Diálogo desorientado
– Buenos días, ¿aquí es donde le dicen a uno qué orientación tiene?
– ¿En qué sentido me lo pregunta?
– En el sentido de las agujas del reloj. Si no estoy seguro de mi orientación, ¿cómo quiere que sepa en qué sentido voy?
– Yo no lo decía por el asunto de ir, sino por la cuestión de ser.
– No me venga a joder ahora con eso de «ser o no ser».
– Lo que pasa es que eso de la orientación está estrechamente vinculado a ser o no ser.
– Perdón, ¿usted me está hablando desde el punto de vista sexual? Porque si es así ya le digo que lo mejor es ser bisexual, porque así uno tiene el doble de oportunidades de salir los sábados.
– Y si a eso le agrega la zoofilia, ni le cuento, sale todos los días.
– Bueno en realidad yo vine porque estoy muy preocupado al ver que aquella barbaridad que hace un tiempo dijo el senador de la minoría Julio María Sanguinetti, que «los conceptos de izquierda y de derecha ya no existen más», ahora lo están diciendo otros más.
– ¿Y entonces qué conceptos quedan: los de chanfle, refilón o de soslayo?
– Ya no sé para dónde agarrar. Ir para allá es lo mismo que ir para acá. Si quiero enseñarle a mis hijos cuál es el mejor camino para llegar a un buen destino, ¿cómo hago, da lo mismo que vayan por aquí o que vayan por allá? Y para ver lo que pasa en el mundo ¿es lo mismo que lo mire de este lado que de este otro lado?
– ¡Qué lo pangarió! Están borrando de un plumazo hasta el meridiano de Greenwich con esto de la inexistencia de la derecha y de la izquierda.
– Mire que no es broma, imagínese el problema que se le crea a aquel que quiera conducir. Que sea un conductor.
– Y… puede andar confundiendo carteles de «Ceda el paso» con los de «No doblar a la izquierda»
– Usted se lo toma a la chacota, pero para mí es un verdadero problema. Estoy muy desorientado.
– Mire amigo, yo no sé cómo arreglar su problema, pero le quiero recordar que hay algo que no se puede cambiar: la izquierda, es la parte donde la gente tiene el corazón.
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