De Bellis: pionero en Latinoamérica en transplante de médula ósea
Hace 20 años se concibió la idea de aumentar significativamente la dosis de un medicamento para curar enfermedades malignas, como una leucemia o un linfoma. Al incrementar la dosis se producía en forma sistemática, la muerte de otras células que no se buscaba eliminar, células de la médula ósea, de la piel, del intestino, todas muy sensibles a la quimioterapia o a la radioterapia.
La médula es el órgano que se encarga de la reproducción de todas las células de la sangre, los glóbulos rojos, los blancos y las plaquetas. En el adulto se localiza en los huesos de la cresta hilíaca y en el esternón, es lo que vulgarmente se conoce como el «caracú» del hueso. El mismo tiene un tejido de alta vitalidad, capaz de reproducirse. Tiene un sector pequeño dónde están esas células que son pluripotentes, que ocupan un espacio relativamente pequeño en el peso total de la médula ósea, siendo las que permiten la reproducción constante de esas células, «de una estirpe muy primitiva».
Para tratar de palear lo inevitable, se perfeccionó un método por el cual sacaban células de la médula ósea (células madre antes), las trataban con sustancias protectoras del enfriamiento, protectoras de la criopreservación, y luego las ponían en nitrógeno líquido a 296 grados, con lo cual podían vivir casi eternamente. Luego de esto tomaban al enfermo y lo trataban con grandes dosis de quimioterapia, para erradicar totalmente la enfermedad. Aún extinguiendo el mal, mataban todas las células de la médula. Ahí es cuando reimplantaban la médula, por eso era un transplante autólogo.
Transplante autólogo y alogénico
Hay dos tipos de transplantes: el autólogo con médula propia y el alogénico que necesita de un donante. Se comenzó con el primer tipo de transplante porque la incidencia de cáncer en nuestro país era muy alta(lo sigue siendo), y dentro de los cánceres hematológicos, las leucemias y linfomas son los más frecuentes.
En Uruguay actualmente existen cuatro Centros. Desde 1995 hasta la fecha han aumentado el número de actos médicos, debido no solamente al número de instituciones, sino al tener una población que está protegida por el Fondo Nacional de Recursos. Antes los pacientes venían muchas veces del extranjero pues podían pagar el acto del transplante, que no es el problema del acto médico, «sino de los elevadísimos costos que tienen las medicaciones, el apoyo logístico de infraestructura que debe tener un enfermo de este tipo para no fallecer en el curso del transplante», indicó De Bellis. Esto se debe a que los mismos están sujetos a una inmunodepresión muy severa, entonces no se les puede poner en cualquier cama como cualquier paciente. De Bellis considera que en Uruguay se efectúan entre sesenta y cientoveinte transplantes nuevos cada año.
Uruguay a la vanguardia
Las técnicas que se aplican actualmente han sido fuertemente modificadas con respecto a las de años anteriores, porque en cada semestre hay un cambio en lo que tiene que ver con algunos de los elementos tecnológicos y se van adaptando a medida que van apareciendo. De Bellis afirmó que «a veces se suman tan rápidamente que es difícil adaptarlos, pues cuando van a adaptar uno, salió otro mejor». Para inducir la médula le dan factores de crecimiento, la someten a inyecciones, así que en lugar de tener 8 mil glóbulos blancos como habitualmente tiene una persona normal entre 6 mil y 9 mil, tendrá entre 30 y 50 mil glúbulos blancos.
El primer paso consiste en eliminar las células tumorales, luego se implantan células normales. Dentro de estas hay algunas que van a atacar biológicamente a las que puedan quedar de remanente, y que no pudieron ser limpiadas con la quimioterapia.
Transplantados con «exito»
Gladys Sosa de 46 años fue transplantada hace nueve años llevando en la actualidad una vida normal. Cuando comenzó su enfermedad Gladys tenía a su hija de 1 año y medio. Empezó con quimioterapia cada mes y medio, siendo paciente del Hospital de Clínicas, y luego por el Fondo Nacional de Recursos llegó al Británico. Después de la intervención, no necesitó más de las aplicaciones.
Jorge
Jorge Lamela fue operando en el año 1996, sometiéndose a un transplante autólogo. Jorge estaba en el estadío cuatro, con compromiso de médula ósea, y de todo el sistema de glánglios. «Cuando se enferma la médula es una de las etapas en las cuales la enfermedad está en su última fase. Luego de eso sobreviene la muerte porque arranca todo el tema de las infecciones, falta de glúbulos rojos, sin defensas, pero dio resultado «aquí estoy»». Actualmente trabaja en dos lugares y hace vida normal. Jorge recuerda que estuvo en convalecencia durante seis meses, y tres años y medio de quimioterapia, con este tratamiento cada 21 días.
