La revolución vitícola

La vid europea fue introducida en América por los españoles en la primera mitad del siglo XVI. Se le atribuye a los conquistadores Francisco Cervantes y Hernando de Montenegro haber hecho traer por el año 1545, las primeras plantas de vid desde Canarias para cultivarlas en Cuzco y Lima, respectivamente. Lima era entonces cabeza del Virreinato del Perú.

De esas vides originarias de Canarias se elaboró el primer vino americano en 1549, según lo documenta el poeta peruano Garcilaso de la Vega (El Inca) en sus «Comentarios Reales» (1606).

Las primeras vides llegaron a la Banda Oriental de la mano de los colonizadores españoles.

Ellos plantaron la vid, junto con el olivo y el nogal, cuando a mediados del siglo XVII empezaron a establecer poblaciones en el suroeste del territorio.

Esta época colonial significó entonces para la historia de la vid del Uruguay una primera etapa dedicada solamente a la uva de mesa y elaboración de vino para consumo familiar hasta que se desarrolló a nivel industrial. La viticultura en el norte de Uruguay comenzó en 1874 con Pascual Harriague, enólogo pionero que introdujo la uva Tannat. Esta variedad es originaria del sur de Francia (Madiran), pero las primeras cepas introducidas a nuestro país fueron traídas desde Argentina y plantadas en el departamento de Salto.

Es en el decenio de los noventa cuando Uruguay realizó la reconversión vitícola con el apoyo del Estado y el BID renovando las vides de los establecimientos, actualmente se alcanzó un 80% en esa iniciativa. *

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