Empresario argentino se encadenará al faro de Colonia para pedir su yate
A más de seis meses de aquel suceso Aníbal Soldani, un empresario y turista argentino que edificaba una casa en Uruguay, expresó su reclamo en LA REPUBLICA por la abusiva apropiación de la embarcación por parte de Prefectura, la pérdida de elementos costosos que estaban en la embarcación y sostiene que es capaz de encadenarse al faro de Colonia «para que se entere el Presidente». Es que si la Justicia entiende que Soldani intentaba contrabandear los viejos tablones, los demandantes, en este caso la Prefectura local, se quedarían con el producto del remate de la embarcación o con la propiedad de la misma, valuada en poco más de diez mil dólares, según contó desde Buenos Aires a este corresponsal.
Aníbal Soldani y su familia no imaginaban lo que les iba suceder cuando decidieron traer unas viejas maderas que tenían tiradas en su garaje de Buenos Aries para completar una escalera que bajara a la playa desde la casa que comenzaron a construir en las afueras de Carmelo. Prefectura requisó las maderas, 29 viejas maderas de ferrocarril, por valor de 48 dólares y le incautó el yate con todo adentro. Ocurrió el 11 de diciembre pasado y desde entonces Soldani no ha podido recuperar su embarcación, ha tenido que pasar horas en la Prefectura, dormir en un hotel, volver a Buenos Aires en lancha con su familia y recién dos meses después, en febrero de este año cuando vino por primera vez a declarar, se lo dejó recuperar las cosas que había en su yate. La batería de una filmadora que estaba en el yate y que también fue incautada, desapareció sin explicaciones.
La embarcación se encuentra amarrada al lado del yate incautado a los hermanos Röhm, «Cuando fui a declarar, le pedí al señor juez poder disponer de la embarcación con todo lo que había en ella, para poder hacer un mínimo mantenimiento, ya que en su momento la lancha estuvo en el agua golpeándose contra el yate de los Röhm. El juez accedió, y fue así que pude sacar los bienes de la órbita de la Prefectura, y ahora están depositados en custodia en un astillero particular a mi costa. El hecho es que a la filmadora le faltaba el cargador, y nadie sabe nada del tema. Es un hecho menor que no me preocupa, y sólo mencioné como un perjuicio más entre otros», afirmó ante la consulta hecha por LA REPUBLICA.
Soldani declaró el 9 de febrero en el juzgado local: «Me sentí muy mal porque me estaban haciendo pasar por alguien que introduce mercaderías ilegalmente, y yo sólo había traído unas maderas sin valor para hacer una mejora en mi terreno. En cuanto al rol de la Justicia, sólo aspiro a que me devuelvan la embarcación muy pronto, porque sería una aberración no ya jurídica, sino de sentido común, hacerme pagar semejante precio por una (supuesta) infracción menor. Si algo así aconteciera, de más está decir que la llama encendería un bosque. Me refiero a que no hay justificativo para tratar así a un turista de un país hermano, que encima viene a poner sus ahorros acá. Un turista cualquiera puede ingresar al país con cien, doscientos o trescientos dólares, no sé cuántos, en cigarrillos, whisky o electrónica, pero a mí no me dejan hacer una escalera. ¿No es ridículo?», se preguntó.
Asegura que su familia no quiere venir más a Uruguay porque los trataron como delincuentes contrabandistas, pese a que hacía años venía a este lugar. «Sólo piensen que un tipo amante de la náutica (y la aeronáutica) conoce Carmelo, le gusta el lugar, viene a pasar sus vacaciones durante varios veranos, luego compra un terreno junto a la playa y al lado del aeródromo, donde piensa construir una cabaña, y un buen día la autoridad le quita sus bienes por causa de unos palos sin valor con los cuales pensaba hacer una escalera.
¿No suena ridículo y absurdo? Y no hablo sólo de una lancha sino de sueños y proyectos. Para mi familia Carmelo ha dejado de ser un sitio amigable. Y no hablo como quien está acostumbrado a llevarse las leyes por delante.
Somos gente sencilla, que nunca hemos tenido historias con nadie», aclara. *
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