El doctor hematólogo Carlos Gigino, de la Cooperativa Médica de Canelones fue quien le propuso ir al Británico, de dónde tenía referencias positivas en cuanto a la técnica.
Alejandra
En el caso de Alejandra Etchenique de 38 años, el transplante fue donado por su hermano. Se denomina enfermedad injerto versus huésped, lo cual implica la reacción del cuerpo contra la médula. Según Alejandra ella «hizo el papel de un quemado», se le caía la piel, quedaba bordó, se le cayeron las uñas y el pelo, y aún hoy no le volvieron a crecer. El transplante se lo hicieron en el año 1993 habiéndose enfermado en el 90. «Tuve la suerte de ser una enferma de leucemia saludable». Antes del transplante la inyectaban tres veces por semana y tenía medicación para aumentar las defensas y otra para regular el funcionamiento de la médula. Hoy en día vive su vida como cualquier persona.
El primero en America Latina
El director general del Hospital Británico, el contador Walter Pereira señaló que el aniversario marca una fortísima contribución del Hospital y de su equipo médico a la medicina nacional. Los primeros casos no fueron solo para uruguayos sino en su mayoría para pacientes de la región, en la medida en que el Hospital Británico fue considerado el pionero en Latinoamérica para transplantes de este tipo. Para Pereira el Centro «satisfizo las necesidades regionales para este tipo de técnicas, además de permitir la formación de numerosos profesionales que hoy están trabajando exitosamente en la región y en el resto del país también». Para el Hospital, esto configura un paso más en su desarrollo académico y científico, dentro de un plan que abarca entre otras cosas, la profundidad en lo académico y en lo científico, acompañándo este hito histórico con la conformación del programa de educación contínua en colaboración con la Universidad de la República y la Escuela de Graduados. «Dichos Centros acompañan la evolución tecnológica que estamos teniendo con una modalidad de contribución a nuestros afiliados, como es lo esencial en 150 años de historia que vamos a cumplir dentro de poco tiempo».
Células madre
A pesar de que no se tiene idea de cuantas células madres se envían al exterior, el tópico está siendo estudiado y organizado a través de una gestión directa del Ministerio de Salud Pública con el Banco de Organos y Tejidos, que a su vez nombró un grupo de asesores, entre los cuales se encuentra De Bellis para reglamentar el asunto. «Lo que no está normatizado legalmente, se puede hacer, no es ilegal, por más que sea ilegal. Tengo el convencimiento que lo que están haciendo ahora esas compañías que vienen y se llevan las células de cordón umbilical, sin saber a dón
de van ni que garantías dan, ni pasan por ninguna barrera sanitaria uruguaya hay que cortarlo definitivamente», señaló De Bellis. Las células de cordón deben ser chequeadas, protegidas, estudiadas y congeladas en nuestro medio, indicó el profesional. Ninguna persona actualmente depende de las células madre que teníamos en el cordón umbilical. Si las tenemos o es igual, pues según De Bellis esas células las portamos todos, «hay que saberlas inducir, sacar a la perisfeira y luego tratarlas para moldear la plasticidad celular, logrando que hagan lo que el profesional pretende».
La comercialización de las células
De Bellis explicó a LA REPUBLICA que todo lo que se haga en forma comercial, lo realizado estrictamente por compañías extranjeras basadas en el comercio siempre es «horrible». En cuanto a la cantidad De Bellis dijo que algunos colegas no hablan con los transplantadores, hablan con los ginecólogos o los neonatólogos. Sabe por muchos ginecólogos respetables que se «les han enviado cheques como premio de haberles ayudado a obtener esas células, lo digo porque han rechazado los cheques como correspondía». El premio oscila entre los cien y los trescientos dólares «según me dijeron algunos de estos colegas».
Las compañías
Se le entrega un kit a la madre, en ese paquete (kit) tiene todos los elementos para poner la sangre del cordón umbilical. Esto lo hacen en la sala de partos, y luego lo procesan. Fundamentalmente son algunas compañías radicadas en Argentina, y otra en Estados Unidos. «Les cobran entre mil y 1.500 dólares por el procedimiento y después por el mantenimiento en nitrógeno líquido, entre 100 y 150 dólares mensuales». De Bellis afirmó que esto ya está en vías rápidas de reglamentación. La reglamentación indica que como cualquier tipo de recepción de órganos(órganos y células a los efectos dan exactamente lo mismo) tienen que estar registradas y legisladas por el Banco Nacional de Organos y Tejidos. Para ésta comercialización las madres dan plenamente su consentimiento, convencidas de lo que hacen porque según el entrevistado, «esa gente las convence». *
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