Prohibido para nostálgicos

Viejo Palermo

Mientras la gripe, resfríos y otras yerbas hacen de las suyas, no queda otra que arrimarnos al calor de los recuerdos. El viejo escribidor busca la tibieza de los barrios del ayer. Cuando la fraternidad respiraba entre los vecinos de los entrañables conventillos. Surge el nombre de un barrio con alma, el viejo Palermo. Por la mitad del antiguo siglo desfilan las imágenes de los negros muy unidos apechugando la pobreza. Ahí está el Medio Mundo con su patio lleno de piletas de hormigón macetas con malvones y, en la entrada, la enredadera tan verde como la esperanza. Cantos esquineros, palo y tamboril añorando a los legendarios Nyanzas y la Fantasía Negra de Pedro Ferreira. Personajes con la piel de ébano y sangre caliente bailan en las calles del tiempo. Aparece Pirulo Albín, la Negra Jonhson, la Rosa Luna del cielo al lado de la Marta Gularte de los sueños. Por el empedrado de Ansina dándole un besito al tinto semillón llegan los duendes escoberos Triqui Triqui, Velázquez y Melogno. La amistad desborda en los viejos boliches. El Casupá de Isla de Flores con el maestro González Prado y un manojo de bohemios negrazos. ¡Qué te puedo contar del Café Palermo, de Maldonado y Ejido! Ahí nunca faltaban los empleados municipales que se rajaban al toque después de tomar una cañita. Y mariposeando entre las mesas aquella pibita rápida buscando algún ingenuo que la bancara.

Estallan las risas con los cuentos del Ñato Pedreira y las anécdotas del pícaro Rodríguez Andrade. Aunque estuvieras en agosto siempre se vivía la tibieza de los aires de febrero y su carnaval.

La mítica sede de Mar de Fondo está pidiendo cancha a la memoria compañera.

Inolvidables sus tremendas festicholas como aquella cuando el crack Bianchini fue contratado por Peñarol. ¡Silencio y respeto! está ensayando la coral de Mar de Fondo y sus morenos de voces muy graves. Resuenan las canciones de las troupes que inundan la cuadra para perderse entre la rambla y el Lucero. Y por las cercanas rocas no faltaba un rancho donde los vecinos bajaban para darle al chupín de pescado al sonido del río tan ancho como un mar.

Estampa del viejo Palermo fue Emilio Peduto, deportista y bohemio, seguido por la botijada dándole a la guinda de cuero en las canchitas y potreros.

Barrio linajudo en su tradición de los guantes con su academia de boxeo. Negritos guapazos con berretines y sudando por imitar a los ídolos Pocholo Burgues y Santos Pereyra que fueron magos de las piñas. Pibes del barrio que en esa academia sudaban de lo lindo dándole a la bolsa o esmerándose con la incansable perita. El aroma de los recuerdos se inunda con aquellas recién horneadas medialunas de la panadería Centenario. Y cuando andabas en la llaga y con los bolsillos pelados tenías la quiniela salvadora en el salón del Pechuga. Ahora que se cumplen tres años desde que Marta se fue a bailar al cielo, quisimos hablar de Palermo. Amasijo de recuerdos para calentar este invierno con las añoranzas de la calle Ansina. Con más estampas de antaño y buena música los esperamos todos los sábados, a las 19 horas, en la 1410 AM LIBRE. *

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