Los bailes de la Unión
Por mediados de la década del 30, la película «Bajo los techos de París» –calaba hondo en los sentimientos. Sus personajes que en medio de humildes condiciones luchaban por ser felices, fueron un espejo para muchos. Laburantes y pícaros que apostaban a la vida en un barrio pobre y melancólico de París. El maestro René Clair hizo popular al personaje del cantante callejero Albert que en medio de sus penurias jamás dejó de creer en la música. Por aquellos años, bajo los techos de un barrio popular de aquel Montevideo de antaño, también hubo vecinos que a pesar de sus penurias siempre apostaron a las pequeñas alegrías.
Olvidando sus flacos bolsillos y preocupaciones se sentían fraternos y unidos en los míticos bailes de la Villa de la Unión. Como en la famosa película francesa, ahí se mezclaban pícaros, laburantes, simpáticos holgazanes y hermosas damas junto a otras que no lo eran tanto. Bohemios al lado de corajudos inmigrantes y muchos obreros, todos enamorados del hechizo galante de la música. Ambientes arrabaleros para derrotar al destino con el arte de las sencillas alegrías.
Por 8 de Octubre y Propios estaba el «Juventud Agrícola Italiano», llamado el baile de los negros que se llenaba de pardos y otros muy blanquitos. Todos hermanados en su pasión por la milonga. Sonaba un cuarteto de músicos tangueros y de golpe, los tamboriles inundaban el largo salón. Todos a la pista a mover el esqueleto con las morenitas y mulatas que abundaban en ese bailongo. Si se armaba la bronca, aparecían los hermanos Ríos, dos boxeadores del barrio que se ganaban algún manguito «invitando» a retirarse a los más revoltosos. Sobre 8 de Octubre también estaba el «Centro Democrático Español» donde la colectividad galaica junto a sus invitados armaban grandes reuniones. Gaitas, Miguelito y don Pacho junto a la gran orquesta «Habana Tropical». Los galanes del barrio siempre a la pesca de las vichonas galleguitas ¡y ni te cuento si tenían un padre almacenero lleno de morlacos!
Otro gran baile de la Unión fue por Pirineos y Chayos en el antiguo club «Hijos del Mar», además por febrero se pintaban la cara y salían a cantar por los tablados. A un paso de la Curva, en el «Club Unión Ciclista» se sucedían unos bailes inolvidables. Una gran casona desbordante de bailarines enloquecidos con los tangos de Luis Caruso, Juan Carlos Croccia y los candombes de la orquesta de Arregui. Aunque el lunes aguardaba el botón yugo, en esa noche todos eran bailarines compadritos y damiselas coquetas. Por Jacobo Rosseau casi Villagrán, estaban las tenidas bailables del «Larre Borges». Su fuerte era en Carnaval y, en esos días, hasta los grandotes jugadores tiraban la chancleta y aparecían abrazados de alguna petisa de la cuadra que aunque chiquitita estaba muy fuerte Las barras de amigos llegaban a esos clubes y sus veladas bailables. Como en el «Club Ciclista Fénix», por Camino Maldonado o en Camino Carrasco casi Veracierto el «Club 33″, por José Belloni apareció el «Defensores de Maroñas» y en la vieja calle Asilo retumbaban las orquestas en «Los Pinares». Toda la Unión y sus vecinos se movían al compás de Romeo Gavioli, Walter Silva, Fogasa, José Mateo y Jaurena que además de grandes músicos vivían en ese barrio. Y el swing nunca faltaba con otro ilustre vecino que era un maestro con el clarinete y se llamaba Santiago Luz. Bajo los cielos y los techos de aquel viejo Montevideo, al gente más humilde supo ser feliz a puro tango, milonga y candombe. Así fueron los tiempos de los bailes de la Unión.
Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
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