Cubana trabaja más que su marido
Desde hace un tiempo, históricamente corto, ha perdido cierta vigencia el adagio de que la mujer es un ser de cabellos largos e ideas cortas. La mayoría de los hombres no percibimos el peligro que implica esa paulatina merma. Creemos que la formación mental de la mujer a la medida de nuestro molde machista tiene bigudíes bastantes para que resulte permanente.
Hemos logrado que la mujer de cabello corto anhele tenerlo largo, rubio si morocho, rizado si lacio. Que si es gorda, delgada; que si baja, alta; que de pecho plano si pechugona; desnalgada si de amplia posadera.
Para esa colonización mental que dura hace siglos, en los últimos hemos tenido la ayuda de la industria del cosmético y la de la cirugía llamada plástica, dirigidas en lo esencial por nosotros los hombres, mujeres -que ellas mismas deberían considerar cipayas- y bisexuales, pues también para ellos es respetable fuente de trabajo.
Hay una puede que larga lista de mujeres otras. Reténganse los nombres de dos notables por la heterodoxia temporal de sus visiones:
Juana Ramírez de Asbaje, poeta y monja mexicana de la segunda mitad del Siglo XVII, no reconocida oficialmente como pensadora. Autora de un soneto, cuya primera cuarteta, la más conocida, sigue diciendo: «Hombres necios que acusáis/a la mujer sin razón/sin pensar que sois ocasión/de lo mismo que culpáis…» Controversial heterodoxa, es más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz.
Otra, la polaca Rosa Luxemburgo, excepcional pensadora marxista de la socialdemocracia alemana en la primera mitad del Siglo XX. Ella polemizó con Vladimir Illitch Ulianov, ditto Lenin, sin que fuera sólo político su discrepar con él, la Vaca Sagrada del comunismo instituido. Si se amalgaman distintas versiones del argumento de Rosa Luxemburgo («la libertad no puede ser otra que la libertad de pensar de otra manera») es evidente que la discusión trascendió la diferencia de sexos y géneros entre ambos.
Federadas se denominan a sí mismas las afiliadas a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), una de las organizaciones de masas en las cuales han sido ubicados oficialmente los diferentes sectores de la sociedad en Cuba (en 1963, a punto de ser creada, un dirigente de la radiotelefonía estatal opinó que debería haber también una FHC).
Actualmente las federadas son «más de 4 millones», de acuerdo a una información radial reciente. Se si tiene en cuenta a quienes aún necesitan cambios frecuentes de pañales; a las que no pueden físicamente desempeñar labores; que sumados cubanos y cubanas son 11.241.291 habitantes: y que la afiliación es teóricamente voluntaria, las federadas incluyen a casi la totalidad de las partícipes de lo que Simone de Beauvoir llamó irónica y amargamente el segundo sexo.
Ya desde su creación el objetivo declarado de la FMC fue «que la mujer se incorpore al trabajo» (que el segundo sexo abandone su gineceo ocho horas diarias: nunca usada cínica forma de decirlo).
Con el tiempo, ese enfoque ergonómico de la cuestión fue evolucionando. Al principio las mujeres que no tenían teléfono en su casa pueden, sí, haber buscado y encontrado un trabajo donde lo había. No era desusado que al llegar invitada a una casa donde lo hubiese, una cubana se precipitase hacia el teléfono y se interrogase en voz alta ¿A quien puedo llamar?
Pero el enfoque ergonómico (y ese pero es un además preñado de complicaciones), en el archipiélago cubano (donde Cuba es apenas la isla mayor entre otras islas, islotes, isletas y cayos) el 22,9 % de la población económicamente activa tiene hoy un empleo profesional o técnico: de ese índice, el 61,3 % corresponde a mujeres.
La población total: 11.241.291 personas, de quienes un 50,03 % hombres, un 49,97 % mujeres. Densidad 101,7 habitantes por
kilómetro cuadrado, población urbana 75 %, población rural 25 %.
En la economía estatal (excepto la doméstica, la economía privada tiene dimensión liliputiense) las mujeres ocupan el 45,2 % de los empleos y el 84,8 % de los cargos administrativos.
Pero en cuanto al trabajo doméstico (el consabido segundo empleo sin salario) la mujer trabaja un 60 % más que el hombre de acuerdo a datos compilados por la ONE, Oficina Nacional de Estadísticas.
Total de horas femeninas trabajadas por cada 100 horas masculinas trabajadas: en las zonas rurales 115, en las zonas urbanas 127.
El índice de trabajo femenino con respecto al masculino en tres países en desarrollo, aproximadamente: India femenino 67, masculino 58. Nepal femenino 81, masculino 56. Cuba femenino 54, masculino 24.
Los esfuerzos para enseñarla han sido durante medio siglo escuálidos, y pocos cubanos o cubanas podrían hoy definir la diferencia entre País, Patria, Nación, Estado, Revolución y Partido (único). Pero el deseo magisterial para que las cubanas abandonen el Tiempo de Ãaupa en cuanto a su identidad sexual y genérica es encomiable.
Existe hace por lo menos un decenio y medio un Centro Nacional de Educación Sexual (CNES) que depende orgánicamente del Ministerio de Salud Pública (Minsap). Hace menos tiempo, la FMC propuso la creación de una Comisión Para Diagnóstico y Tratamiento de Transexuales (Cpdytdt).
El transexualismo es la «incongruencia permanente entre la identidad sexual y el sexo biológico» según Mariela Castro Espín, directora de Sexología y Sociedad, una revista mensual que se publica hace once años.(1)
Su directora ha declarado que tal Comisión se creó con el «propósito de sistematizar los cuidados integrales de la salud y crear condiciones para eliminar las barreras culturales que limitan la participación plena y digna de los/las transexuales en los diferentes espacios sociales».
Hay más nueces entre esos ruidos. Juventud Rebelde, uno de los dos diarios cubanos de circulación nacional, publica semanalmente una página (título con transposición de una consonante, Sexo Sentido) en que varias jóvenes sexólogas responden a consultas, a veces aptas para ser respondidas por el extinto Ripley. Divulgan saberes ignotos en una cultura de sustrato judeo-cristiano. Que la masturbación propia no conduce a la locura y que la mutua es placer que evita el SIDA, por ejemplo.
Entre el Siglo XVII -posiblemente desde mucho antes- y hasta este inicio de Siglo XXI, muchas mujeres iconoclastas deben haber pensado usando su cerebro femenino. Con eficacia, pérfidamente, los hombres hemos logrado que también lo hicieran atenuadamente. De lo contrario, no viviríamos todos en un mundo global, sino en un Reino de las Amazonas globalizado.
(1) Hija, como indican sus apellidos, de Raúl Castro, el «número dos» en la jerarquía oficial cubana, y de Vilma Espín, su esposa y presidenta de la FMC.
Fuentes: Revista Bohemia, # 21 de 2005. Diario Granma, 12 de noviembre de 2005. Revista Sexología y Sociedad, # 27, abril de 2005.
(*) Periodista. Exclusivo para LA REPUBLICA.
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