Cada vez más pobres

Vivo en una casa que tiene más de 70 años A medianoche oí un chirrido. Gatos jorobando en el techo, pensé. Mis perros dando vueltas por la casa, pensé. Como el chirrido siguió, me levanté y miré para afuera, a la calle. No vi nada. Me di cuenta en ese instante que los ruidos no eran ni gatos ni perros, alguien estaba haciendo algo con la puerta de mi casa. Abro, miro. Todo bien. Toco los adornos de bronce que tiene la puerta, estaban flojos, forzados, desatornillados. Miré con más atención la calle y en la vereda de enfrente, detrás de un auto, detrás de un árbol, había un tipo con casco montado en una moto. Delivery, pensé, haciendo entregas a medianoche. Me quedé un rato más en la puerta, el de la moto sale de detrás del árbol, pasa delante mío, y me mira con mirada desafiante. «¿Porqué me mira así?», pensé. Y me di cuenta y no seguí pensando. El tipo desapareció por la esquina. Yo cerré la puerta de mi casa y me despedí de los adornos de bronce que llevan más de 70 años en la puerta, con la seguridad que, una de estas noches, no van a estar más y que vamos a ser, desde esa noche, un poco más pobres. *

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