A Dios rogando y con la picana dando
Hace una semana supimos que el abogado defensor de Bordaberry, para demostrar su inocencia en los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, daba, como un argumento fundamental, que Juan María es católico.
Como me pareció un argumento absolutamente estúpido, inconsistente y, creo, sin parangón en la era moderna, decidí no darle bolilla al susodicho tema.
Pero resulta que este fin de semana escuché discutir sobre el tema a gente, aparentemente, muy seria y –hasta ese momento– con indicios de ser algo inteligente.
El argumento es tan endeble que uno se pregunta qué pretendió el abogado, ya que me resulta imposible pensar que él crea realmente en lo que dijo.
Y no me estoy refiriendo a darle un vistazo a la historia de allá lejos como la conquista de América, Las Cruzadas, la Inquisición y los Papas envenenadores. Ni siquiera es necesario ir a la primera mitad del siglo pasado con Franco y su falange o Hitler y su controvertida relación con Pío XII, y la bomba atómica que cayó en Hiroshima luego de ser salpicada con agua bendita. Basta mirar aquí nomás a todos los bendecidos dictadores argentinos y a Pinochet, católicos y asesinos todos ellos, como lo es George W. Bush, con más de 150 sentencias de muerte firmadas como gobernador, por ejemplo, sin entrar a contar los miles y miles de muertos producidos por su política exterior.
Sin embargo esta es la parte más visible de la argumentación, «la más vejiga» diría El Cholo.
Lo más interesante de este planteo es que según él, un católico no podría matar a nadie pero sí podría, sin traicionar su condición religiosa, violar la Constitución, instaurar una dictadura, perseguir, exiliar, torturar y encarcelar a sus opositores por el mero hecho de serlo, dejar sin trabajo a cualquier sospechoso de pensar diferente que él e intentar transformar la sociedad uruguaya en una masa sumisa, temerosa e ignorante entre otras piadosas acciones por el estilo.
Bordaberry, a vos no te salva ni Dios. *
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