TRABAJADORES, MUSICOS Y HABITUES DEL LOCAL PIDIERON QUE SE LEVANTE LA CLAUSURA

El Interbailable reclamó ayer su reapertura a puro baile y con música tropical en vivo

«¿Dónde trabajan las orquestas si nos cierran el Inter, en el teatro Solís o el Parque Hotel?», rezaba uno de los tantos carteles que se levantaron ayer en el piquete tropical organizado por los trabajadores del Interbailable. Marisa Castillo, de 48 años, llevaba una de las leyendas. La mujer es habitué de ese baile desde los 18 años, cuando funcionaba en 8 de Octubre y Comercio. Y decidió estar en la movilización porque el Inter ya forma parte de su vida.

«Todos los fines de semana que abre estoy en el Inter. No me pierdo ni un sábado ni domingo desde hace 30 años y nunca me pasó nada. En mi vida tuve un problema», dijo ayer Castillo a este diario, antes de pedirle «a la policía y las autoridades que no discriminen el baile» y permitan que siga funcionando.

Es que el local fue clausurado el 19 de julio pasado y, de acuerdo a los plazos establecidos, recién podrá volver a funcionar el 24 de agosto. Los motivos del cierre no son menores: el 13 de marzo pasado murió un joven que fue baleado dentro de ese local nocturno, mientras que el 10 de julio se produjeron destrozos fuera y en el interior del comercio, que funciona en un edificio decretado Monumento Histórico.

El dueño del local, Juan Angel Pérez Bentancour, amagó con abrir el boliche el fin de semana pasado. Pero finalmente decidió no hacerlo luego de una serie de advertencias por parte del jefe de Policía de Montevideo, Ricardo Bernal. No obstante, la determinación de respetar la clausura incluyó también la realización de un piquete tropical, en el que no faltó ningún detalle.

 

Hasta con escenografía

Sobre la calle Yatay se recreó el interior del Inter: algunas botellas de cerveza apoyadas en mesas de plástico, un gran perchero para dejar los abrigos y un escenario se montaron frente al baile para ambientar la manifestación. Hasta que se presentó en vivo Rolando Paz con el grupo Melómanos, la música tropical se escuchó por dos parlantes ubicados dentro del local pero orientados hacia la calle.

Pero la fiesta empezó cuando Rolando tomó el micrófono y entonó su primer tema. En ese momento salieron las parejas a bailar, con la música alta para que su reclamo sea perfectamente escuchado por los vecinos que se quejan del baile y piden su traslado a otra zona de la ciudad. Después llegó el turno de la oratoria, que estuvo a cargo de Carlos Goberna, un veterano de la música tropical.

«Queremos un baile libre y en paz. Al clausurarse el Inter se suspendió el empleo de más de 200 trabajadores y el derecho a la diversión de más de dos mil personas, que nada tienen que ver con una minoría de inadaptados. Con o sin el Inter, esos inadaptados siguen dando vueltas por las calles de Montevideo. Rechazamos el vandalismo pero la inseguridad también es parte de la falta de trabajo», expresó ayer Goberna en medio de los aplausos.

Según precisó Miguel Angel Pérez, encargado de la puerta del local, «los trabajadores directos son unos cincuenta. Pero después están las personas que viven de esto, como por ejemplo los músicos».

María Joaquina Viera, de 48 años, se siente una empleada indirecta del local. La mujer, junto a su esposo, cuidan todos los fines de semana los coches que llegan al Inter. Y según comentó ayer, gana «unos 200 pesos por noche. Es lo que me da de comer porque yo tengo título de cocinera pero nadie me toma por la edad».

A las 20, cuando Rolando tocó su último tema, terminó el piquete tropical. Pero mientras los trabajadores piden la reapertura, los vecinos del lugar rezan para que permanezca cerrado y desde la policía advierten que el local no podrá funcionar hasta el próximo 24 de agosto. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje