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El General del Pueblo

Aún lo recordamos saliendo del brazo de Lilí por la puerta grande de la Universidad luego de su último discurso. A los pocos meses, en un 31 de julio de hace apenas un año el General del Pueblo nos dijo adiós. Resonaron en todos las palabras de Tabaré al despedirlo: «los hombres como él no mueren, se siembran». Y su fermental cultivo de lucha y esperanza había empezado hace más de 30 años. Fue así que en aquellos convulsionados finales de la década del 60, el nombre de Seregni comenzó a tener notoriedad. Siendo jefe de la Región Militar Nº 1, llamó la atención al manifestarse contrario a la política represiva de Pacheco Areco. Su pase a retiro, al poco tiempo, demostró una personalidad contraria al autoritarismo de aquel gobierno que usaba y abusaba de las medidas prontas de seguridad. Y su nombre va resplandeciendo como el de un militar digno, a la vez que un ciudadano democrático por excelencia. El grano del Frente Amplio cae en tierra fértil, fecunda y llena de ilusiones de justicia social. La presencia de Seregni brinda armonía y unidad. Primero desde la conducción de la Mesa Política frentista y su personalidad adquiere la categoría de ser referencia para todos. Ya sean del Partido Demócrata Cristiano, de la 1001, de la llamada «Corriente» o desde el Partido Socialista, o sea los grupos fundacionales, todos ellos ven en el General una esperada presencia de caudillo. Al transformarse en candidato presidencial en el 72, ya todos sabían que la lucha sería durísima. Pero confiaban en Seregni, lo veían como un líder nato que, aún sin pertenecer a ninguno de esos partidos o corrientes, era unánimemente aceptado. Así el General asume su papel de referente de la política uruguaya de la segunda mitad del viejo siglo. Cuando ya en los años del plomo de la dictadura, soporta la prisión aún allí sigue brindando un ejemplo de moral y ética. Una vez los dictadores le ofrecieron su libertad a cambio de abandonar de inmediato el país. Y en un gesto que lo ilumina, rechazó esa propuesta pues sabía que su pueblo lo necesitaba cerca, como declararía en un reportaje muchísimos años después. Por eso, aún con enormes trabas de comunicación, fue seguido por miles cuando desde la cárcel hace un llamado al «voto en blanco» para enfrentar al grotesco proyecto militar de reforma constitucional. El General del Pueblo siempre optó por la libertad, la igualdad y la fraternidad como nobles valores que debían marcar la senda de la República y sus habitantes. Creyó con todas sus fuerzas en esos universales valores nacidos en la Revolución Francesa. Su inteligencia de líder quedaba evidenciada cuando repetía siempre que un candidato presidencial que no pudiera explicar en tres minutos su proyecto político más vale que se dedique a otra cosa. Nunca dejó de ser el General del Pueblo que nos dio impulso y fuerzas para creer en las utopías. Fue lo que nos dijo cuando lo conocimos una tarde del verano del 71 en el salón parroquial de Salinas, lleno de vecinos y turistas. Detrás de una improvisada mesa estaba Seregni, Baliñas y Juan Pablo Terra. Y esa tarde retumbaron palabras como unidad, militancia y esperanza. Aunque afuera el oscurantismo represivo era amo y señor, Seregni nos daba su firme convicción en el triunfo de la justicia social. En el triunfo de las utopías que cuando van de la mano del pueblo se transforman en realidades. Y aunque tuvieron que pasar muchos años, el General tuvo una vez más razón. Con más recuerdos y música del ayer los esperamos todos los sábados a las 19.00 horas en la 1410 AM LIBRE

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