PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

La noche de los recuerdos

Es la noche en que todos le dan manija a la matraca del tiempo. Aunque la muchachada se prende al festejo, las que realmente disfrutan son las parejas de 40 y 50 abriles. Le pusieron «La noche de la nostalgia» y todos a mover las tabas recordando los días del ayer. Este veterano escribidor se siente como calamar en su tinta. Y junto a todos vamos armando un carrusel de recuerdos.

Aparecen noctámbulas postales de un Montevideo que de noche respiraba agitado.

Las boites de antes surgen entre el humo del tabaco y las burbujas del champagne. Allá de bien lejos, llega la pionera La Mezquita que en San José y Julio Herrera juntaba flor de majuga de nenes bien, políticos, gente de avería y cada mina que mejor ni te cuento. Luego apareció «Dominique» en Carrasco, donde se escuchaban los discos de Edith Piaf y Georges Brassens. Cuando el viejo siglo cumplía sus 60 añitos fueron apareciendo varias boites que sumaron a sus shows muchos artistas de renombre internacional. Allá en plena Punta Gorda, en la curva del ensueño, nació la espectacular «Chez Carlos». Hasta allí llegaba la figura de Pedrito Rico y sus pícaras canciones. Hasta se dieron el lujo de traer a Silvie Vartan y Domenico Modugno. Figuras habituales en esa lujosa boite fueron las exquisitas Marly Vieira y Maysa Mattarazo. Por el montevideano centro aparecieron «Orfeo Negro» y «Bonanza», que en un principio tuvieron artistas de quilates como Armando Manzanero y una tímida folclorista muy joven llamada Mercedes Sosa. Por Ibicuy y Soriano estaba «Barmo Club», que se destacaba por los talentos nacionales como el pianista Gerardo Spano, los Martin Brotters, Jimi Carlo, Julio Cheda y el propio Rada. Por Cuareim casi 18 de Julio se bajaba por una escalerita y llegábamos al cálido ambiente de «Teluria», donde un muchachito al que apenas le crecía la barba tocaba virtuosas melodías acompañadas de enigmáticas letras. A veces se entusiasmaba con los ritmos condomberos y los parroquianos le gritaban bien fuerte «Â¡Tocate otra Mateo!» Pero las postales de esta noche nostálgica también nos muestran a las enormes salas de bailes populares. En el Parque Hotel fueron un clásico el Sexteto Electrónico Moderno y Los Delfines. A veces llegaban los suecos del Con’s Combo y los pibes de Los Mockers para agitar la sala de ese linajudo hotel del Parque Rodó. La música tropical se acercaba y los cambas y petiteros llamaban a esos bailarines de cumbias con adjetivos como terrajas y fornegas. Pero igualmente los bailes de El Colón, el Coben, la IASA y el Rowing se llenaban a más no poder. Plenas y cumbias al compás de Ruben Darelli, el Combo Camagüey, Grupo Latino y Manatí. Por los carnavales la presencia de Los Wawancó era una fija en aquellas grandes salas. Si hasta el tango se vestía de gala en esos años 60 con el Ambassador Club, en los altos del Vaccaro, donde los muchachos de antes admiraban a D’Arienzo, Enrique Rodríguez, Roberto Firpo y los tambores de Alberto Castillo. La nostalgia, un bichito sensiblero que a todos pica una noche al año y la gente sale corriendo a mover el esqueleto y sus rítmicas caderas. Con más recuerdos y música los esperamos todos los sábados, a las 19.00 horas, en la 1410 AM LIBRE. *

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