La gripe ambiental y el impacto del pollo
La gripe del pollo llegó al Palacio Legislativo.
Se ha visto a varios legisladores cacareando por los pasillos mientras otros andan como desorientados, sinuosamente, con el pescuezo caído casi rozando el suelo como los pollos a los que les intentó retorcer el cogote un desprolijo y poco conocedor del arte de retorcer cogotes.
A algunos se los ha visto, en el colmo del desconcierto, intentar poner huevos sobre la mesa sin tener en cuenta que no tienen esa facultad.
Otros en un evidente acto de soberbia y altanería pretenden hacerse pasar por gallos de riña, cuando a lo más que pueden aspirar es a transformarse en una Supreme a la Maryland.
Por si fuera poco, hay muchos que si uno les mira las caras cuando hablan los oficialistas, hacen un gesto con la boca que se asemeja claramente a un culo de pollo.
Otra especie de pandemia es el tema de las plantas de celulosa y el medio ambiente.
Los argentinos y algunos uruguayos ya no saben qué decir.
Llegaron a anunciar un derrame tóxico en el río Uruguay de una planta que recién está en construcción.
Dicen que las plantas de Botnia tienen reglas de seguridad obsoletas, cuando son de última generación. Tan última que son las que fijó la Comunidad Europea para aplicar en sus plantas a partir de 2007.
En realidad las que están viejas y atrasadas son las del lado argentino ya que hace años que están allí.
Y ahora les dio por hablar de las maléficas dioxinas que harían nacer niños de 4 cabezas y políticos con dieciocho manos.
De acuerdo con la información dada por mi amigo Oscar, conocedor de estas cosas, se podría generar un miligramo de dioxinas cada 10.000 millones de cigarrillos, lo mismo por cada 900 toneladas de leña. ¡Hay que eliminar el Mercado del Puerto y todos los medios tanques!
Pero hete aquí que en una planta de celulosa de última generación las dioxinas que se producen… son indetectables.
Muchachos, vamos a informarnos antes de hablar, ¿qué les parece? *
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