URUGUAY COMENTA EL ASUNTO, BRASIL HACE EL NEGOCIO

Brasileños confirman que antes de fin de año colocarán agua del Acuífero Guaraní en Medio Oriente

Aunque es un bien común de todo el Mercosur, los brasileños apenas dudaron. El negocio les ha llevado menos de un año focalizarlo, pergeñarlo y hacerlo operativo, mientras en Uruguay, oficialmente, apenas si hay algunos reclamos en el Parlamento.

Alguien podría opinar que los brasileños han tenido singular inventiva para vender agua de su subsuelo a los árabes. Absurdo. A comienzos de los 90, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) advertía ya sobre las características estratégicas del Acuífero Guaraní, anticipando que su posesión era hipótesis de conflictos bélicos para este siglo. Argumentaba la OTAN que el área de mayor reserva energética (Medio Oriente), y los polos industriales «amigos» (Mediterráneo occidental, Estados Unidos), tenían sus reservas acuíferas agotadas, con peligro para la continuidad de su economía y sustentabilidad.

Los brasileños, lejos de complicarse, advirtieron la ventaja. Contactaron a los árabes, o mejor aún, los invitaron a una reunión estratégica. A su impulso, el Mercosur suscribió con el Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (que integran Emiratos Arabes, Arabia Saudita, Kuwait, Oman, Yemen, Qatar y Bahrein), un Tratado de Cooperación, para establecer acuerdos de asociación e inversiones en áreas estratégicas. La explotación comercial del agua subterránea quedaba perfectamente enmarcada en el acuerdo.

 

Santana agradecida

Cruzando la avenida internacional, en Rivera, se entra en Santana Do Livramento. Bajo todo el departamento y la vecina «prefeitura» discurre a sólo 150 metros de profundidad (uno de los puntos donde está más cerca de la superficie) el acuífero. Los casi 100.000 habitantes de Santana, harto conocen el asunto: 39 pozos los abastecen diariamente con 30 millones de litros del, ahora, «melhor agua do mundo».

Es que los brasileños apenas llegan a consumir el 40% del volumen, casi que un «abuso planetario», si tenemos en cuenta que en Etiopía, con 50 litros se abastecen tres familias cada día durante la seca. Pero los etíopes son pobres. Los árabes tienen aún menos agua potable de buena calidad que los etíopes. Pero están dispuestos a pagar hasta 12 veces lo que paga un brasileño, por un litro de agua embotellada. Los 18 millones de litros de excedente diario de nuestros vecinos pueden ser trasladados en camiones cisternas al puerto oceánico más próximo y en dos semanas estar en Medio Oriente. Embotellado demora algunas horas más. No en vano, durante la cumbre con los países árabes, el jefe de la delegación brasileña era Marcirio da Silva, secretario del Departamento de Aguas de Santana Do Livramento.

Los capitales privados árabes y la Prefectura de Santana acordaron un primer envío experimental de 300 mil litros, en botellas de un cuarto, antes de que culmine 2005.

El asunto coincide con el anuncio del Plan de Asociaciones Público-privadas, aprobado a nivel nacional por el presidente Lula, con el que capitales privados se acoplarán a la Prefectura, concretando el saneamiento de la ciudad, acuerdo que incluye la «captación, tratado y distribución, del agua potable». A propósito: los argentinos, aunque se quedaron algo atrás intentan recuperar terreno. La provincia de Misiones (aunque cuenta con el acuífero a casi 1.000 metros de profundidad) anunció el inicio de un complejo de aguas termales, en la localidad de Obero, a concretarse antes de noviembre. A la vista de lo que hacen los brasileños, ahora hicieron extensiva su perspectiva a la venta directa de agua al exterior.

Los volúmenes de agua subterránea, patrimonio común de toda nación mercosuriana, están lejos de poder regularse en común, ya que la soberanía al explotar recursos naturales dentro de cada territorio siempre fue evaluada como cuestión interna. Sin embargo, y más allá incluso de que todo recurso es finito, los geólogos afirman que no hay compartimentos estancos en el acuífero: cualquier contaminación podría afectar el todo. Y aunque parece ilógico pensar que algún país pueda extraer todo el acuífero, a los científicos no escapa que ríos enteros, humedales, el sistema en su conjunto, dependen del acuífero.

Aunque los geólogos aún tienen algunos estudios finales que hacer, lo cierto es que el consumo uruguayo de agua potable en absoluto sería independiente del acuífero, en caso de que este último sufriera degradaciones de alguna índole. Algunas voces se han elevado en los últimos tiempos a nivel del Senado sobre el particular, aunque sin consecuencias ulteriores. Así, Eleuterio Fernández Huidobro ha alertado en varias oportunidades sobre el beneficio y a la vez el peligro que entraña estar «sentados» sobre el mayor reservorio de agua subterránea del continente. Sus advertencias se hicieron extensivas en distintas contratapas de LA REPUBLICA, de la pluma del legislador.

Por su parte el nacionalista Gustavo Penadés, realizó tres pedidos de informes a los ministerios de Relaciones Exteriores, Vivienda y Medio Ambiente y Transporte y Obras Públicas, acerca de la potestad que asiste a Brasil en el marco del Mercosur para explotar este bien común, así como las providencias adoptadas ante el hecho. Aún aguarda respuesta.

A nivel técnico, el Proyecto Acuífero Guaraní, desarrollado con apoyo de OEA, BID y Banco Mundial, ha establecido como imprescindible la regulación de los volúmenes explotados, en tanto las reservas explotables, corresponden a la recarga natural del acuífero, estimada en unos 166 quilómetros cúbicos anuales. La recarga es producto tanto de la filtración directa de lluvias, como del drenaje, en áreas cuyas rocas permiten flujos descendentes.

Las conclusiones de los especialistas insisten en que sólo una parte de las reservas es explotable si se desea hacer un uso sostenible del recurso, lo que implica un gerenciamiento adecuado de los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Efectivamente fue a comienzos de 2005 cuando los gobiernos declararon al agua: bien social de los pueblos del Mercosur, con la recomendación expresa de proteger los recursos hídricos de la región. Tanto la Carta de Iguazú, de 2004, como la Cumbre de Rio de Janeiro de 2002, estipularon además el compromiso de las naciones mercosurianas de preservar los recursos naturales y no explotar los comunes sin consultas previas. *

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