Españoles comprarían 100.000 tortugas morrocoyo al año

Ultiman detalles de exportación de caimanes… y ahora Japón pide cotización de insectos uruguayos

El criadero de caimanes de Cerros Azules es más que conocido por los uruguayos. Un proyecto comercial a largo plazo, que se fue convirtiendo en una de las granjas educativas más visitadas, sino la más, del Uruguay.

Como todos los pioneros, su impulsor Alvaro Fernández Buzó ha pasado «las mil y una» para no sucumbir con proyecto y todo. Junto con su esposa han atravesado años de expectativas, de promesas incumplidas, de anhelos, todo lo que ahora parece aproximarse a una concreción real.

«Desde hace algunos años estábamos pidiendo las autorizaciones pertinentes para exportar: intereses manifiestos los había de Marruecos, España, Estados Unidos. Lamentablemente, por distintas circunstancias siempre ajenas a la producción en sí misma, jamás podíamos concretar. En fecha muy reciente nos llegó un pedido de Japón que nos asombró… y ahora las puertas parecen estar al borde de abrirse», explica el también conocido rematador.

Efectivamente, una de las importadoras de fauna más importantes de la nación nipona, contactó al zoocriadero Cerros Azules, con una perspectiva que superaba cualquier otra: a los japoneses les interesan los caimanes, también las tortugas…, pero quieren adquirir hasta insectos de esta región. Los coleccionistas japoneses no se andan con chiquitas a la hora de tener lo que sea del mundo entero, y estas latitudes no les son indiferentes en absoluto.

El interés nipón aparece además poco después de que los españoles anunciaran un interés más que particular: desean importar hasta 100.000 tortugas por año, destinadas a satisfacer una demanda de mascotas para clientes en una sociedad con cada vez menos espacio, poco tiempo, ni tampoco muchas ganas de sacarlas a pasear.

Las ofertas superan de momento las posibilidades de Cerros Azules, pero Fernández Buzó apunta abrirse a la comunidad buscando satisfacer esa demanda.

«Existe en Uruguay una gran cantidad de gente de campo, con disponibilidad de terreno, con posibilidad de cría, para animales que demandan poca inversión y poco trabajo. Estamos pensando en esta labor como complementaria de otras, y con grandes posibilidades creemos a futuro inmediato, en tanto el interés es concreto», explica.

La llave de entrada a esta posibilidad de exportación más que no tradicional (e incluso inimaginable si se piensa en los insectos a Japón), pasa ahora por el Estado. Es a nivel del Ministerio de Ganadería y Agricultura donde están focalizadas las expectativas, en tanto las autorizaciones legales son imprescindibles para los potenciales compradores.

«Creemos estar más cerca que nunca de la meta: confiamos en llegar a buen término lo antes posible, tanto por el valor de exportaciones que esto puede implicar a futuro, como por la posibilidad de ampliar las fuentes de recursos que tanto se necesitan», concluye.

 

De caimanes y tortugas

El yacaré (Caimán latirostris) integra la fauna nativa, siendo una de las especies protegidas por la Convención sobre el Comercio de las Especies Amenazadas (Cites). Su expansión natural en Uruguay estaba básicamente circunscripta al norte del país y su aparición es rara en el sur. Es que, como los demás reptiles, carece de termorregulación, siendo el frío uno de sus enemigos mortales. Los yacarés son diezmados por las bajas temperaturas durante su primer año de vida en latitudes altas como la nuestra. Ello hace también que tengan un crecimiento menor y más lento que en hábitat más calientes: este es uno de los puntos complejos de su cría en el país ya que necesitan agua caliente en invierno, algo nada económico si nos atenemos al actual costo de la energía.

Carnívoros absolutos, los yacarés son resistentes prácticamente a cualquiera de las enfermedades que afectan a los mamíferos, con excepción del estrés: cuanto más tranquilos, mejor crecen. No necesitan de muchos años de cría, ya que deben ser faenados jóvenes para que sus pieles ventrales estén aún en condiciones de ser destinadas a la marroquinería principalmente. Las hembras llegan hasta a los 30 huevos por postura, y las crías, en cautiverio, carecen de mortandad.

En cuanto a las tortugas que despiertan interés en España, por hasta 100.000 piezas jóvenes cada temporada, se trata de la variedad (Trachemys dorbignyi) conviven en el criadero con los yacarés y son vitales para mantener el ecosistema. Es que, con voraz apetito, comen los desechos que dejan los caimanes y que, de quedar en el agua, la descompondrían. Los lagos donde viven los yacarés, son en su totalidad pluviales, carentes casi de recambio.

Las tortugas carentes de interés comercial en principio, se reproducían naturalmente. Ahora, con los huevos en incubadoras y nidos marcados, el proceso se aceleró.

Las morrocoyos ponen sus huevos en diciembre, en un nido que hacen en el suelo. Tiene una profundidad de entre 20 y 25 centímetros, cavado a unos 20 centímetros del agua. Los huevos no presentan cáscara dura, sino gelatinosa. La hembra los tapa con tierra y a los 86 días eclosionan las tortuguitas que, curiosamente, nacen con un ombligo que durante las primeras 24 horas se reduce a la mitad.

En cuanto a la demanda japonesa por otras variedades de reptiles, e incluso insectos, el contacto está en una fase inicial y se espera definir exactamente las variedades que los asiáticos desean, a efectos de determinar la posibilidad de explotación de ese recurso, inimaginable hasta ayer nomás. *

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