"El maltrato es una forma violenta de relacionarse, prolongada en el tiempo"

Jimena Prato es psicóloga y coordinadora de la campaña de vacunación contra el maltrato hacia niños y adolescentes en el interior del país. Trabaja en la Cooperativa Andenes, una organización que comenzó su trabajo hace seis años en la temática del maltrato y la violencia sexual de niños y adolescentes. En una entrevista con LA REPUBLICA, la profesional detalló los signos que reflejan los diferentes tipos de abuso, los factores que determinan la existencia de esta problemática y se refirió al comportamiento que muestran las víctimas de abuso.

 

–¿Cuáles son los signos que reflejan los maltratos físicos, psicológicos y sexuales?

–Los hematomas y golpes son indicadores específicos del maltrato físico. Pero también hay inespecíficos, que tienen que ver con los aspectos conductuales y que reflejan cómo los niños manifiestan que están viviendo estas situaciones. El cambio en el rendimiento escolar es un signo característico. Tienen un perfil deprimido, están tristes, apáticos. En la escuela y el barrio son niños tímidos, inhibidos y que tienen dificultades para relacionarse con los adultos y también con sus pares. También se manifiestan con conductas de agresividad importantes, como aquellos que son terribles en el aula. Los signos de abuso sexual son lesiones o hematomas en el ano o se manifiestan a través de conductas sexuales inadecuadas para su edad: dicen cosas o tienen información que no son propias para la edad. Y detallan situaciones que las conocen por el abuso.

 

–¿Estos indicadores son iguales para todas las edades?

–Son diferentes según las edades. En los adolescentes aparecen conductas como fugas del hogar, intentos de autoeliminación y consumo problemático de drogas.

 

–¿Qué factores determinan la existencia de un maltrato?

–La violencia familiar es un modo de vincularse hacia los niños que se da en forma sistemática y prolongada en el tiempo. No es un episodio aislado. Todos hemos sido víctimas y victimarios aislados de una situación abusiva. Pero una cosa es que nos demos cuenta, reflexionemos sobre esa situación y pidamos perdón, y otra son las familias que resuelven los conflictos en forma violenta. El maltrato tiene que ver con situaciones de negligencia y abandono.

 

–¿El niño maltratado denuncia o habla de su situación?

–Depende de la edad y el tipo de maltrato. Pero lo cierto es que lo pueden decir contándolo. Y ahí lo importante es que los adultos les creamos. Si un niño dice que el papá o la mamá le tocó la cola hay que escucharlo y luego ayudarlo, pero primero hay que creerle. En realidad lo hacen muy poco. En este sentido, cuanto más podamos vivir en una sociedad con menor vulnerabilidad de derechos de los chicos, de mayor promoción de su participación, con educación sexual y educación en derechos vamos a tener espacios más habilitantes para que los niños hablen.

 

–¿No hablan porque creen que su realidad es normal?

–En el caso del abuso sexual no lo hacen porque están amenazados; el secreto configura la situación abusiva. En el maltrato físico tal vez lo dicen en forma naturalizada y por eso no se concibe como problema.

 

–Incluso los padres abusadores tienen «coartadas» ya armadas para disimular los golpes de los niños…

–Las mentiras aparecen frente a las instituciones. Por eso es fundamental cambiar los dispositivos de atención para que los niños sean sujetos de derecho en la salud, educación, en los juzgados, Policía y en todos los sectores que involucran a la infancia y adolescencia. Ser sujeto de derecho no debe ser una frase, por lo tanto los niños tienen que tener derecho a una consulta médica y a un abogado, entre otros. Todos estos actores se transforman en habilitantes de una detección lo más precoz posible. *

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