Un dilema en el que no puede haber neutrales

Entre la libertad y el matonismo

Buena parte de la identidad del Uruguay se construyó desde la prensa escrita. Hace más o menos un siglo José Batlle y Ordóñez sacó a la prensa escrita del exclusivo club de la gente más pudiente y con El Día a precio de un vintén y con la aparición de los canillitas se divulgó la lectura de masas de la prensa escrita. Hasta entonces los diarios se distribuían únicamente por suscripción y sus destinatarias eran las clases adineradas del país. La lectura de la prensa escrita era antes un hábito de elites. Como lamentablemente ha vuelto ha serlo en los últimos lustros.

El Uruguay como problema ha sido la respuesta que han contestado de diferente manera las tradiciones republicana, nacionalista o socialista en el país y lo han hecho con construcciones bastante elaboradas. Los partidos uruguayos han sido muchas cosas, pero antes que nada una edición de interpretación de la historia y de la identidad del país. El Partido Colorado, el Partido Nacional y el Frente Amplio son construcciones de ideas que se hicieron en la realidad, claro, pero fundamentalmente desde la prensa escrita.

Tenía pues mucho sentido que los jóvenes leyéramos todos los días los diarios. El país multicolor se presentaba ante nosotros. En los años 60, cuando mi primera juventud vio los primeros problemas cívicos, tres o cuatro diarios vendían por día más de 100.000 ejemplares. El costo de un diario era muy accesible y era menor al de un boleto de ómnibus. A través de esa tinta uno aprehendía el país, su pasado, su presente, su futuro, sus desafíos, sus vertientes profundas y sus urgencias acuciantes.

Hoy se venden 15 veces menos cantidad de diarios y su costo es el mayor del mundo. Consecuencia inmediata, los jóvenes hace 20 años que, genéricamente hablando, no leen el diario. El impacto de este fenómeno contra el carburador mismo del país  puesto que, como decíamos, la identidad nacional misma discurría por esa tinta- es un impacto devastador. Una parte importante de nuestra crisis es que los uruguayos no sabemos de nosotros mismos, de nuestros reflejos y aptitudes históricas, de las características, habilidades y facultades de nuestra identidad.

En Estados Unidos, por tomar un ejemplo, un diario sábana de 150 páginas cuesta 25 centavos de dólar. El New York Times por ejemplo. Es decir, 6 pesos. Pero como Estados Unidos tiene 8 veces nuestro Producto Bruto Interno por cabeza, en realidad, en el salario de un estadounidense 6 pesos uruguayos pesan el equivalente a menos de un peso uruguayo. Esa es la sensibilidad con que lo percibe un estadounidense. Un peso por diario. Imagínense ustedes que uno fuera a la esquina, pusiera en una caja un peso, se abriera la caja y uno sacara un diario. Eso es lo que ocurre en Estados Unidos. En realidad, cuando la caja se abre usted puede sacar cuantos diarios quiera, pero para qué quiere usted llevarse más de uno de algo que vale solo un peso.

Esto que estoy diciendo lo sabemos todos los que estamos de algún modo vinculados a la prensa escrita.

Si los diarios valieran menos se venderían más. Si vendieran más podrían tener más periodistas y mejor pagos. Se beneficiaría no sólo el público que tendría un producto económicamente más accesible sino los periodistas, el debate nacional, y las empresas periodísticas. Porque si vendieran más y llegaran a más personas, la publicidad que se contrataría en sus páginas, puesto que llegaría a más consumidores, costaría más cara y haría a las empresas rentables. Por lo que habría más empresas y más productos y más competencia, esto es, mejores productos al alcance del público. Probablemente el uruguayo volvería a ser, como fue en el pasado, el ciudadano más cosmopolita de América Latina, más informado de lo que pasa en el mundo, gracias una prensa que así se lo permitiría. Un Uruguay más cosmopolita engarzaría un papel mucho más digno en la América Latina de hoy. Es decir, tendría un papel.

