MARIA BELEN CORREA ES LA PRIMERA TRANSEXUAL ARGENTINA QUE RECIBIO ASILO POLITICO EN ESTADOS UNIDOS

"Los uruguayos son respetuosos: nunca nos gritaron ni nos ofendieron en la cara"

Preguntá lo que quieras», aclararon las tres antes de comenzar la entrevista con este diario. Y fueron sinceras. Las transexuales argentinas no se callaron nada: hablaron de las persecuciones y los maltratos policiales, de su relación con la sociedad tanto en Argentina como en Uruguay y de los avances logrados en la lucha por la diversidad. Se refirieron también a la falta de educación «de la mayoría de los transexuales» y a la «mayor tolerancia de la familia hacia los travestis».

María Belén Correa tiene 32 años y vive actualmente en Nueva York. Es la primera travesti argentina que recibió asilo político en Estados Unidos luego de denunciar persecuciones y amenazas por parte de la policía de su país. El 8 de diciembre del año pasado, la Corte de Inmigración Nº 26 de Nueva York otorgó este beneficio a María Belén, que ya vivía en Norteamérica desde hacía cuatro años.

María Belén comenzó a sufrir persecuciones y amenazas luego de fundar la Asociación Travestis Transexuales Transgéneros Argentinas (ATTA). Pero no fue la única: de hecho, unas cincuenta transexuales argentinas están asiladas en distintos países del mundo, la mayoría en Europa, por estos motivos.

«Mientras Argentina es considerada la meca del turismo gay, los policías te persiguen y el Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires no contribuye en casi nada», se quejó la fundadora de ATTA. Pero esta realidad se vuelve casi insignificante cuando se menciona la cifra de travestis asesinadas en el país vecino. Desde el año 83 a la fecha «mataron a 178 compañeras. Este año hubo tres homicidios en distintas provincias».

Pero si de hablar de maltratos se trata, María Belén contó que la policía en Argentina «te persigue, te pide coimas, te filma cuando trabajás y hasta te detiene cuando vas al súper o te bajás de un ómnibus». A la hora de detallar acerca de las coimas que aseguran que deben pagar «para trabajar tranquilas», se permitió un comentario irónico.

«Cuando estaba el uno a uno con el dólar, te pedían 50 pesos argentinos (430 pesos uruguayos), pero con la devaluación ha bajado la caja chica de la policía, por lo que te sacan de 10 pesos para arriba», bromeó.

 

Cambio de sexo en Chile

Marcela Romero, de 42 años, es la actual coordinadora general de esta asociación que lucha por los derechos humanos. Vive en Capital Federal (Buenos Aires) pero se instaló por siete años en Uruguay, durante la última dictadura argentina. Es la única de las tres argentinas que se sometió en Chile a una operación para cambiarse el sexo. A pesar de que ya ni siquiera tiene genitales masculinos, aún hoy espera el trámite de rectificación de su partida de nacimiento.

Es más, recordó que cuando debió renovar su documento la obligaron a ponerse «una camisa con cuello de hombre, tirarse el pelo para atrás para que se vean hasta las patillas y que resaltaran los rasgos masculinos». En ese caso, Marcela acató la orden porque «tenía que hacer el documento».

Pero cuando tiene que reclamar algo lo hace. De hecho, se quejó porque el gobierno «no imprime folletos para las transexuales, con sus códigos y necesidades». Cuando debió detallar los códigos que usan para referirse a determinadas palabras, Marcela dijo que «al fellatio se le llama «chupada», al HIV «pepe» o «teje» y al condón «forro».

Las dificultades por las que atraviesan también fueron reveladas. En este sentido, María señaló que «muchas transexuales no tenemos educación». Y explicó por qué: «El primer grupo social es la familia, pero por el qué dirán, la familia es la primera en rechazarte. A los 12 o 13 años te echaron de tu casa, ¿vas a entrar a la escuela secundaria que es el segundo grupo social?, lo dudo».

No obstante, la transexual opinó que «se podría decir que actualmente hay más tolerancia en las familias, porque a las nuevas generaciones se les hace más fácil identificarse dentro de su núcleo familiar».

Es más, «para la sociedad ya somos conocidas. Saben quiénes somos, incluso salimos en televisión», dijo en referencia a las travestis argentinas, como Florencia de la V, que llegaron a ocupar un lugar destacado en la farándula de ese país. «La aparición de travestis en novelas generó que la familia estuviera al tanto de lo estaba por convertirse su hijo o hija».

 

«Se elige a una y al resto hay que taparlas»

Sin embargo, María Belén sostuvo que «siempre se elige a una y al resto hay que taparlas. Por eso hay que generar un acercamiento con la sociedad porque la trans no es sólo la prostituta sino que tiene pareja, hermanos, tíos y sobrinos».

Luisa Paz tiene 42 años y es la coordinadora de ATTA en Santiago del Estero. La realidad que viven las transexuales en esta provincia argentina la obligó a asegurar que en «Argentina se avanzó en la lucha por la diversidad». Es que, según contó, en Santiago del Estero las travestis no «estamos color de rosa pero tenemos más libertades que en otras provincias».

«En Santiago del Estero hay libertad porque el gobierno está a nuestro favor y poniendo el oído para ayudarnos». En este sentido, Luisa detalló que se aprobó un microemprendimiento (taller de costura) encarado por transexuales. Además «se implementó en un hospital de primeros auxilios un sistema de atención exclusivo para la diversidad».

Esto permite a las transexuales asistir al médico en el horario de la tarde. «Antes teníamos que ir a la madrugada para que nos dieran el turno, a la noche para que nos atendieran y dos semanas después para retirar los análisis». En cambio ahora pueden ir los lunes, miércoles y viernes, de 14 a 18 horas y consultar a los distintos especialistas.

Las tres argentinas vivieron en Uruguay. Y dijeron que en «ningún momento» sintieron una ofensa de parte de los uruguayos, cuando en Argentina les pasa «seguido». En Argentina, «si te pueden agredir lo hacen seguro», en cambio en Uruguay la gente «es más respetuosa».

Para avalar su afirmación, María Belén dijo que «cuando caminábamos por 18 de Julio las cuatro juntas, que somos una manifestación, en ningún momento sentimos un grito ofensivo o agresivo. Aquí por lo menos se toman el trabajo de esperar a que pases para comentar. Seguramente lo hagan, pero yo no lo veo, y es distinto a que te griten en la cara».

Pero a la hora de hablar de la policía, las tres coincidieron en que «es la misma en Uruguay, Argentina y Estados Unidos». Las transexuales no mintieron: contestaron todo. *

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