Expectativa e incertidumbre por tesoro en isla Robinson Crusoe
El anuncio de la empresa local Wagner de que encontró la ubicación exacta de un tesoro que tendría unas 800 toneladas de oro generó una euforia inicial que se ha ido convirtiendo con los días en incertidumbre en esta isla, situada en el Pacífico a 700 km de la costa central de Chile, convertida en Parque Nacional y Reserva Mundial de Biosfera por la Unesco.
A esa sensación de desencanto se suma el hecho de que el gobierno chileno anunció que, por ley, el 100% de lo que se halle quedará en poder del Estado.
La expectativa se centra ahora en una reunión prevista para este lunes en Valparaíso entre las autoridades de la isla y del gobierno chileno con los representantes de Wagner, que han dicho haber realizado el increíble hallazgo a través de un robot que detecta metales.
Es el tesoro más grande de la historia», han repetido en varias oportunidades los representantes de la empresa.
En caso de no haber acuerdo sobre la forma de repartir la fortuna, Wagner amenazó con no revelar nunca su ubicación.
En ese caso el tesoro seguiría entre los frondosos cerros y quebradas de la isla que inspiró al escritor inglés Daniel Defoe a escribir en 1729 su novela «Robinson Crusoe», basada en la historia de un marinero escocés abandonado allí en completa soledad en 1704 y rescatado cinco años después.
Entre los incrédulos se destaca el empresario estadounidense Bernad Keiser, quien desde hace siete años lleva adelante su propia búsqueda, hasta ahora sin éxito.
«Es absurdo pensar que lo encontraron», dijo Keiser a la AFP, al iniciar una jornada más de su arduo trabajo de excavaciones, que realiza junto al arqueólogo chileno Héctor Vera y una cuadrilla de 10 trabajadores en el sector de Puerto Inglés, distinto a la ubicación que señaló la empresa Wagner, especializada en tecnología.
El tesoro parece ahora más lejano y ya no es el tema exclusivo de conversación de los casi 600 habitantes de Robinson Crusoe, que durante días soñaron con lo que allí se hallaría.
«En el caso de Bernard Keiser hubo siempre un involucramiento de la comunidad en la búsqueda y se dio por hecho que, de encontrarse, la comunidad sería la primera beneficiada. Pero (con el caso Wagner) fue de un día para otro, la gente no alcanzó a alegrarse cuando ya el Fisco reclamaba la propiedad del tesoro», explica el alcalde Leopoldo González.
Por eso ahora, reunidos en las estrechas calles del poblado de San Juan de Dios, los habitantes de la isla parecían volver este lunes a sus habituales charlas sobre asuntos más domésticos, aunque sin dejar completamente de lado los sueños de fortuna que revivió la noticia.
La leyenda cuenta que en 1715 el navegante español Juan Esteban Ubilla y Echeverría ocultó aquí un cuantioso tesoro, que luego habría sido desenterrado y llevado a otra zona de la misma isla por el marino inglés Cornelius Webb.
En silencio muchos sueñan desde hace años con el millonario botín escondido por piratas ingleses y españoles que llegaron hasta este refugio para reponer fuerzas tras sus correrías por los mares del sur.
Pero en una especie de vuelta a la realidad, el tema central que preocupa ahora a los isleños es el inicio del período de extracción de la langosta, su principal recurso marítimo y el sustento económico de la mayoría de ellos.
Después de cuatro meses de veda, los pescadores reanudaron hace dos días las labores de recolección y este lunes se podían ver los primeros ejemplares de la codiciada langosta, cuyo valor por unidad alcanza en la caleta los 15 dólares, pero servida en un restaurante del continente puede llegar hasta los 40 dólares. *
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