"China Zorrilla"
Según las últimas estadísticas en Uruguay hay más ancianos de más de 75 años que niños menores de 4 años. En el paisito somos cada vez más veteranos. Y somos muchos los que no aflojamos y metemos pa’delante. Mientras soplan los vientos progresistas y nos acercamos a la verdad y la justicia, los jovatos seguimos dando una mano. Cada uno en lo suyo, algunos como ministros, otros jubilados que reclaman incansables sus derechos pero mientras nos dé la nafta ¡a seguir laburando! Un montón de abuelos y nobles viejos que siguen marcando el camino. Y como aún están frescos los aplausos que recibió en la entrega de los Florencios de 2005, que mejor que garabatear un poquito sobre la querida China Zorrilla. Con sus 84 pirulitos sigue trabajando y deslumbrando. Allá por los inicios de la década del 60, vivía por 21 de Setiembre con Bimba, su madre. Recibía a sus invitados en un living que lucía el famoso sofá floreado y en las paredes colgaban cuadros de su padre y las fotografías de innumerables viajes. Eran los tiempos de Monseñor Barbieri en la Curia, del político de la boina blanca Haedo, de Chicotazo, César Batlle y el triunfo de la revolución cubana. Por esos días Concepción Zorrilla comenzaba a ser un personaje conocido en la farándula artística. Había llamado la atención en la Comedia Nacional a la que abandonó por sus incansables viajes. Además de su amor por las tablas, China en la intimidad de su hogar se dedicaba a tejer buzos para sus casi 20 sobrinos a los que adoraba. Ya por esa época, encandilaba a todos con su don de cautivante «charlista». La recordamos contando sus anécdotas viajeras en los estudios de Saeta en el programa de Totó Acosta y Lara llamado «Viejo Hogar». Ahí compartía también su amor por el teatro con el crítico de Marcha, Gerardo Fernández y Taco Larreta que integraban el equipo de aquel mítico programa.
China se entusiasmaba hablando de París y en las mesas del Tupí hasta los mozos quedaban hipnotizados escuchándola. Cuando comenzaba a contar sus historias y aún hoy mantiene ese maravilloso don, es como un ritual de palabras e imágenes que son convocadas en un mágico hechizo. Es la tradición de los narradores orales lo que da vida a su cautivante charla. La diferencia es que en China Zorrilla todo es verdad por inverosímil que parezca. Una vez, a propósito del estreno de la película «El Graduado» contó de la forma más natural como había conocido al actor Hoffman en sus primeros pasos en Los Angeles. Su madre siempre hablaba de otra proverbial condición de China, el ser una persona tan distraída lo que le marcó anécdotas imborrables. Ella le contaba a la recordada escritora Elina Berro lo que le había ocurrido una vez cuando se quedó sin dinero estando sola en París. Mientras esperaba un giro de Montevideo se tuvo que alimentar durante varios días solamente ¡con un pequeño melón que había comprado con sus últimas monedas! Luego tuvo la suerte de encontrarse con Carlos Quijano que la invitó a almorzar y según sus pícaras palabras casi lo funde al director de Marcha que también andaba en esos días por París. Algo similar le pasó en una de sus estadías en los Estados Unidos. Contaba que se había ido a confesar y cuando le dijo al cura que ella en esos momentos «tenía más hambre que pecados» el hombre de la sotana se conmovió y le dio unos dólares para que comiera. Luego se enteró que se trataba nada menos que de un obispo que andaba visitando esa parroquia. Así es China y sus historias verdaderas de todos los colores y su don de saber hilvanarlas con seducción en collares de palabras. Ya está veterana pero ni a ella ni a su público le importan los años. Permanece la vigencia de su arte, de su trabajo que como el de muchísimos otros veteranos, es una pasión, es «un rayo que no cesa». Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.
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