Vida interior
Trusas, bragas, calzones, bombachas, chabombas o como quiera llamárselas, lo cierto es que dos por tres son noticia.
Por ahí anduvo el ladrón de bombachas ¿Qué hacía con ellas este descuidista de calzones? ¿Las usaba?
En Japón existen casas que venden bombachas usadas. Es más, el comprador puede elegir a la mujer que usará la bombacha –la selecciona desde atrás de un doble espejo–, y también decidir la cantidad de días que ella sea usada (ella, la bombacha, no ella, la «usadora»).
En esta misma columna hemos informado sobre la creación de «bombachas inteligentes», con microchips que harían infinidad de cosas. Parece que las han perfeccionado y estas chabombas sabihondas ahora cuentan con un sistema «anti-apasionamiento-que-luego-te-vas-a-arrepentir». Parece que se negarían a ser bajadas sin antes contar hasta 10 muy lentamente en una especie de reloj incorporado. (Ya han anunciado un nuevo modelo por el cual las madres podrán ajustar el «reloj» de 10 hasta 100).
Yo sabía de varios intentos de poner publicidad en las prendas íntimas. Es más, los avisos tenían distinto precio de acuerdo al lugar en que se colocaran.
Ahora me entero que también las usan para dar mensajes cristianos. Así lo podemos constatar en «Adult Panties, with a Christian Message: Evange lingerie», donde evangelizar se transforma en evangelencería.
Yo no sé qué opinará la gente del Opus, pero allí se asegura que las distintas inscripciones han dado resultados altamente positivos. Algunas de las bombachas que se muestran allí tienen impresas: dos manos rezando y las inscripciones: «¿Qué hubiera hecho Jesús?», «¿Dónde quieres pasar la eternidad?», «Con esa misma boca es con la que rezas», «Dios está en todas partes, incluso aquí» y se dice que hay unas especiales que tienen la cara de Dios impresa del lado de adentro.
Ya no se puede creer en nada. O mejor dicho, hoy hay que creer en todo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad