Atención vecinos de Fray Bentos y aledaños
Greenpeace además de criticar con errores y falsedades a las plantas de celulosa en el Uruguay, ha elaborado una «Guía para un sexo respetuoso con el medioambiente».
Transcribo casi textual el artículo:
El primer consejo práctico, que da una idea del nivel científico de esta guía del sexo ecológico, consiste en «apagar las luces», porque «todos tenemos que poner algo de nuestra parte para detener el cambio climático» reduciendo el consumo de energía. «Si quiere ver a su pareja o lo que está usted haciendo, haga el amor durante el día», aduce la guía con aplastante sensatez. (Y además a oscuras no pasás vergüenza al verte en cueros)
Este catecismo del sexo ecológico recomienda también evitar el consumo de ostras y mariscos como afrodisíacos, ya que eso contribuye a la extinción de la ya exhausta fauna marina. Como alternativa, sugiere bebidas de hierbas como el guaraná y el caju, cuyos cultivos son respetuosos con los bosques del Amazonas.
También nos recuerda Greenpeace que el uso de pesticidas y fertilizantes puede ser peligroso para aquellos que imitando el cine hollywoodense de los años 50 quieran hacer el amor en un pajar. «¿Quiere usted realmente poner su desnudo trasero sobre un hierbajo asesino?», pregunta Greenpeace. Olvidándose que cada cual hace de su trasero un pito, sea este mutante o no.
La práctica del sexo ecológicamente consciente exige igualmente renunciar a peligrosos accesorios fabricados con PVC cuando se puede tener lo mismo «con sustancias naturales como caucho y cuero». ¿Preservativo de cuero? Tá bravo, ¿no?
Puesto que «más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua limpia, bañarse solo/a es un atentado ecológico».
La revolución avanza, aquella vieja consigna: «Â¡Acrocel, que se acaba el mundo!» ya fue. Ahora hay que Acrocel para salvar al mundo.
(Yo digo, ¿aquello de masturbarse con azúcar y las moscas, atenta contra el medio ambiente?) *
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