La Facultad de Arquitectura reclama equidad en presupuesto universitario
El área tecnológica-científica de la Universidad de la República está integrada por las facultades de Arquitectura, Química, Ingeniería y Ciencias. En la distribución del presupuesto universitario la última es la más perjudicada, a pesar de no contar con el alumnado más bajo. De hecho, en Arquitectura cursan este año unos cuatro mil estudiantes (que ascienden a 5.700 si se cuenta el total de los activos) y el año pasado dispuso de 62 millones de pesos para su financiamiento anual.
«Ingeniería tiene 103 millones de pesos pero concentra más de ocho mil alumnos. Pero Ciencias posee 1.500 estudiantes y un presupuesto de 99 millones de pesos», precisó ayer Schelotto a LA REPUBLICA. Para el decano, Arquitectura se encuentra en una «situación de penuria no peor que otras facultades de la Universidad pero sí por debajo de la media, que ya es bastante carente».
Es que, según Schelotto, la estructura del presupuesto se mantiene desde la década del 60. «Está asignada a la realidad de ese momento y recién en el periodo 2000-2005 se empezó a corregir. Y seguirá en este camino si logramos que en el próximo presupuesto sea contemplada la universidad en algunos aspectos básicos», sostuvo.
El 80 por ciento del presupuesto se destina a salarios, proporción que para el decano «no es mala palabra porque en todo el sistema educativo lo principal son los recursos humanos». Es más, Schelotto reclama una mayor cantidad de personal no docente. Actualmente trabajan noventa personas pero «la Facultad incrementó su actividad y su planta física, por lo que se necesitan más funcionarios».
Mayor dedicación docente
En cuanto a la planta docente Schelotto aseguró que se desempeñan 400; y si bien la relación docente-estudiante «es bastante aceptable debería haber una dedicación base de 20 horas y una parte importante de 30. Se necesitan más horas para que los docentes tengan la oportunidad de participar en los procesos de creación y actualización del conocimiento y no limitarse al dictado y preparado de las clases. Y para eso necesitamos recursos».
Si bien la proporción entre ingresos y egresos de esa facultad mejoraron con el tiempo, todavía no son las óptimas. Es que de 600 estudiantes que inician el primer año de Arquitectura sólo terminan la carrera algo más de 150. La deserción se produce entre el primero y segundo año de la carrera y depende de varios determinantes.
«Antes de la implementación del nuevo plan de estudio había que cumplir una cantidad de asignaturas para poder terminar la carrera y había un único camino para esto. Además es necesario mejorar el sistema de evaluación a través de la simplificación de exámenes y la integración de materias», manifestó el decano a punto de culminar su gestión.
La tecnología, que obliga a los estudiantes a deshacerse de los materiales de dibujo para acceder a una computadora bien equipada, y la carencia de becas para los alumnos de bajos recursos y aquellos que provienen del interior son otros de los limitantes de la carrera en los tiempos que corren.
Diseño en Arquitectura
Pero otro condicionante de la deserción es la falta de diversificación de carreras que ofrece la facultad de Arquitectura. En este sentido, Schelotto señaló que «las carreras de diseño que hoy se dictan en el sector público deberían estar asociadas o incorporadas a Arquitectura, tal como sucede en las universidades de Brasil, Argentina y Chile».
El único título que ofrece esta facultad es el de arquitecto. Pero si el presupuesto se incrementa, en el 2006 y en conjunto con la facultad de Bellas Artes se implementará la carrera de Diseño y Comunicación Visual. Esta será otra opción para quienes no se ven colmados con Arquitectura pero sí con esta rama profesional.
En relación con la inserción laboral que garantiza la facultad antes de finalizar los estudios, el decano dijo que existe un exitoso programa de becas en el sector público, que no sólo valoran los estudiantes sino también los demandantes. No obstante admitió que en la esfera privada «hay menos cultura de la pasantía. Y esto se da por responsabilidad nuestra y porque las empresas uruguayas no tienen la cultura de incorporar temporariamente jóvenes como pasantes o becarios». *
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