Tiene la palabra

Respuesta de Antel

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* En virtud de la nota publicada por vuestro matutino, titulada «Ante la reiterada falta de tapas de Antel», esta Administración desea informar que:

La problemática aludida por vecinos del Parque Baroffio se registra desde un tiempo a esta parte entre otros actos de robos en la que es afectada la empresa.

Para solucionar el inconveniente generado por la ausencia de tapas de cámaras de fundido de hierro se ha llegado hasta soldarlas, aún así, son destrozadas a martillazos. En los lugares en donde se efectúan robos en forma reiterada se sustituyen por tapas de hormigón y cuadro de acero.

En el caso mencionado de la vereda de la intersección de A. Fleming y Pilcomayo fue colocada una tapa de 60×60 cm. La otra cámara mencionada no se encontró en el lugar indicado por autores de la nota. Sin más y agradeciendo vuestra gestión, lo saluda atentamente.

WASHINGTON MASANTI – PRENSA Y RRPP- ANTEL

 

Pare, mire, escuche

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Dudo que los menores de treinta sepan a qué me estoy refiriendo, pero quienes hayan pasado esa barrera imaginaria seguramente ya lo estarán

maliciando. El «Pare, mire y escuche» del título, reproduce la prevención que desde gruesas placas de hierro apostadas a la vera de los cruces peligrosos hacía AFE a los desprevenidos alertándolos del evidente riesgo que implicaba cruzar a «la bartola» las vías del ferrocarril. Si bien la advertencia no contemplaba a los sordos, más de un atolondrado con buen oído, la quedó por distraído. «Altri tempi» Otros hombres…

Entonces, nuestro país acunaba sus sueños de crecimiento y desarrollo con el canto del trabajo y al «candidato» de las muchachas casaderas le alcanzaba con ser un «muchacho bueno y trabajador» para ser un «buen partido». El futuro no era una incógnita pues tenía las raíces afirmadas en un pasado firme y laborioso.

Las muchachas en edad de merecer podían elegir a los «príncipes azules» con los que formar pareja entre los mecánicos, gráficos, pintores chapistas, torneros, textiles, joyeros o cualquier otro asalariado (apetecible) disponible, esperanzadas, confiadas, y seguras del porvenir (Si estaban enamoradas o no, es otra historia).

Aún para los menos favorecidos y pudientes vivir era una fiesta. Sí, una fiesta. Pero… (vaya coincidencia), «de golpe cambió la vida y con ella la fortuna», como canta El Sabalero. Inexplicablemente (o quizás no tanto), nos abrimos alegremente al mundo sin proteger nuestras mejores industrias (ni siquiera las más rentables y competitivas) y de todas partes comenzaron a llegar productos en tropel. De todas partes. De donde fuera. De cualquier lado. De los lugares más insólitos. ¡De locos!

Ajo de España, duraznos de Grecia, papa de Polonia, perejil de Turquía, etc., etc.

Los «estadistas», hombres sabios si los hay; ¿no vieron cómo se iba deteriorando la economía del país? ¿cómo se fundían los productores y empresarios? ¿cuántas fábricas cerraban?, ¿las legiones de desocupados?, ¿cómo florecía la corrupción? Me pregunto si los «estadistas» y sus colaboradores, no son culpables de nada.

Un día, víctimas de la imprevisión o incapacidad de quienes al fracaso lo llaman crisis; dejaron de correr los trenes. Las «paradas» o estaciones se convirtieron en refugio o casa habitación de los desventurados, y las vías víctimas del óxido y los pastizales se volvieron basurales.

Mientras tanto: el mundo siguió andando, la vida siguió su curso, y el horror: nos fuimos empobreciendo sin siquiera darnos cuenta.

Como en una parodia ridícula de lo que debe ser un país, aquel canto al trabajo se volvió un coro de excusas: no se puede, no hay dinero, no hay recursos, no… Alegoría siniestra, imagen de decadencia, retrato de la derrota, crónica de una muerte anunciada que salvo los estadistas y sus laderos, todos vimos y sufrimos.

