Tradiciones, conjuras y sentencias en las predicciones meteorológicas de los uruguayos
A demás de los informes de los predictores habituales -hoy muchos de ellos convertidos en verdaderos showman televisivo, pingüinos incluidos- hay una serie de señales más utilizadas popularmente para preanunciar lluvias, tormentas, granizos o temporales de viento, desde los dolores del reuma del abuelo, hasta los sabañones, los juanetes siempre inoportunos, los perros según se acuesten, panza arriba o no, el humor de algunos-y algunas-, etcétera.
Predecir el tiempo ha sido siempre, desde las más antiguas civilizaciones una preocupación que ha coexistido entre la imaginería y la veneración, y entre nosotros, muchas sentencias populares se han folclorizado y son comunes en nuestro medio rural. Han habido paisanos y matronas que ganaron justa fama con sus conocimientos y sus anuncios, tan fundamentales para muchas faenas rurales, desde la siembra, hasta la cosecha, las carneadas, o el traslado de rodeos a pastoreos altos o bajos.
El Indio Gutiérrez y el dedo gordo de Barragán
Los nombres de algunos han trascendido más allá de sus aciertos o sus yerros. Por ejemplo el Indio Gutiérrez en lares maragatos, que no solamente pronosticaba el tiempo sino que le asignaban poderes mágicos capaces de hacer llover o parar con un simple santiguado la furia de una tormenta.
Fue también «mentado» a principios del siglo pasado por la zona del Daymán, un paisano que se asignaba a sí mismo descendencias divinas, a quien todos conocían como el Negro Barragán, pero su verdadero nombre era Gorosito Barragán, entrerriano, afincado en aquellas inmediaciones después de algunas fechorías del otro lado del río que lo hicieron esconderse en esta banda.
Según recuerdan algunos lugareños, el Negro Barragán no solamente predecía lo que podía pasar en cuanto al tiempo con sólo mirar el cielo, sino que era un muy particular e infalible rabdomante para encontrar pozos manantiales de agua.
Cuentan que en lugar de utilizar la clásica «varita» que ha identificado a estos «buscadores» de aguas subterráneas casi en todas las civilizaciones del mundo, este entrerriano se descalzaba y empezaba lentamente a caminar arrastrando su pie izquierdo sobre el campo y que de golpe se detenía y adónde apuntaba el dedo gordo de su pie temblando rítmicamente, había que empezar a excavar. Dicen, que nunca fallaba el dedo gordo del Negro Barragán.
Las sentencias rimadas
Muchas sentencias predictoras se han incorporado al folclore cotidiano, incluso versificadas. Por ejemplo «Viento del este, agua como peste». La definición es exacta, ya que el viento del este arrastra masas de aire que antes de llegar a nuestro territorio, deambularon sobre el océano, cargándose de humedad.
«Norte duro, pampero seguro», suele decirse anunciando la llegada del viento pampero, llamado también » escoba del tiempo malo», ya que según se dice, cuando el viento del norte se hace sentir, trae aparejado siempre una gran carga de humedad, y significa además una seria perturbación atmosférica que termina con la llegada del viento pampero, que tiene justa fama ganada de limpiar el cielo.
«Cielo empedrado, suelo mojado» refiere a la seguridad de lluvias cuando aparece en el cielo un conjunto de nubes con forma de copos blancos muy próximos unos a otros, que no son otras que las llamadas científicamente altos cúmulus y que efectivamente son anuncio de posibles lluvias.
«Norte claro, sur oscuro, es aguacero seguro», es también una sentencia criolla que define exactamente una situación clásica de nuestro clima. Dicen que en este territorio, los centros de perturbación ingresan generalmente por el sur o en todo caso por el suroeste, centros ciclónicos provenientes del centro argentino, frentes fríos que traen consigo un sistema de nubes que oscurecen el horizonte.
El profesor Ricardo Velazco Lombardini fue un estudioso de este tipo de sentencias folclóricas referidas a la meteorología y los distintos fenómenos que inciden en las características del tiempo en nuestro país y que proceden generalmente del agudo sentido de observación de nuestro hombre de campo y la necesidad de éste de encontrar la forma de prevenir inconvenientes para sus tareas y desplazamientos.
Algunos de estos conocimientos provienen de varias generaciones y con sentencias más o menos similares aparecen en el folclore del resto del continente, pero también en el costumbrismo regionalista de culturas tan disímiles como las anglosajonas o las musulmanas.
Pero los verdaderos pioneros en la recopilación de dichos y sentencias predictoras fueron los profesores Mario Bergeiro y Néstor Píriz, directivos de la ex Sociedad Meteoreológica del Instituto de Estudios Superiores.
A ellos se debe la supervivencia de dichos tales como: » Cuando la perdiz canta, nublado viene»; «Animales perezosos, tiempo tormentoso»; «Golondrina en bajo vuelo, anuncia mojado el suelo»; «Si está el lanar muy temprano, con el pescuezo estirado, anuncia que está rodeado de aguaceros el verano», y tantos otros por el estilo, resumen de una ancestral sapiencia trasmitida de generación en generación.
A predictores y rabdomantes se suman añejas tradiciones de conjuros y simpatías tendientes a contrarrestar la fuerza de la naturaleza, y aparecen en el contexto popular las cruces de sal en las puertas de los ranchos para apaciguar las tormentas eléctricas, los facones de plata clavados de punta en la tierra lejos de los hogares para atraer los rayos y alejarlos de las viviendas, las mantas oscuras para tapar los espejos y evitar que reboten en ellos las centellas y tantas otras opciones entre la magia y la imaginería, asociadas con la meteoreología. *
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