Uruguay alcanzó el nivel de reemplazo poblacional "cero" y la emigración sigue
Uruguay tiene mayor cantidad de ancianos con más de 75 años, que infantes menores de 4. Tenemos tantos uruguayos de entre 65 y 75, como de entre 5 a 9 años. Los preadolescentes de 10 a 14 años son tantos en Uruguay, como los mayores de entre 55 a 64. Y los adolescentes (contándolos hasta la «avanzada» edad de 19) son una tercera parte menos que los adultos de 45 a 54 años.
Con estas cifras del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2004, a nadie debería extrañar que se esté confirmando definitivamente la tendencia: más allá de la emigración, decrecemos naturalmente.
Desde que el mundo es concebible, los uruguayos escuchamos que el país envejece, algo más recientemente pasamos a ser «un país de viejos», a una contemporaneidad en que la frase: «el último que se vaya que apague la luz», encarnó una forma de vida que ya ni duele.
Que los uruguayos estábamos condenados a la extinción, lentamente fue dejando de ser un convencionalismo fácil para hilvanar y atarse con la realidad.
A nivel de la misma Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, la especie ha dejado de ser un eufemismo, para convertirse en realidad estadística. La demógrafa y socióloga Mariana Paredes, durante un curso de educación permanente en la Facultad de Derecho, acaba de confirmar que hemos quebrado la barrera de reemplazo poblacional. Durante la conferencia «Cambios en la familia, demográficos, sociológicos, culturales y económicos», la especialista detalló que el límite de reemplazo uruguayo, acorde a parámetros internacionales, está (con 2,05-2,06 hijos por mujer) «casi por debajo del nivel de reemplazo».
Como los que más
Para que haya crecimiento poblacional en una nación, promedialmente es necesario que una pareja tenga al menos dos hijos para sustituir la pareja cuando fallezca, y uno más. Para los demógrafos la tasa de natalidad de crecimiento cero es de 2,1 hijos por pareja. Hace treinta años solamente 19 países (Norteamérica y algunos europeos occidentales) tenían una tasa de natalidad de 2,1.
Para 1995 había ya 51 naciones con crecimiento poblacional cero incluyendo algunos caribeños, de Europa oriental y asiáticos. Las proyecciones estiman que para 2015 casi la mitad de los 180 países en el mundo alcancen el crítico 2,1.
Uruguay vive en estos momentos la fase inmediatamente por debajo de esos valores. Aunque naciones harto conocidas aparecen con cifras bastante más rotundas (Italia, el país de menor tasa de fertilidad del mundo, tiene 1,2, seguida por España y Alemania con 1,3), el problema de la despoblación al menos se ve compensado por el interés inmigratorio con que cuentan. En Uruguay es al contrario.
Además se agrega a la ecuación que el nivel de reemplazo poblacional está siendo sostenido desde los estratos económicos más bajos, mientras los altos condicionan al máximo su reproducción. Esto trae aparejado un aumento de la niñez en pobreza, con cifras que aún cuando enlentecidas, continúan apuntando a convertirse en los dos tercios de la población infantil.
La investigación en Uruguay revela cambios profundos en la concepción familiar en los últimos años, que inciden también en el crecimiento demográfico nulo. La flexibilización de los lazos determina el fin de la sanción moral para quienes postergan su maternidad paternidad. Existe un mayor sentido de la individualidad entre los uruguayos, así como un sentido de la necesidad de inversión en los hijos (una educación mucho más cara que otrora), que limita el número de hijos. El aumento en la tasa de divorcios (cercana ya a uno cada dos matrimonios), y las uniones libres, también limitan el afán reproductivo.
El «plus» uruguayo
El último «cabildo» efectuado sobre el fenómeno de la emigración en el país, aportó un estudio de la doctora Adela Pellegrino, de los documentos más recientes y analíticos de este fenómeno, de máxima incidencia en nuestra demografía.
Los valores manejados hacen oscilar en el orden de las 20.000 personas promedio cada año, las que han emigrado a partir del año 2000. Si bien la cifra se «disparó» en 2002, alcanzando a las 29.000 emigraciones, factores adversos como la exigencia de visa en Estados Unidos y las limitaciones en la Comunidad Europea, menguaron el fenómeno.
Más recientemente, durante los meses posteriores al triunfo del gobierno frenteamplista, los valores bajaron, pero ascendieron algo en estos últimos meses estimándose que llegaríamos a unas 16.000 para final de 2005.
La evaluación del primer lustro de este milenio, cuantificará el crecimiento negativo en que nos encontramos aunque no el verdadero problema, es decir que los emigrantes siguen estando masivamente en la franja etaria entre 20 y 29 años.
Aspecto colindante a este crecimiento negativo único en Latinoamérica es la despoblación. Según estimaciones del Centro Latinoamericano de Demografía (Celade), los 18 uruguayos por kilómetro cuadrado que existen en nuestra geografía de 176.215, nos muestra entre los países de más baja densidad poblacional de América Latina. Ahora bien, incluso los datos de Celade han debido reverse en los últimos tiempos dada la magnitud de la emigración. Según las proyecciones del organismo, para el año 2000 tendríamos 3:274.470 personas. La realidad del Instituto Nacional de Estadística pauta que en el Censo 2004 éramos 3:241.003 uruguayos, menos incluso de la ya baja proyección. En los últimos cuarenta años mientras la mayoría de los países latinoamericanos censados duplicaron su población, nosotros la aumentamos en un tercio. Actualmente el 13%-14% de los uruguayos vive en el exterior. *
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