¿Hacia dónde vamos?

Entre desastres y eventos extremos del clima, la Tierra no da más

Las variaciones climáticas pueden tener su origen en fuerzas externas como las erupciones volcánicas y cambios en la energía proveniente del sol. También pueden ser el resultado de interacciones internas de los distintos elementos del sistema climático (la atmósfera, los océanos, la cubierta de hielo y la superficie terrestre). Estas interacciones internas pueden causar fluctuaciones bastante regulares, como las del fenómeno El Niño o cambios aparentemente aleatorios del clima. La interrogante de todo lo que ha sucedido se centra en: ¿cambio climático o ciclo natural?

En el marco de dicho contexto la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja –la mayor organización humanitaria del mundo que presta asistencia sin discriminación– analizó los diversos sucesos ocurridos a partir del año 2004 y parte del año 2005 llamado «Informe Mundial sobre Desastres 2005″. Desde 1993 el informe recoge los últimos hechos, análisis y tendencias de las crisis contemporáneas. En el mismo se cuestiona el rol de los medios masivos de comunicación, la función de la información, y el manejo de la ayuda humanitaria. Asimismo, menciona algún tipo de consejo o sugerencia a seguir para los países que enfrenten cualquiera de los desastres ambientales. Asimismo, el informe destaca que «la información adecuada ayuda a entender mejor las necesidades de la población y a dar respuesta a las mismas. Una información precisa en el momento oportuno contribuye a salvar vidas».

 

La información puede salvar vidas

«La gente necesita información tanto como agua, alimentos, medicamentos o refugio. La información puede salvar vidas, recursos y medios de subsistencia. En muchos casos, tal vez sea la única preparación en previsión de desastres que puedan permitirse las personas más vulnerables. Una información adecuada ayuda a comprender mejor las necesidades y las intervenciones que hacen falta. Una información inadecuada puede dar lugar a intervenciones erróneas e incluso peligrosas», expresó Markku Niskala, secretario general de la Cruz Roja.

Además, el secretario general desarrolló: «Si pasamos revista a los acontecimientos de 2004, sorprende constatar cuántos desastres podrían haberse evitado con una mejor información y una mejor comunicación. Para decenas de miles de personas, el desastre se desencadenó de improviso sin que se les hubiera alertado. Asimismo, la información alivia el sufrimiento en pleno desastre. Dar con el paradero de familiares y amigos desaparecidos, saber a cuánta indemnización tienen derecho y dónde serán alojados o, simplemente, entender por qué sobrevino la catástrofe, son informaciones que significan mucho para los damnificados que perdieron su hogar y están traumatizados».

El jerarca citó un ejemplo claro de lo que causa la desinformación. «Después del tsunami, las necesidades propias de las mujeres se pasaron por alto más de una vez. Grandes cantidades de ropa usada e inapropiada abarrotaron depósitos y quedaron apiladas a orillas de los caminos de toda Asia meridional. Saber lo que no se necesita y comunicarlo puede ser tan importante como determinar lo que hace falta, pues permite ahorrar tiempo, dinero y recursos». Otra enseñanza fundamental que ha dejado el tsunami es que los organismos deben encontrar mejores medios de combinar la intervención de emergencia y la evaluación rápida y participativa de las necesidades.

No obstante, el informe acusa el desinterés por ciertos fenómenos crónicos. «Mientras tanto, lejos de los proyectores de los medios de comunicación, diversas crisis crónicas seguían socavando vidas y medios de subsistencia. La región del Sahel de Africa occidental estuvo al borde de la hambruna debido a la sequía y la plaga de langostas que pusieron en peligro la vida de 9.000.000 de personas a mediados de 2005. A pesar de las alertas oportunas, el drama del Sahel fue eclipsado por los acontecimientos de Darfur y el Océano Indico. Promover una mejor cobertura mediática de esos desastres humanitarios sobre los que se dice poco y nada es de cabal prioridad, si nos proponemos que la ayuda global se reparta en forma más equitativa».

 

«Plaga de langostas en Africa occidental: alerta temprana, intervención tardía»

Bajo este título Jean Milligan, articulista independiente, especializada en temas humanitarios y de desarrollo sintetizó el suceso. «A mediados de 2005, graves carestías afectaban a más de nueve millones de personas en toda la región del Sahel, Africa occidental, debido a la merma de las cosechas tras años de sequía y la plaga de langostas de 2004. La gente hurgaba en los hormigueros en busca de granos. Las tasas de desnutrición y mortalidad infantiles se dispararon. ¿Pero a quién le importó? Las alertas fueron desoídas y las respuestas a los llamamientos de ayuda alimentaria tardaron en llegar. La crisis del Sahel podía haberse evitado, entonces, ¿por qué no fue así? En total, las larvas devastaron 1.600.000 hectáreas de tierras de cultivo en Mauritania, acabando con la mitad de la cosecha de cereales. En Níger, las langostas se comieron 15 por ciento de los cereales del país y 40 por ciento del forraje indispensable para el ganado. A fines de 2004, se logró controlar la plaga, gracias a las medidas de control tomadas por los gobiernos de Argelia y Marruecos, y al crudo invierno en la cordillera del Atlas».

 

Los datos sobre desastres sientan bases para reducir el riesgo

Finalmente, «los datos sobre desastres son imprescindibles para detectar las tendencias del impacto de las catástrofes y establecer vínculos entre desarrollo y riesgo de desastres», menciona el informe.

Las Naciones Unidas reconocen la necesidad de trabajar más en las bases y el análisis de datos en relación con la reducción del riesgo de desastres. En mayo de 2005, se pusieron en marcha dos iniciativas importantes: el Sistema Global de Alerta de Desastres, de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de las Naciones Unidas, cuyo objetivo es suministrar datos iniciales en las primeras 24 horas después de un desastre, y el Programa global de identificación de riesgos, del Consorcio ProVention, cuya finalidad es mejorar la comprensión y la precisión de la medición del impacto de los desastres, elaborando a partir de las bases de datos sobre desastres que ya existen. *

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