¿Hacia dónde va Uruguay?
La Tierra parece mostrar el camino y dice ¡basta! Lo hecho, hecho está; ¿qué camino tomar ahora? Entre Apocalipsis y renacer se traza el camino de la humanidad. Está en nuestras manos decidir si queremos más de lo mismo o nos volcamos a acciones menos dañinas del ambiente, sustentables y solidarias con las generaciones futuras. LA REPUBLICA consultó a los expertos nacionales para acercar algunas respuestas y por qué no interrogantes a los eventos que afectaron y afectan a la humanidad.
El cambio climático en el Uruguay
El meteorólogo y master en Ciencias Meteorológicas Mario Bidegain se refirió a las consecuencias de la variabilidad climática en el país y apostó al desarrollo de energía limpia. «Existe un cada vez mayor consenso a nivel científico en el mundo, respecto a que el proceso de cambio climático está afectando el clima global. El denominado cambio climático se produce por la alteración de la concentración de los llamados «gases de efecto invernadero» (GEI), entre ellos el CO
Asimismo, en relación al comportamiento de las temperaturas se espera un incremento de 1°C en promedio para la década de 2020 sobre nuestro país y un aumento de 2 a 3 °C en la década del 2050. Los mayores aumentos estarían en el norte de nuestro país debido al efecto de la mayor continentalidad del clima en esa región. Por el contrario las zonas costeras (Rocha, Maldonado, Canelones, etc.) presentarán un aumento pero menos significativo por el efecto moderador de la cercanía con el océano.
Las previsiones sobre los futuros de las precipitaciones en la región, aunque estas son muchos más inciertas, indicarían un aumento ligero de las mismas en el futuro.
La combinación de la modificación de todas estas variables, sumado al aumento de la variabilidad del clima, podría provocar asimismo un aumento de eventos extremos (de temperatura, precipitación, viento, etc.) que harían nuestro clima aun más variable de lo que estamos acostumbrados en el pasado.
Desde nuestro humilde rincón del planeta podemos actuar para disminuir al menos la emisión de la cantidad de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, según mi opinión, el uso criterioso en el consumo de energía, contribuye sin duda a reducir estas emisiones. El consumo de petróleo, para el transporte, debería ser reducido a su mínima expresión, deberían promocionarse medios alternativos de transporte colectivo, movidos con energías alternativas (solar, eólica, etc.). También deberían promocionarse medidas de fijación de carbono en los suelos, mediante campañas de forestación, principalmente con la frena de la tala indiscriminada en las selvas tropicales. Todo acto de este tipo por pequeño que sea puede reducir la emisión de GEI a la atmósfera.
Creo que firmemente en el futuro nos verá usando diferentes fuentes alternativas de energía (solar, eólica, mareomotriz, geotérmica, entre otras) en sustitución de las fuentes más contaminantes como petróleo y carbón. Esta debería ser nuestra herencia para el futuro y no una atmósfera contaminada como la presente».
«Una primavera no hace verano»
El meteorólogo Mario Caffera se refirió a los principales acontecimientos y afirmó que «una primavera no hace verano, pero es sorprendente cómo se repite el cambio de categoría hacia las mayores en los huracanes. Como sucedió con Katrina o Wilma. Todo esto puede llegar a ser alguna manifestación del cambio climático global. Hay otra manifestación que hay que tener en cuenta, la mejora en la tecnología y la mediatización de los desastres; se parece la Guerra del Golfo que fue televisada. Es un elemento que nos impacta. Antes no se tenían en cuenta -los desastres-, era más importante el partido del fútbol o las declaraciones de los ministros, esto provoca una mayor sensibilidad en la sociedad. Entonces, ambas cosas nos llegan antes que los estudios puedan determinar a qué se deben. Si nos preguntamos: ¿todo esto obedece al cambio climático?, necesitamos varios años para saberlo, y descartar que no sea un año anómalo. En el siglo XX tuvimos un año récord en temperatura y este año parecería superarlo. En Uruguay, en 2004 tuvimos una sequía enorme que no se difundió, sin embargo trajo dificultades energéticas, que no se explican por el Fenómeno del Niño o la Niña, sí por ejemplo podría obedecer a la temperatura del Atlántico, pero no se ha estudiado en profundidad. Esto demuestra que es perentorio seguir ahondando en los estudios, y esto no es un cientificismo diletante, sino que son necesarios para la comunidad en su conjunto. Lo que nos queda por hacer es facilitar y exigir los estudios sobre cambio climático. Así como valorizar los servicios meteorológicos. Es necesario incorporar las funciones meteorológicas en las profesiones, estudios y en la vida cotidiana para así erradicar la resistencia al cambio». *
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