La ciencia descubre que un gen es responsable del buen o mal dormir
Científicos de la Universidad de Lausana (Suiza) investigando cadenas moleculares descubrieron un gen que incide definitivamente en lo que conocemos como «el buen dormir». Las conclusiones del equipo, encabezado por el neurobiólogo Mehdi Tafti, publicadas en el último número de la revista científica «Science», ratifican anteriores descubrimientos vinculados al sonambulismo. A fines del año pasado, el mismo equipo descubrió que el gen HLA-DQB1 aparece sistemáticamente con alteraciones en todos los casos de personas diagnosticadas como sonámbulas.
El estudio, desarrollado en el Hospital Universitario de Zurich a lo largo de tres años, mostró que el gen en cuestión se presenta en dos alelos (versiones o formas del mismo gen), una de las cuales acarrea sufrimientos sonambúlicos casi al 50% de quienes la poseen. Los neurobiólogos advirtieron no obstante que el HLA-DQB1 podría no ser exclusivamente el gen determinante, sino que otros incidan también en el proceso insomne.
Continuando esta última línea de investigación, los especialistas decodificaron la composición molecular de varios genes responsables de los ritmos circadianos. Estos ritmos son el «reloj» que regula algunos fenómenos biológicos conductivos del buen dormir. Tanto la necesidad, como la profundidad, y hasta la prolongación del sueño, aparecen controlados por factores genéticos, compendiados en una base molecular. La composición de esta base molecular podría llevar a los científicos a desarrollar medicamentos que incidan específicamente en factores del sueño.
Entre las curiosidades del gen ahora estudiado, su composición (ácido retinoico) lo hace particularmente sensible a la vitamina A, de lo que se deduce que un exceso de esta vitamina perjudica al sueño.
Aspecto más interesante aun, lo constituye la diferencia que esto implica a futuro en relación a los somníferos, los medicamentos más vendidos en todo el mundo. Mientras los somníferos se limitan a disminuir la actividad eléctrica neuronal, inhibiendo al cerebro, en definitiva tratando solamente los síntomas, los nuevos avances apuntan a tratar los síntomas de fondo de la cuestión.
Insomnio uruguayo
Los estudios epidemiológicos existentes en Uruguay sobre la problemática del sueño son múltiples, no obstante coinciden en que las patologías nacionales están dentro de parámetros similares a los de países europeos afines (España, Italia, Francia), aunque la actualización sistemática de la estadística en Uruguay se mantiene en el debe. Se considera que hasta un 12% de los compatriotas han sufrido, o sufren, cuadros de insomnio.
La afección está dada con más incidencia en las mujeres y crece significativamente en personas de edad avanzada. Existe una amplia mayoría de insomnes leves, debido a patologías múltiples que van de crisis emocionales a problemas físicos. Creciente fenómeno es el de la automedicación buscando solucionar la imposibilidad de conciliar el sueño, que va desde toda clase de fármacos, a preparados de «yuyos», y otros soporíferos «naturales», algunos de ellos tóxicos. Entre el 15% y el 19% de las personas que en Uruguay consultan al médico por cuadros de insomnio consideran que su afección alcanza características crónicas. Unos 60.000 uruguayos aseguran no poder dormir prácticamente nunca con la normalidad que desearían.
Dentro de estos cuadros de insomnio crónico aparecen dos formas básicas: el primario, debido a factores estresantes o emotivos (la persona desarrolla asociaciones que previenen la aparición del sueño), y el secundario, que depende de una afección siquiátrica o médica, o a la dependencia de fármacos y/o nicotina.
Los problemas más extendidos aparecen en el área de «fenómenos distorsivos» del sueño, donde hasta el 36% de los uruguayos afirma haber tenido a lo largo del último año, algunas semanas de noches «en vela», aunque la afección revirtió posteriormente.
Fenómeno aun más extendido es el del «mal dormir», que afectaría hasta a un 40% de la población: quienes por una causa u otra experimentan variantes en la continuidad del sueño que impide al proceso ser tan reparador como la persona lo necesita. De este elevado índice, casi la mitad reconoció roncar en algún momento de la noche, lo que genera apneas del sueño, afectando directamente su calidad. *
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