Hace un par de días me fastidié al llegar a las barreras de Zufriategui y ver que éstas, estaban bajas. «Lo de siempre», pensé. «Algún chiflado malgastando gasoil».

Me equivoqué, y no pueden imaginar cuánto me alegró equivocarme. Tendrían que haber estado allí para entenderlo. No uno sino dos trenes se cruzaron frente a mis ojos. Uno (de carga) iba hacia Central. El otro, de pasajeros (sí, de pasajeros) se detuvo para que ascendieran cuatro personas. ¡Qué espectáculo! ¡Maravilloso!

Sé, cualquiera sabe, que el reloj de la historia no da marcha atrás (Si lo sabré yo que sin ser coleccionista he juntado ni sé ya cuántos almanaques), y que el tiempo lleva prisa y no se detiene ante nada.

Puesto a filosofar se me ocurrió pensar que a veces, soñando; es posible adelantar ese «reloj» e imaginar el futuro para calmar la ansiedad, y que el «tiempo» no es lineal ni plano, sino circular lo que nos permite volver a pasar por lugares conocidos y queridos o disfrutar una, y otra, y otra vez; de los recuerdos gratos, aún de aquellos que creíamos olvidados o perdidos.

CARLOS GEROSA CAMARGO  – [email protected]

 

Para ponerlo al tanto

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Le escribo para que esté al tanto de lo que pasa en Tacuarembó. He visto por todos los medios de comunicación la operación que se realizó en el hospital local. Me alegro mucho por las personas beneficiadas con el hecho, pero sepa usted que no todo lo que brilla es oro. El director del hospital es una persona muy capaz y honesta pero no se da cuenta de las cosas que pasan allí, o no quiere darse cuenta.

Los médicos jóvenes de emergencia (la mayoría) maltratan a la gente que allí va a atenderse. Pasan horas sin llamar a nadie y cuando llaman ya hay como quinientas mil personas para atenderse y están de mal humor.

Hay enfermeras que maltratan a los ancianos y les gritan delante de la gente que allí espera. Ya se hicieron quejas y yo particularmente hice una denuncia en el mismo hospital que por supuesto quedó en nada.

Me vi perjudicada cuando en emergencia de dicho hospital recibí maltrato verbal por parte de un médico que cumplía con sus funciones y un cirujano se negó a atenderme luego de haberme dado el ingreso porque estaba apurado y debía ir a su casa.

Las colas en la farmacia son interminables, muchas veces veo que hay lo menos 30 personas y las funcionarias toman café y charlan durante el horario de atención. En otras palabras el hospital de Tacuarembó es el mejor hospital del país pero carece totalmente de calidez humana.

Las personas que allí se atienden, la mayoría carece de información sobre sus derechos y aguantan cualquier cosa. Muchas son las personas que como yo están disconformes con el trato que recibimos en dicho centro, pero nosotros no podemos ir a los medios de comunicación a expresar nuestro punto de vista como el Dr. Ciro Ferreira. Los medios radiales apoyan a dicho director y no nos dejan expresarnos.

Igual hay que reconocer que al lado de otros hospitales este es un lujo, pero la parte humana, la mayoría de los funcionarios incluyendo médicos y enfermeras, dejan mucho que desear.

Si es posible publique esta carta para que todo el país vea lo que en realidad es el orgullo tacuaremboense.

Saludos

MARCELA

 

Trabajo en negro en organismos del Estado

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El nuevo caso de
tectado, ahora en AFE, de empresas de seguridad o limpieza con trabajadores en negro con retribuciones miserables y con serias dificultades para percibir sus haberes, pone nuevamente sobre el tapete un hecho irregular al que hay que poner coto de una vez por todas.

Pensamos que los organismos del Estado, previamente a la contratación de este tipo de empresas, deben chequear su situación regular ante el BPS, Ministerio de Trabajo, etc.

