Violencia en centros educativos responde a la fractura entre la escuela y la familia
Hay un viejo olor a rancio» expresa Villamil refiriéndose a las estructuras institucionales dictatoriales que siguen impresas en estas sociedades como formas modernas de hacer educación o de hacer reclusión para los jóvenes. Habló de la ley de humanización de cárceles y se preguntó porque en Uruguay no se habla aún de la situación de los menores infractores, de niños, niñas y adolescentes que están privados de libertad.
En entrevista exclusiva con LA REPUBLICA Raúl Villamil habló de la violencia en sus dos extremos, en la escuela y en su forma más impune, en los penitenciarios de menores donde los jóvenes y niños siguen siendo fuertemente castigados.
-Dentro de los llamados «agentes sociabilizadores» la escuela se ubica en segundo lugar, luego de la familia: ¿qué pasa hoy con eso?
-Todo se está moviendo. La familia ya no es lo que era. Está completamente fugada hacia el exterior y ya no es esa estructura de soporte de la sociedad. Hoy la familia no tiene ninguna relación con la escuela en términos de «alianza» y la escuela puede «soportar» un régimen que actualmente se está transformando. Por eso puede un padre impunemente ir a la escuela y agarrar al maestro del cuello y sarandearlo; el problema es que a lo mejor tiene razón.
-Pero ¿cómo maneja el maestro ese reclamo?
-Sucede que esa familia tradicional que sigue siendo analizada ya no existe, se piensa en una familia estructurada con sus hijos pero ahora la madre se va a trabajar, el padre está ahí, ausente y los hijos comienzan a generar procesos de autonomización desde antes de lo planeado, y la escuela no sabe qué hacer con eso.
Son familias en extensión, en complementariedad. Lo que sucede es que ese padre o madre reconstruye en su acción de reclamo toda una historia de autoritarismo por parte de la escuela y, ahora siente que tiene la posibilidad de reclamarlo y lo hace de forma violenta.
La violencia en la escuela tiene que ver con eso, con una fractura entre la familia y la escuela; porque ya no están en sincronía, están trabajando en diferentes temporalidades.
– ¿El reclamo de los padres también exige que la institución eduque a sus hijos porque ellos no lo pueden hacer?
– Hay un encontronazo de dos generaciones en Uruguay y también sucede en toda Latinoamérica.
Los padres que le exigen a las instituciones que eduquen a sus hijos porque ellos son fracasados y el encontronazo de los hijos con las instituciones. A pesar de todas las que existen ejercen líneas muy rígidas con una labor violenta para poder educarlos.
Hay una incomprensión e invisibilidad de los jóvenes, las instituciones no saben qué tipo de nuevos sujetos sociales se están construyendo a nivel psicológico, a nivel diserativo, a nivel sexual y a nivel productivo. No se tiene idea de las nuevas generaciones ni de sus nuevos proyectos y no pueden soportarlo.
-Esa «incomprensión» se vislumbra en esa tradición autoritaria que influye en la educación de esos jóvenes.
-Hay un viejo olor a rancio. Todavía hay una serie de estructuras institucionales dictatoriales que se imprimen en las formas distintas o modernas de hacer educación o de hacer reclusión para los jóvenes.
Algo que yo pienso mucho es que, todavía en pleno siglo XXI se sigue pensando en cómo castigar a los niños y cómo recluirlos con esa transmisión histórica dictatorial del viejo autoritarismo. «A los niños hay que castigarlos», «hay que someterlos», «hay que hacerlos sufrir para que aprendan». En este viejo olor a rancio de la dictadura de la que salieron hace veinte años todavía, hay instituciones que siguen impregnadas y se reproduce como si fuera lo normal. Falta desmontar toda esa tradición autoritaria dictatorial que tiene que ver en como educar a los niños.
-Eso se visualiza claramente en el sistema carcelario.
– Es el extremo más evidente, más impune de la escuela en su posición más autoritaria, es la manera en que los jueces y los carceleros tienen su lectura de como educar a los niños dentro de la prisión. Hay niños en la Colonia Dr. Berro que han sido encerrados 22 horas al día durante meses y años como un extremo de lo que estamos hablando.
Por eso puede ir un padre, producto de esta cadena y «agarrar» a un maestro del cuello, porque ya no es el maestro, es todo el sistema de símbolos que actúa en el sistema correccional y educativo de los niños presente en una vieja forma heredada de la dictadura en el Uruguay.
Pero hoy este país está en una gran posibilidad de reflexión en cuanto a los sistemas correccionales.
– A partir de nuevas autoridades…
– A partir de nuevas autoridades. A partir de una refundación del Estado y de esos sistemas.
El tema es analizar en términos filosóficos quién merece en esta sociedad castigo y ese castigo cómo implementarlo y de qué manera. Se debe tratar de ver como se llega a ese «evento de corrección» sin ser tan cruento y tan violento, y que no herede las formas autoritarias de desaparición del sujeto porque «se portó mal».
En este país se liberarán a mil personas que estaban encerradas en las cárceles de varones, pero nada se ha dicho sobre las cárceles para niños y adolescentes.
Si a los adultos se les da esa oportunidad por qué se vuelve tan invisible la propuesta para liberar a niños, cuando ellos no están tan comprometidos en una situación tan compleja como la del delito.
Ellos tienen más posibilidad de ser reinsertados y de reeducarlos, de que se los vuelva a guiar en una situación de contención social.
¿Porque no se ha pensado en los niños? ¿Y las niñas? De ellas no se ha oído ni una sola palabra.
-¿Entonces no habría que comenzar primero por las niñas, niños y adolescentes?
-No, al mismo tiempo. Lo que hay que producir es una cultura de aceptación del rechazado. Hay que empezar a construir cabezas nuevas en la sociedad uruguaya para que entiendan que los que egresan tienen derecho a tener una segunda oportunidad.
Si todos afuera tenemos derecho estas personas con más razón, porque ahí se va a instrumentar el verdadero sentido democrático de inclusión de la diferencia. Si la sociedad no cambia sus percepciones sus lecturas sobre la diferencia quién sabe que va a pasar.
Ficha Técnica
Especialista mexicano Raúl Villamil Uriarte
Licenciado en Psicología Social
Especialista en Grupos bajo la asesoría del Dr. Armando Banteo
Diplomado con Jaques Ardoino en Evaluación Institucional
Doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco (AUMX).
Profesor investigador de la AUMX en el área psico-educativa y social.
Fundador de la maestría en Psicología Social Grupal e institucional en AUMX. *
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