo el mundo por todos lados. Entonces fue que hablé con mi primo que estaba en Barcelona y decidí irme para allá. Mi familia todavía estaba en Montevideo.

¿Fue distinto llegar a España?

Allí es otra cosa, nada que ver con Estados Unidos. Empezando por el idioma, aunque se habla mucho el catalán. A mí y a mi familia nos trataron muy bien desde el principio, pero al poco tiempo de que llegaron empecé a notar cómo se endurecía el trato en los pasos de aduana, en el aeropuerto…

¿Qué cree que motivó de ese cambio en el trato a los inmigrantes?

Sucedió que en la crisis del 2002 fue mucha la gente que llegó a España. Fue un éxodo impresionante. Era espeluznante ver el número que llegaba a diario, eran aviones enteros llenos de uruguayos… No se sabía qué iba a pasar, entonces empezó el endurecimiento y las vueltas forzadas por decenas.

¿Cómo los afectó esa situación?

Eso trajo aparejados unos problemas psicológicos terribles, no sólo el problema de abandonar el país, que ya es tremendo, sino que te reciban mal en otro lugar; y si se pasaba también el proceso económico: búsqueda de trabajo, de seguridad… Que no se encuentra en el momento, por lo que en los primeros seis o siete meses produce una crisis que hay que elaborar y superar mientras se trata de resolver lo material, así como el sentimiento de estar partido en dos. Salimos lastimados, heridos psicológicamente para siempre.

¿Usted fue aceptado por la Ley de Extranjería?

Sí. Al irme antes de la crisis pude estar empadronado a tiempo para regularizarme por la Ley de Extranjería, además había una cierta «libertad» de los empresarios españoles para contratar inmigrantes sin papeles porque ya se hablaba de la pronta promulgación de esa ley reguladora.

¿Cómo recuerda la etapa previa a la aprobación de la ley?

El debate fue muy angustiante. Había rumores, cada uno podía ser un atisbo hacia la luz o hacia las tinieblas. Necesitábamos ir hasta el Parlamento, hacer algo. Pero no se podía porque te podían identificar, entonces terminaban yendo a manifestar los que ya tenían papeles. En esa época vi parar autos particulares de donde bajaban personas pidiendo documentación a otras que parecían de origen árabe o subsahariano.

A los uruguayos -por nuestra ascendencia italiana o española- nos ayudaba mucho nuestra fisonomía, y si a eso le agregábamos el aprender a caminar con seguridad pasábamos bastante desapercibidos, hasta que abríamos la boca…

¿Quedaron muchos sin regularizarse?

Estimo que unos nueve y diez mil uruguayos quedaron en el aire debido a que la empresa que los contrató no estaba adecuada a los parámetros de Hacienda, es decir era deudora; o porque no correspondían los puestos de trabajo pedidos por la seguridad social.

¿Quiere decir que fueron rechazados por el trabajo que realizaban?

Si esos estaban trabajando en algo que no era considerado necesario por los estudios de la seguridad social, su actividad por tanto era causal de rechazo.

¿Cómo se vive después de obtener los papeles?

Es un cambio porque uno camina más tranquilo. Pero la regularización implica una cierta limitación porque obliga a trabajar los primeros seis meses con el patrón que le dio el contrato para normalizarse. Yo. por ejemplo, tengo que seguir trabajando en el metal hasta dentro de un año que venza mi primera tarjeta y después se me libera para aprovechar oportunidades en mi oficio.

¿Qué pasa si deja ese trabajo?

Si no se aporta a la seguridad social durante 12 meses, si falta un mes de aportes, hay que justificar y ellos deciden si renuevan la tarjeta o no, en ese caso ya se pasa a los ilegales de nuevo.

Eso da a entender que la normalización sólo fue por una ecuación…

Es un tema puramente económico. Hay una realidad: en España, como en toda Europa, el gasto jubilatorio tiene un peso muy grande. ¿De qué forma se sigue sustentando? El gobierno del PSOE no tuvo más remedio que hacer una posible regularización para 800 mil personas, de los cuales 700 mil están efectivamente normalizadas y el resto en un limbo jurídico terrible.

Pero en España esos cien mil no causaron disturbios como en Francia, ¿por qué?

Porque la sociedad española es proclive a la integración, no esta «guetizada» como Francia o Alemania. Yo recibí mucho respeto allí, el que no se recibe en Estados Unidos. Tengo muchos amigos catalanes y andaluces, gracias a la idiosincrasia uruguaya mucha gente nos acepta, aunque no al árabe o al asiático, a quienes a veces pisotea.

En setiembre la vicepresidenta española anunció que promovería el análisis del Tratado de 1870 ante las Cortes, ¿hay novedades al respecto?

El gobierno español está sumamente presionado por el Parlamento Europeo. Porque España es la puerta más grande de entrada a la Comunidad y quieren cerrarla. Y los españoles saben que necesitan inmigración y quieren regularla, pero no pueden ignorar un tratado anterior a los acuerdos de la Comunidad. El gobierno del Partido Popular, con una impunidad total hizo oídos sordos. El PSOE está queriendo hacer algo, pero no lo hace. En estos días el tema debería estar ingresando a las Cortes.

¿El análisis puede arrojar conclusiones favorables para los uruguayos?

Tal vez no encontremos el mejor tratado, porque va a tener modificaciones. En la década del 50, cuando vino la emigración gallega a Uruguay, se la recibió con un plato de comida y los documentos para que pudieran trabajar. Hoy los que piden el reconocimiento de ese acuerdo, esa integración social que permita trabajar, son en gran parte hijos y nietos de esos inmigrantes. Por eso hay un cierto reconocimiento tácito general, en el interior de cada uno, de que ese tratado debe cumplirse por haber una justicia social y moral del gobierno español.

El cambio de gobierno, ¿significó algún cambio para ustedes?

Sí, hay una cierta receptividad de nuestra realidad: queremos estar allí pero no perder nuestras raíces.

Eso se concreta por ejemplo en los créditos del Banco Hipotecario para adquirir propiedades aquí. Pero todavía hay desconocimiento y en eso estamos trabajando. Son los primeros pasos y no se puede criticar a un gobierno por sus primeros pasos.

Con la creación del departamento 20 se promovió la creación de órganos para interactuar con la diáspora…

Los Consejos Consultivos… Va a llevar tiempo, estamos en la etapa de posicionarnos, pero se está haciendo todo lo posible para que sea lo más favorable para la diáspora, en especial que acá conozcan nuestra realidad para que la entiendan porque queremos un diálogo de igual a igual. *

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