Alerta Nacional, ¿qué hacer?

Ruth Chisholm, directora de Servicios de Emergencia y Comunicación de la Cruz Roja Jamaiquina escribió sobre el estado de alerta, un protocolo posible a la hora de informar. Para que el alerta de huracanes sea eficaz requiere tecnología y comunicación de persona a persona. El secreto de los resultados obtenidos en el Caribe radica en lo que sigue.

Las autoridades deben dar la alerta inicial en esos tres a cinco días antes, seguida de instrucciones precisas para poner en marcha la acción preventiva, 24 horas antes de la llegada prevista del huracán.

La tecnología es la parte fácil de la alerta temprana, el verdadero desafío reside en que se centre en la gente, lo que implica:

: las alertas nacionales deben completarse con alertas locales de inundaciones y deslizamientos de tierra;

: es mucho más probable que los sistemas de alerta temprana funcionen si las personas expuestas a riesgo participan en su estructuración y mantenimiento;

: la experiencia y la tradición oral son importantes, pero no siempre las más indicadas; la experiencia se debe analizar con espíritu crítico y completarse;

: los niños que están al tanto del peligro de huracanes comparten lo que saben con familiares y vecinos, y de mayores son más receptivos;

: urge invertir para abordar las causas de la vulnerabilidad. *

Otras amenazas asociadas

Si bien el Informe Mundial sobre Desastres 2005 evalúa las consecuencias y el manejo de los mismos no dice nada sobre las grandes enfermedades que han avanzando a lo ancho y largo del planeta como verdaderos desastres humanitarios. Pues el cambio climático también puede tener consecuencias en la salud humana, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. La salud pública depende de la existencia de suficientes alimentos, agua potable y segura, vivienda digna y segura, armoniosas condiciones sociales y una estructura ambiental y social adecuada para controlar las enfermedades infecciosas. Tal es así la incidencia del clima en la salud que las olas de calor están asociadas a enfermedades cardiovasculares, respiratorias, entre otras. «Es posible que las enfermedades y muertes por estas causas aumenten, especialmente entre los más viejos y más pobres». A su vez, las temperaturas elevadas pueden alterar la distribución geográfica de las especies que transmiten enfermedades. En un mundo más cálido, los mosquitos, las garrapatas y los roedores podrían expandir su presencia en latitudes y altitudes elevadas. Así sucede con la gripe Aviar proveniente de las aves, o el dengue a través del mosquito Aedes Aegipty. La eventual sequía también se vuelve una amenaza para el hambre, que actualmente afecta a 852 millones de personas en el mundo. No sólo la humanidad debe considerar los distintos escenarios del cambio climático, sino también las condiciones socioeconómicas que determinan el grado de vulnerabilidad de una población. Por lo cual las Naciones Unidas invitan a prepararse, reconstruyendo la infraestructura en salud de los países en que se encuentra más deteriorada. *

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