Un extraterrestre desprevenido y comparando, visitando el Palacio Legislativo, diría que Uruguay es un país muy rico e Inglaterra uno muy pobre

Coche bomba

Tampoco creí nunca que la austeridad, ni el espíritu de sacrificio fueran patrimonio exclusivo ni universal de alguna clase.

La burguesía, sin ir más lejos, ha sido capaz (incluso para mantener sus privilegios) de extraordinarias muestras al respecto.

Tiene infinidad de mártires que han dado su vida por ella renunciando a muchísimos bienes materiales no futuros sino tangibles y presentes.

Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, hubo burguesías de pelo en pecho, completas y nacionales, que no vacilaron un minuto en poner al servicio de la guerra todos sus bienes materiales por ley debidamente aprobada, ni en vigilar de modo acérrimo y severísimo que ello se cumpliera sin cortapisa.

Solidaridad de clase, sistémica, como se quiera, pero que a nivel personal le caía a cada uno por separado, macizamente. Con cárcel si era necesario.

El recién instalado gobierno de Holanda decretaba en el comienzo de la posguerra y entre ruinas, que los ministros dispondrían de una bicicleta hasta que Holanda pudiera ofrecerles algo mejor. Y eso ayer y hoy, lo mostraron y muestran con orgullo.

Y la Cámara de los Comunes de Inglaterra ordenaba a los arquitectos que reconstruyeran su edificio bombardeado con estrictas normas de austeridad y hasta de incomodidad futura para los «diputados», teniendo en cuenta que, ante todo, lo que había que reconstruir por ese entonces en dicha Isla tan bombardeada, debían dar el ejemplo.

Un extraterrestre desprevenido y comparando, visitando el Palacio Legislativo, diría que Uruguay es un país muy rico e Inglaterra uno muy pobre. Las apariencias engañan.

A muchos compatriotas les debe parecer una pavada (muy propia de Mujica) tanto lo de la bicicleta holandesa como lo del Parlamento inglés.

Traigo a colación estos dos ejemplos para mostrar por un lado que no tengo resistencia religiosa a los buenos ingresos, y por el otro que no es cierto que ciertas actitudes sean propias exclusivamente de la izquierda desmelenada: por el contrario son a veces propias de la más rancia burguesía bien organizada.

Ir en bicicleta, a pie, en ómnibus, o en moto, de campera y zapatillas al Parlamento sólo pudo haber sido una «novedad» en este país tan pacato.

Los «trapos» de Mujica dieron origen a ríos de tinta (después de ver el éxito en adhesiones) propios de un muy bajo nivel promedial. Porque ni al Pepe se le ocurrió jamás oír tanta pavada como la que al respecto se dijo (esto lo digo por mi cuenta y a mi cargo).

En realidad el Pepe «explotó» el atraso de una cultura cholula (perdón por la palabra pero no tengo otra mejor).

Tan cholula que se fijaba en las «pilchas» y otras cosas tan insignificantes como esas.

Tanto que resulta hasta hoy increíble en los países más adelantados del planeta.

Para comprobarlo bastaba y basta haber visitado algunos Parlamentos del Primer Mundo. Esto es algo así como el espectáculo que brindaban no hace mucho algunos «generales» bananeros que no tenían ni dónde caer muertos pero mostraban en el pecho de sus uniformes importados tal constelación de condecoraciones que si un lobo los comía cagaba medallas por tres meses.

Por eso cuando en estos días se argumenta, en medio de una catástrofe nacional en la que la mitad de nuestros niños padecen carencias y pobreza tal vez similares a las de Holanda en la posguerra, que para que algunos funcionarios públicos hagan lo que tienen que hacer se les debe pagar lo que obtendrían si no hacen lo que tienen que hacer (que es lo que hasta ahora venían deshaciendo), aparte de insultar gratuitamente a los empleados públicos en masa y al barrer o, sea dicho de otro modo, a casi todos los uruguayos, se instala y explosiona un coche bomba moral, ético y de esquirlas, como en Irak, pero de otro modo, de inconmensurables consecuencias de todo tipo.

Supone que en medio de la crisis y la Emergencia Social, pocas veces vistas en nuestra Historia (la crisis humanitaria más grande por lo menos en las cárceles dice el Ministerio del Interior y eso casi nadie lo discute), puede haber algunos uruguayos, en algún lugar de la República que, como funcionarios públicos, cobren por hacer lo que deben hacer, remuneraciones propias de, digamos, Luxemburgo. Porque, se dice, de otro modo se van a Luxemburgo: así lo dictan las Leyes del Mercado. O, variante cruel a la alternativa, siguen haciendo lo que están haciendo.

No se debe tocar el dinero que anda por ahí o, en todo caso, te lo doy de antemano.

Debía aplicarse esta formidable idea a todos los punguistas, ladrones, arrebatadores y rapiñeros que malandan por ahí: «en vez de robar, y para que no roben más, digan de una buena vez por todas, cuánto es. De paso, se descongestionan las cárceles.»

Y a todos los funcionarios públicos (ni qué hablar a los de Dedicación Total) decirles que si no se les paga lo que el Mercado del Primer Mundo determina, no enseñen, no curen, no cuiden, no barran, no juzguen, no acusen, no acrediten…

Es muy poco serio. Y no es de izquierda ni de derecha. No es obrero ni burgués (no le vayamos a echar ahora también la culpa al Imperialismo porque sería un garrón: en esto no tiene absolutamente nada que ver. Esto lo supera y, si no, pregunten por Al Capone). Esto es meridianamente cholulo. Propio de no comprender cabalmente en qué país y en qué dolorosa situación estamos o deberíamos estar TODOS.

Es la cholulez de querer hacerle creer a alguien, no se sabe muy bien a quién porque este asunto es público y notorio, que no somos un país pobre y empobrecido que venía de cabeza rumbo al destino de Haití, sino que somos algo así como Alemania (pero con «pequeños problemas»). Nadie nos va a creer porque es increíble. Ni tan siquiera los alemanes.

Debemos de una buena vez por todas llegar a la conclusión de que somos un país en muy malas condiciones, en el que casi toda –por no decir toda– su población, en medio de grandísimas carencias y sacrificios, empleada o no, le viene «poniendo en cada hogar el pecho a las balas» (hasta emigrando a una parte del núcleo familiar como estrategia de sobrevivencia para lavar platos o hacer lo que sea en el Primer Mundo, al precio que sea, trabajando en negro total y que eso es el tema de conversación en una de cada dos casas de Uruguay) y entonces hay cosas que insultan.

Porque existen miles y miles de personas, empleados públicos entre ellas, que a veces hasta entre risas, porque los uruguayos adultos son así, comentan y discuten el mejor modo de agregar el limón y el queso rallado a los eternos fideos de cada día para que los niños disfruten el huevo duro. O pensar cada mañana cómo se hace cada día para juntar los cincuenta pesos de la leche y el pan y festejarlo cada tarde… Eso es lo que hoy está pasando y pensando la enorme mayoría de nuestra población. El que crea otra cosa está totalmente equivocado. Lo han informado muy mal. Vive en otro planeta. *

(*) Senador, escritor

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