Prohibido para nostálgicos

Días de radio

Todavía se sienten los coletazos de la pasada «noche de la nostalgia». Y la principal abanderada fue la radio que demostró una vez más que cuando se pone las pilas puede movilizar multitudes. No es una novedad ya que siempre estuvo vinculada al corazón popular de la gente. La memoria, de orejas grandotas, va a contar sus versos de aquellos pioneros que abrieron caminos en el éter. Laburantes y luchadores artistas que transformaron a los montevideanos de antaño en empedernidos «escuchas». Días en que Juan Carlos Patrón charlaba de teatro en Radio El Aguila.

Esa misma emisora entusiasmó a los vecinos que no querían perderse sus folletines y novelas policiales como aquella serie titulada «El cuarto misterioso» que mucho después llegó al biógrafo como «El misterio del cuarto amarillo». En la onda de CX48 estaba la Estación Femenina que revolucionaba los hogares los martes de mañana con sus clases de gimnasia. Las doñas corrían de apuro los muebles del comedor, tiraban un colchón al piso y soñaban con tener la silueta de Josephine Baker. En la 46, el llamado «Frégoli del éter», Eduardo De Pauli era un fenómeno de comunicación y entusiasmaba a sus miles de oyentes. por eso no extrañó cuando él solito con su increíble poder de convocatoria llenó el Estadio Centenario de sus escuchas que querían verlo en vivo. En la antigua Sadrep, un joven speaker deportivo de apellido De Feo contagiaba a todos su amor por el básquet y fue un adelantado en las transmisiones deportivas internacionales. El programa llamado «El reino de la mentira» conducido por Charles mantenía la moda de solicitar cartas a los oyentes. Los inicios de este estilo de radio se ubican en la figura de Miguel Angel Manzi quien en apenas una semana llegó a recibir casi 800 cartas. Luego llegaría el ciclo «Las buenas noticias de Rausa» donde los estudios se llenarían de cartas con historia verídicas que daban ejemplos de vida.

En la emisora Edison todos los sábados se podía escuchar una película de la Argentina Sono Films como aquellas de Enrique Muiño y Angelito Magaña. Los timberos también tenían fanatismo por la radiotelefonía. Los domingos de mañana no se perdían el programa de Pomery con todos los datos y «fijas» para salir de perdedores y dar el batacazo. En la Radio El Aguila, Ramón Collazo demostraba por qué lo llamaban «el as de la parodia» con su galería de satíricos personajes. Las colectividades de inmigrantes hicieron de la radio un cálido sentimiento de recuerdos compartidos y una forma de estar muy unidos. Toda la Villa Muñoz y su barrio judío escuchaban ya sea en las tiendas o sus hogares la llamada «Hora Israelita». en las noches sabatinas la Tribuna Sonora comenzó el estilo de programas llamado «bailables» donde se confundían las milongas, tarantelas y mambos. El deporte futbolero tenía en la CX 32 la voz del gran relator Chetto Pelliciari una personalidad llamada a ser leyenda. Con más recuerdos y música del ayer los esperamos todos los sábados, a las 19 horas, en la 1410 AM LIBRE.

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