Bomba sobre Londres
Además, la reunión G8 parecía volcarse hacia las ideas renovadoras del Partido Laborista inglés con ayuda a Africa y el problema del Global Warming en la agenda. Hasta se estaba llevando de maravillas con ese controvertido mesías y rockero loco, Bob Geldof, organizador del concierto internacional pro Africa de Live8 en Londres.
Algunos hasta decían que Tony Blair es un tipo con increíble buena suerte. Que siempre los acontecimientos le sonreían, hasta en los peores momentos. Es que Tony, como le gusta que lo llamen, es un tipo muy optimista, moderno y simpático.
De pronto en Londres ayer de mañana se desplomó el cielo sobre la ciudad y sobre Tony Blair.
¿Qué pasó?, nos preguntamos todos. «Debe haber sido un cortocircuito en una subestación de abastecimiento al subterráneo», dijeron los primeros técnicos y la BBC propagó la noticia. No había nada por qué preocuparse. La posibilidad de un atentado terrorista fue lo último que estaba en la cabeza de los londinenses a cualquier nivel. Desde el sábado que, con el concierto rockero Live8, los londinenses estábamos en otro planeta y el mundo nos estaba sonriendo.
Teníamos razón de sentirnos con confianza. No sólo Tony Blair era un tipo con suerte sino que los servicios secretos ingleses se encuentran entre los más sofisticados del mundo. «Lo que pasó en Madrid fue porque los españoles son muy nuevos en esto de la seguridad», dijeron los expertos hace no mucho tiempo y agregaron: «Tenemos el centro de espionaje y de telecomunicaciones internacional más importante de Europa». No había por qué preocuparse, el centro GCHQ había afilado sus cuchillos con la Unión Soviética y el Bloque del Este.
Por si acaso, hace seis meses el Parlamento británico votó una medida que sorprendió incluso a los más recalcitrantes parlamentarios conservadores: la policía podría poner en arresto domiciliario y sin comunicación alguna por tiempo indeterminado a cualquier persona sospechosa, sin necesidad de una prueba específica. Simplemente bastaba un «balance de probabilidades», determinado por el mismo Ministerio del Interior. Algo muy parecido a la «ley de los sospechosos» de la revolución francesa. «Es sospechoso todo aquel que se comporte como sospechoso», parecía decir la nueva ley.
Algunos invocaron a la novela «1984» de George Orwell, pero votaron la ley con algunas limitaciones más democráticas. «A Seguro nunca lo llevaron preso», dijimos todos. «La batalla se libra en Irak. Aquí sólo aprobamos leyes, hacemos conciertos de rock y ganamos sedes de Juegos Olímpicos», pensamos todos.
Hoy todos los londinenses sin excepción nos preguntamos «¿qué paso?» Pasó que llegó la hora de pagar la cuenta con intereses. Pasó que Irak no está solucionado y que ahora las bombas explotan también en Londres.
Esto no debería sorprender a los londinenses, que recibieron de la Alemania Nazi más de 3.000 misiles V1 y V2 (el fin de la Segunda Guerra se está celebrando esta semana) y que aceptaron a regañadientes los atentados del Ejército Revolucionario Irlandés durante más de 30 años.
Pero esto es un terror como jamás se había experimentado antes. El enemigo está adentro de nuestra ciudad, camina con nosotros, se viste como nosotros y nos odia sin reparos. Hoy en Londres fueron cuatro o cinco bombas de tamaño medio. Pero en la mente de la gente lo que hoy se desvaneció fue la suerte de Tony Blair.
Esto es injusto para Londres. Aquí desfilaron nada menos que un millón de personas en la manifestación más grande jamás vista en la ciudad y que fue en contra de la guerra de Irak. Aquí se armó el espectáculo de rock más grande jamás visto en el mundo con 5 billones de televidentes y todo por el hambre mundial y la injusticia en Africa. Aquí se iba a invitar a cientos de países a competir deportivamente en los Juegos Olímpicos más bonitos de la historia.
Sí, pero aquí también tiene asiento el gobierno de Su Majestad que, junto con el gobierno americano, entraron en una guerra contra Irak en busca de armas de destrucción masiva y sólo encontraron arena y petróleo.
Con lágrimas en los ojos el izquierdista Ken Livingstone, intendente de Londres, dijo hoy: «Londres es una de las ciudades más hermosas del mundo. Aquí la gente vive hombro con hombro en armonía. Este fue un acto terrorista cobarde contra empleados ordinarios, londinenses de clase trabajadora, blancos y negros, cristianos, islámicos, hindúes y judíos, ricos y pobres, grandes y chicos.»
Sí señor Livingstone, pero así es el terror. Hoy le asestaron un golpe vengador a la ciudad. Le tardará mucho tiempo olvidárselo a los londinenses. El golpe fue dado en el lugar elegido, a la hora elegida, en el día señalado. Y nadie, ni siquiera la suerte de Tony Blair, pudo hacer nada al respecto.
Ayer para Tony Blair el día terminó con el dulce éxito de los Juegos Olímpicos. Hoy arrancó con el gusto amargo del recuerdo de Irak. *
(*) Periodista y cineasta uruguayo radicado en Londres
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