Asciende temperatura de las aguas en costa uruguaya con preocupantes consecuencias
A la ciencia se le plantea un dilema: atenerse a los hechos consumados y a partir de ellos emitir conclusiones, o aguardar algo más, hasta tanto el cúmulo de elementos probatorios sea incuestionable.
Ello ocurre por estos días con los estudiosos de la cuenca platense, en tanto los anticipos de consecuencias a resultas del aumento de la temperatura en el estuario, son considerados prematuros. Los datos existentes aún no permiten promediar un período suficiente de constatación, pero los datos más recientes coinciden en que la tendencia ya está pautada.
De más está el comentario generalizado de que las aguas costeras en noviembre han estado más cálidas de lo habitual para la época. Si bien los registros muestran altibajos, dependientes de las condiciones climáticas, los primeros bañistas de la temporada coinciden en que las aguas están con una temperatura más agradable que lo habitual. Por supuesto que la percepción individual carece prácticamente de validez científica (en definitiva la sensación térmica es absolutamente distinta entre un esquimal y un carioca aunque se bañen en la misma playa). Pero lo cierto es que otras observaciones empíricas arrojan pautas interesantes, cuyas resultantes están ya ocurriendo.
La presencia del fitoplancton de la variedad luminiscente (ese que convierte en fosforescente el punto de rompiente de la ola), se verifica por estos días en una concentración absolutamente inusual para la época. Este fitoplancton sumado a otras variedades, constituye también la consabida «marea roja», que afecta a los organismos bivalvos cada verano con más frecuencia. De confirmarse esta visión, se aguarda como ya habían anticipado los biólogos marinos, una mayor cantidad de «mareas rojas» para el verano que se avecina. El aumento de la temperatura, además de costera en la plataforma continental, incide decisivamente en estos microorganismos, cuya proliferación opera en relación directa a la temperatura. Aunque a nivel humano las mareas rojas, aparecen solamente como limitando el consumo de mariscos, lo concreto es que su persistencia o mayor intensidad puede incidir decisivamente en las cadenas alimenticias marinas, aumentando o reduciendo la presencia de especies de mayor porte.
Elemento sorpresivo por estos días lo constituye la aparición de «aguas vivas» minúsculas en algunas playas. Aunque se trata de ejemplares de escasos dos a tres centímetros de longitud, con cnidocistos (los filamentos urticantes) aún cortos e incapaces de afectar la piel, su multiplicación temprana pauta que las aguas tienen ya una temperatura adecuada para su gestación, habitualmente prolífica en los meses más cálidos del verano. Informes preliminares están descartando la aparición de una nueva variedad de estos invertebrados, por lo cual restan dos hipótesis: que efectivamente las aguas estén más calientes incluso mar adentro, o que existan cambios significativos en la composición salina de las aguas. Esto último carece de comprobación alguna.
Un tercer elemento que está siendo tenido en cuenta por los biólogos marinos es el prematuro retiro de los pejerreyes. Estos peces aparecen masivamente al fin del período de aguas frías, algo que ocurrió muy brevemente en setiembre último. En el estuario, otras variedades como la corvina blanca, la pescadilla, chuchos y rayas, de pesca habitual en el verano, ya han aparecido acorde a los resultados obtenidos en la práctica de los pescadores artesanales.
Algunos valores
Los niveles de temperatura del agua, analizados en el «Comparativo» del Servicio de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología de la Armada (Mazzetta y Gascue, Departamento de Oceanografía), analiza estos parámetros entre los períodos 1955-1960 y 1981-1986, en Montevideo y La Paloma.
El estudio revela durante ese período un «aumento significativo» de la temperatura del agua, básicamente en Montevideo: + 0,8 grados centígrados.
Esta tendencia analizada, continúa según un estudio actual de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Como parte del desarrollo de un modelo virtual para analizar el efecto de las mareas en el estuario, los científicos agregaron el elemento temperatura como parte del informe. Efectivamente entre los elementos incidentes para analizar el ascenso y descenso de las aguas, aparecen, además de claves como el viento, otros de menor incidencia como la forma del fondo de la cuenca, morfología costera, y temperatura y salinidad del agua.
Aunque parezca extraño, hasta hace poco tiempo se carecía de información científica sistematizada sobre la circulación del estuario, lo que busca ahora solucionarse a partir del proyecto de Protección Ambiental del Río de la Plata y su Frente Marítimo (Freplata). El proyecto destinado a prevenir la contaminación platense, ha ratificado un aumento progresivo de las temperaturas acuáticas de la cuenca.
Consecuencias de fondo
Más allá del beneficio que puede suponer para un bañista tener aguas más templadas, lo cierto es que el tema preocupa a los científicos porque ratifica lo anticipado en materia de calentamiento global. El Estudio de Cambio Climático de la ONU, presentado como preámbulo del Protocolo de Kyoto, revelaba que el aumento de la temperatura de los mares incidirá definitivamente en los países costeros. El documento alude a las consecuencias país por país, tras la constatación del aumento de 0,6 grados centígrados en la temperatura global desde 1860. Esto significa que aguas (y atmósfera) más calientes acelerarán el derretimiento de los hielos polares. Las aguas oceánicas, que ascendieron entre 10 y 25 centímetros según la zona en los últimos cien años, harían otro tanto aun más rápidamente en los próximos 50. Como corolario, las playas están condenadas a desaparecer antes de 2050, un pronóstico en el que habrá que profundizar. *
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