Escrito por: HORACIO BUSCAGLIA
Hace 32 años comenzaba la larga noche que, con algunos ramalazos de luz, continuó por doce años más.
Me recuerdo tomando mate, con unos toques de ginebra Bols argentina, escuchando la radio para saber hasta dónde era cierto lo que se rumoreaba.
Recuerdo a Bordaberry y su cara de canalla consciente. Recuerdo la abominable marcha militar que ese dÃa causó gracia y que más tarde causarÃa miedo, indignación, tristeza y separación de amigos y familiares.
Recuerdo las pelotudeces de Bolentini, incluyendo la declaración de la “inexistencia” de la CNT. Recuerdo aquellos programas de Canal 5 en los que falsos sindicalistas (¿alguien se acordará de los nombres?) junto a tenebrosas figuras aparecidas no se sabe de dónde (entre ellos el autor de “Disculpe”), denunciaban gente con nombre, apellido y hasta lugar de trabajo. Recuerdo cuando allà escuché cómo destrozaron la digna carrera de locutor y conductor de televisión del gran Américo Torres.
Recuerdo cómo una frenada nocturna podÃa hacernos incorporar en la cama en el medio de algún sueño.
Me recuerdo escribiendo disciplinadamente un artÃculo sobre los Beatles, en la sala de redacción de El Popular el 9 de julio a la noche, mientras los milicos volteaban la puerta de hierro de 18 y RÃo Branco con una tanqueta. Y los recuerdo a ellos entrando con sus máscaras antigases que les daba un aspecto de insectos y con la bayoneta calada, que les daba aspecto de asesinos.
Me recuerdo cantando canciones y haciendo cantar a miles de personas.
Me recuerdo yendo con nuestro “Club de Teatro” ha realizar pequeñas escenas teatrales a las fábricas ocupadas durante la Huelga General. Siendo la experiencia “artÃstica” más importante de mi vida, la que marcó mi concepto del arte y la creación más que las decenas de respetables teóricos que he leÃdo.
Estoy lleno de recuerdos de aquellos aciagos dÃas. Recuerdos Ãntimos y colectivos, tristes y alegres.
Y no quiero olvidarme de ninguno ellos. Ni de uno solo. *
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