Que sepamos, así se hace por lo menos en Ancap, Antel y UTE.

Sin embargo, hay organismos que no cumplen con dichos principios básicos y elementales, tercerizando servicios con empresas que distan de estar en condiciones de cumplir con obligaciones laborales imprescindibles.

El caso se ha dado en AFE. Pero según se denunció ayer en una popular emisora, el caso se reitera con una empresa de limpieza contratada por el Banco de Seguros del Estado, «Califas», que se dice tiene a su cargo la higiene del centro médico de la institución, en la calle Mercedes y Julio Herrera y Obes.

De confirmarse la especie, el Directorio que preside el señor Gustavo Vilaró, debe poner coto a dicha situación, pues un ente del Estado, bajo ningún concepto debe hacerse cómplice de este tipo de empresas.

Lo saluda muy atentamente.

WALDEMAR BIDEGAIN LUIS –  C.I: 2.905.673-2

 

¿Entre todos?

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* En el Uruguay, cada vez que hubo una elección, ni bien se conocen los escrutinios finales, surge una frase que es común a vencedores y vencidos: «El arduo trabajo que nos espera lo tenemos que hacer entre todos», «si no lo hacemos entre todos, de nada sirven los programas», «entre todos vamos a sacar el país adelante» Ahora bien: ¿qué quiere decir entre todos?

En este país donde «qué me importa que gane Nacional, lo que yo quiero es que pierda Peñarol» y viceversa, parecería que el 2 de marzo de cada cinco años, el gobierno que asume basa sus futuros caminos en recomponer la desastrosa herencia que dejó el gobierno anterior y la oposición no encuentra mejores méritos que los errores que comenten los que gobiernan.

En esta lucha fratricida, expuesta a diario en la primera plana de toda la prensa del país, parecería que no hay mejores ascensos que los rotos escalones ajenos, que no hay más digno valor que la deshonestidad de los demás y que no hay mayor regocijo que el fracaso de otras tiendas. ¿Eso es hacer un país «entre todos»?

No existe, en todo el pueblo uruguayo, la encarnizada lucha política en la que están inmersos aquellos que lo representan.

El gobierno tiene que entender, que gran parte de su paulatino e inexorable ascenso fue producto de las malas administraciones que lo antecedieron a lo largo de más de tres décadas; y los tradicionales de este país tienen que asumir con más humildad y modestia la enorme cuota parte que les toca por estar donde estamos.

Entiendo que este país no es el único. Que no podemos ni debemos aislarnos del desastre de este continente, saqueado sistemáticamente por quienes nos hacen creer que nos ayudan, por ejemplo, con la tristemente famosa Alianza para el Progreso del año 63, donde se generó la mayor porción de la deuda externa de América Latina. Dinero que hemos penosamente malgastado, que seguramente ya lo hemos pagado, que increíblemente aún seguimos debiendo y que han sumido a los pueblos de estas tierras en la más salvaje y eterna miseria. También entiendo que este caos lo propició y es a la vez causa, no sólo la mala administración, sino también el cáncer nunca bien localizado y por ende tampoco extirpado de la corrupción.

Es indispensable y saludable el mutuo control y para eso están, también quienes están, pero no pueden ser noticias de tapa siempre las interpelaciones, los llamados a sala y los descubiertos errores.

Es otro el país que está en primera plana de las calles y los hogares, y son otras las noticias que estamos precisando los uruguayos, que si no se generan es porque poco se está haciendo con lo que es radical.

Que este justificado orgullo que sentimos como orientales por el buen manejo y defensa de nuestra democracia, ejemplo pocas veces visto, no se transforme en un campeonato de ascensos y descensos, donde la alegría de jugar nos hace confundir de arco y de partido, los goles que creemos hacer cada vez se gritan menos y la desazón está dejando vacías las tribunas.

JOAQUIN WINKLER – C.I: 1.995.363-2

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