Mi hijo y la violencia
Mi hijo iba al colegio. Cinco muchachos salían del colegio. Mi hijo se cruzó en la vereda con los cinco muchachos, tres años mayores que mi hijo, y el hecho de cruzarse en la vereda fue razón suficiente como para que mi hijo fuera insultado y amenazado por ellos. Hicimos la denuncia en la dirección del colegio. Lo primero que alegaron los muchachos es que lo sucedido había ocurrido en la calle.
O sea que pasó en la calle, que viene a ser la tierra de nadie, el lugar en donde se ejerce la ley del más fuerte y, con toda lógica, los muchachos aducían que la autoridad de la dirección del colegio no tenía jurisdicción en la calle. Y como segundo argumento, el de más peso, tenían que mi hijo había sido el provocador del hecho, porque «los había mirado como diciéndoles…», eso fue suficiente para que ellos se sintieran humillados.
No cómo miró mi hijo a los cinco muchachos, tres años mayores que él, sino todo lo que les logró transmitir con su mirada, y por la cual ellos se sintieron maltratados y moralmente perjudicados.
Hacia estos lugares estamos descendiendo. *
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