Pacientes oftalmológicos uruguayos ya están en Cuba para ser operados
Si bien hace más de un mes LA REPUBLICA pudo tener un acercamiento a las vivencias que encierra la Operación Milagro a través de los emotivos relatos de los tripulantes de Pluna que realizan vuelos diarios entre Caracas y La Habana transportando pacientes oftalmológicos, y pese a que las anécdotas eran muy gráficas, nada nos preparó para lo que se vivió ayer en el Puerto de Montevideo.
Apenas habían pasado las diez de la mañana cuando en las instalaciones del Mides el grupo de 20 pacientes que conformó el primer viaje del programa sanitario cubano desde Uruguay ya estaba listo para partir a mediodía rumbo a Buenos Aires y desde allí a La Habana.
Pasadas las once horas tres camionetas del Ministerio de Salud Pública transportaron a los pacientes a la terminal de Buquebus en el Puerto de Montevideo.
Mientras tanto, en Buenos Aires un vehículo de la Embajada Uruguaya se alistaba para recibirlos y conducirlos al aeropuerto de Ezeiza donde un funcionario de Cubana de Aviación los acompañó hasta llegar a la isla. La partida desde Argentina se produjo minutos antes de la medianoche, y el arribo a Cuba en las primeras horas de hoy.
También en La Habana, el embajador Jorge Mazzarovich ultimaba los detalles para recibirlos y presentarlos con el educador social que los guiará durante su estadía en la isla.
Desde Montevideo los pacientes fueron acompañados por la doctora Graciela García, adjunta a la directora departamental de Montevideo del MSP, Miriam Contera.
La médica ya los conocía a todos como consecuencia de que asistió a las consultas evaluatorias con sus colegas cubanos, esto era un elemento de «seguridad» para el grupo. Ella, visiblemente emocionada, dijo sentir felicidad por ser parte de esta experiencia que además de superar «las graves dificultades» que presenta la salud en el país, «cambiará la vida de estas personas porque mejorara su calidad totalmente».
Minutos antes de partir un abrazo entre García y Contera, sirvió para celebrar en la interna la primer victoria contra la incapacidad visual de miles de uruguayos. Al respecto, la directora del MSP dijo a LA REPUBLICA que «la alegría es grande porque durante semanas hemos prolongado la jornada de trabajo para llegar a esta instancia, sin duda este viaje es un gran logro».
Dependiendo de la evolución posoperatoria, el regreso de los pacientes se producirá el próximo sábado en horas de la tarde. Es posible que algunos deban permanecer más días en la isla debido a la complejidad de las cirugías.
Rompiendo el protocolo
El grupo de pacientes esta conformado en su mayoría por personas mayores de 50 años de edad provenientes de Montevideo y Canelones. También formaron parte de este viaje una joven de 29 años, y dos niñas de doce y cinco años.
Los pacientes expresaron en más de una ocasión su agradecimiento a los funcionarios y médicos de hospitales Maciel, Saint Bois, y Canelones, que los contactaron para ser evaluados e incluso les recomendaron «aprovechar la oportunidad».
Asimismo, destacaron la «calidad humana» de los funcionarios del Mides y del Ministerio del Interior. Por citar un ejemplo, Héctor Larroca dijo que Arismendi «no parece una ministra, se acerca y te habla de igual a igual». Otro los pasajeros resaltó la rapidez de los trámites de pasaportes, al tiempo que indicó que la directora de ese servicio de identificación «demostro ser ‘pueblo': ella misma nos entregó los documentos uno por uno y nos deseó suerte».
La empatía entre las jerarquías del Mides y los protagonistas del viaje quedó evidenciada durante la espera para embarcar cuando la subsecretaria Ana Olivera prestó su celular a una anciana para que avisara a sus hijos que estaba bien y pronto subiría al barco, o cuando en un gesto inédito para un secretario de Estado, Marina Arismendi con los ojos llenos de lágrimas se abrazó con varios de los pacientes para calmar sus temores y asegurarles que todo saldría bien. Es más, la ministra incluso llegó a cargar el equipaje de alguna de las ancianas.
Ver para creer
Como ya se había anunciado los pacientes seleccionados para estas intervenciones además de integrar listas de espera en hospitales públicos -el promedio entre los que viajaron ayer rondaba los tres años-, son beneficiarios del Panes, es decir personas de escasos recursos económicos con historias conmovedoras originadas en su lucha por sobrevivir.
Sin embargo hay dos que se destacan entre los viajeros de este primer vuelo. Una por ser parte de una historia familiar y la otra por demostrar, como dice un viejo refrán, que no hay mal que dure cien años.
La primera es la de Dahiana y Erica. Estas niñas son hermanas y viven en Villa García. Dahiana padece cataratas desde los tres años de edad, hace nueve que esperaba ser intervenida.
A Erica le diagnosticaron la enfermedad a los dos años. Viajaron acompañadas por su madre, aunque Erica también iba protegida por su peluche favorito, tal vez por ello la pequeña dijo no tener miedo al avión, aunque no lo conocía.
La afección visual que padecen las pequeñas es parte de la herencia genética familiar: en el próximo vuelo una de sus tías será trasladada para realizarse la misma cirugía.
La historia más dura, es sin dudas la Janet, una joven de 29 años, madre de tres niños, que pese a su grave deficiencia visual jamás había consultado a un oftalmólogo. El drama de esta mujer también encerraba la tragedia del reciente incendio de su modesta vivienda en el asentamiento 6 de diciembre. Casa que además debería construir en otro lugar por modificaciones viales que se realizarían en la zona.
Pocos días atrás Janet concurrió al Mides para consultar cuando se le habilitaría el pago del Ingreso Ciudadano, es en esa ocasión que la ministra Arismendi se cruza con ella y nota sus problemas visuales. Al consultarle si estaba en tratamiento y recibir una negativa como respuesta decide de inmediato incluirla en la lista de pacientes que serían evaluados para viajar a Cuba.
Ayer, Janet se emocionaba hasta las lágrimas al relatar como sus problemas comenzaban a solucionarse mientras se culpaba por usufructuar derechos que le son inherentes.
«Esto es demasiado, es un lujo que no tendría que darme. Es la primera vez que voy a viajar, encima para operarme.
Y cuando vuelva voy ademas de ver bien como extra voy a cobrar el Ingreso Ciudadano, es demasiado para mí que soy de un asentamiento».
Hasta la vista
Muchos besos, abrazos, deseos de buen viaje y pronto retorno; palabras tranquilizadoras y consejos para el vuelo; ojos llorosos sobre bocas sonrientes. Todos indicios de que estaba comenzando una travesía muy esperada.
Si las cámaras de los reporteros gráficos y canales de televisión se hubieran ausentado del hall de la terminal de Buquebus, la despedida de los pacientes hubiera parecido lo más normal del mundo para cualquier desprevenido que pasara por allí.
Sin embargo esos gestos de afecto se daban entre ciudadanos y autoridades de gobierno que hasta pocos días antes no se conocían personalmente.
En esos momentos, hubo una frase que se repitió tras cada abrazo por todos los protagonistas de la situación: «nos vemos a la vuelta». Claro, esta vez su significado era mucho mayor que un «hasta pronto». *
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