Y por qué no pasa todo esto. Las grandes empresas periodísticas fueron sumando ineficiencias en el precio de los diarios. Y es un mundo donde las ineficiencias se multiplican por dos. Porque como el sistema de distribución se lleva una parte del precio equivalente al medio de prensa, si el precio sube 5 pesos al sistema de distribución, en realidad el precio sube 10 pesos al público. Es el único pedazo del Uruguay donde todas sus taras, automáticamente, se duplican. Uruguay bendito de los defectos, en la prensa escrita los defectos se clonan automáticamente.

¿Qué hace LA REPUBLICA? Empieza a bajar un día a la semana el precio a menos de la mitad. ¿Qué es lo que pasa inmediatamente? Las ventas aumentan en mayor proporción. Es decir, lo de arriba: le conviene al público, luego a las empresas y necesaria y concomitantemente le convendrá a sus trabajadores. Pero, además, les conviene a los canillitas, a los vendedores finales en los quioscos, puesto que ganarán menos en cada ejemplar vendido pero venderán más ejemplares de manera que más que les compensará de inmediato, al margen que potenciará a la industria que terminará ofreciendo mejores productos. Salva a los canillitas, en realidad, que han visto el lento agonizar de la prensa escrita paulatinamente descendiendo su venta.

¿Quién se opone? No los canillitas sino los canilludos. Los que se llevan casi la mitad de la mitad del precio que se lleva la distribución. Pero se llevan su ganancia fija, en una cantidad de diarios para ellos inicial. Los primeros más de mil diarios, entre otras ganancias, son para los canilludos o distribuidores de diarios. En un sistema muy curioso, además, en que uno no puede cambiar en su vida de canilludo y, en realidad, uno no elige el canilludo que le toca. Lo que describíamos opera de manera de asegurarse que al asegurarse el distribuidor parte de su ganancia al inicio, aunque el medio venda poco, por esa codicia inicial se pierden el crecimiento de ingresos proporcional a las ventas si las ventas aumentan. Esto, de todos modos, es relativo.

Porque en realidad, aunque los distribuidores de los diarios no pueden ser dueños de sucursales ni de quioscos, en realidad sí lo son, de sucursales y de quioscos. Y aunque no ganan más como distribuidores al venderse más el medio de comunicación ganan más como dueños de sucursales, ya que el sucursalero sí gana de acuerdo a la cantidad de ventas (en Montevideo, unas 10 sucursales subdistribuyen los diarios y el sucursalero participa en una cuota importante del negocio). Pero quieren ganar en todo. Son un poder fáctico que gana en todo y está acostumbrado a eso. Para ellos no hubo ni dictadura, ni BPS, ni DGI, nunca. Sólo hay prepo. El Uruguay entero asiste hoy al espectáculo de la prepotencia desatada contra la libertad de prensa. Nadie en Uruguay puede decir que no conoce en algún grado esta historia.

Y entonces ocurre esta barbaridad. Resuelven que un medio de comunicación no exista más, porque en su pleno derecho resuelve bajar el precio de venta al público.

El medio de prensa no se deja avasallar y sale a vender sus ejemplares como puede. Viene el matonismo. Las amenazas. Nadie tiene derecho a ignorar que en las calles de Montevideo hoy, como ayer y antes de ayer, hay matonismo.

Los poderes del Estado se aprestan a intervenir. Esperemos que con la prisa que es necesaria. La Justicia resolverá en horas sobre el derecho de amparo que ha presentado LA REPUBLICA.

En corrillos parlamentarios gana fuerza la idea de una ley que regule la distribución de diarios y revistas y disponga que los quioscos o canillitas tomarán la mercadería a consignación, sin canilludos, ni distribuidores, ni jefes de ventas, ni sucursales ni nada.

Acá o deja de existir
un medio de prensa o deja de existir un sistema de prepotencia, matonismo y abuso. El país todo tiene que resolver esta cuestión. O silbar para arriba que es el principal deporte nacional que nos ha revolcado en la crisis. Yo acuso de cobardía apátrida a los neutrales, a los que miran para el costado, a los que fingen no saber, a los que buscan posiciones equidistantes, a los que curten la elegancia del no me meto, a los querubines lisitos y sin coraje, a los asesinos de palomas, que dijera Federico. *

(*) Ex senador colorado, periodista, director de Jaque y Posdata

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